Bueno, pues tras leer los testamentos del 11-M conspiracionista de XLuis, sólo cabe una posible conclusión: se confirma, desde dentro, lo que desde hace años se viene diciendo sobre los Peones Negros y todo el movimiento conspiracionista en general:
1. Algunos vieron negocio y lo aprovecharon. Vaya si lo aprovecharon. Y se cuidaron muy mucho, bien al contrario de lo que pregonaban, de ayudar al esclarecimiento de nada, puesto que esclarecer algo era perder el negocio. Pedro J. y sus periodistas de confianza, Federico Jiménez Losantos y Luis del Pino fueron, como ya es de sobra conocido, los principales protagonistas y beneficiarios de este aspecto de la conspiranoia; obviamente, muchos otros intentaron seguirles (City FM, La Razón y tantos otros medios que comprobaron cómo El Mundo y la COPE incrementaban sus audiencias a base de hacer ruido con el 11-M), incluso abogados y peritos de las víctimas, si bien el negocio estaba completamente copado por los tres primeros y muchos fueron los que tuvieron que abandonar (La Razón), desaparecer (City FM) o compartir beneficios con la oligarquía (el abogado De Pablos o el perito Iglesias).
2. Otros, cegados por la ridícula promesa de formar parte de una élite de héroes que pasarían a los anales de la Historia por su contribución al esclarecimiento del 11-M al margen y contra la Justicia y todas las instituciones democráticas, contribuyeron (con mayor o menor conciencia de estar haciéndolo) al enriquecimiento de los mercaderes del dolor; los Peones Negros son su aun viva expresión. Acuciados por los dispares intereses de unos y otros mercaderes (unos intentando acaparar todos los méritos, otros buscando favores económicos y otros buscándose un hueco que les permitiese asegurarse un futuro económicamente holgado), esta parte débil de la cadena acabó entrando en una guerra de guerrillas sin cuartel en la que ni tan siquiera funcionó la difundida idea de un único enemigo al que combatir (el poder): el resultado fue la creciente supremacía del odio mutuo, de las traiciones (reales o irreales), de una batalla sin tregua y sin reglas hacia los árboles que más sombra podían dar según los prejuicios o las rencillas personales de cada uno... Un auténtico disparate.
Luis del Pino, un don nadie antes del 11-M y un don nadie desacreditado ahora, formó parte de ambos grupos. Su futuro, como el de los Peones, es más negro de lo que les hubiese gustado; el resto de candidatos a gurús (o mejor a líderes de poca monta), como XLuis, están viendo cómo los frutos prometidos deben florecer de un árbol seco (secado hasta la extenuación por los mercaderes sin escrúpulos) y casi caído. No aceptan (no quieren aceptar) que ellos formaron parte y contribuyeron al mercadeo con una víctimas utilizadas y manipuladas vilmente según los intereses del mercado; XLuis está demostrando, con sus últimos textos, que se siente mal consigo mismo. Debe responsabilizar a otros de algo de lo que él mismo está avergonzado; debe pregonar a los cuatro vientos que a él le engañaron (le ocultaron información, dice). Es el primer paso para darse cuenta de que ha participado en una gran mentira.
¿Cuántos más estarán pasando por lo mismo ahora?
1. Algunos vieron negocio y lo aprovecharon. Vaya si lo aprovecharon. Y se cuidaron muy mucho, bien al contrario de lo que pregonaban, de ayudar al esclarecimiento de nada, puesto que esclarecer algo era perder el negocio. Pedro J. y sus periodistas de confianza, Federico Jiménez Losantos y Luis del Pino fueron, como ya es de sobra conocido, los principales protagonistas y beneficiarios de este aspecto de la conspiranoia; obviamente, muchos otros intentaron seguirles (City FM, La Razón y tantos otros medios que comprobaron cómo El Mundo y la COPE incrementaban sus audiencias a base de hacer ruido con el 11-M), incluso abogados y peritos de las víctimas, si bien el negocio estaba completamente copado por los tres primeros y muchos fueron los que tuvieron que abandonar (La Razón), desaparecer (City FM) o compartir beneficios con la oligarquía (el abogado De Pablos o el perito Iglesias).
2. Otros, cegados por la ridícula promesa de formar parte de una élite de héroes que pasarían a los anales de la Historia por su contribución al esclarecimiento del 11-M al margen y contra la Justicia y todas las instituciones democráticas, contribuyeron (con mayor o menor conciencia de estar haciéndolo) al enriquecimiento de los mercaderes del dolor; los Peones Negros son su aun viva expresión. Acuciados por los dispares intereses de unos y otros mercaderes (unos intentando acaparar todos los méritos, otros buscando favores económicos y otros buscándose un hueco que les permitiese asegurarse un futuro económicamente holgado), esta parte débil de la cadena acabó entrando en una guerra de guerrillas sin cuartel en la que ni tan siquiera funcionó la difundida idea de un único enemigo al que combatir (el poder): el resultado fue la creciente supremacía del odio mutuo, de las traiciones (reales o irreales), de una batalla sin tregua y sin reglas hacia los árboles que más sombra podían dar según los prejuicios o las rencillas personales de cada uno... Un auténtico disparate.
Luis del Pino, un don nadie antes del 11-M y un don nadie desacreditado ahora, formó parte de ambos grupos. Su futuro, como el de los Peones, es más negro de lo que les hubiese gustado; el resto de candidatos a gurús (o mejor a líderes de poca monta), como XLuis, están viendo cómo los frutos prometidos deben florecer de un árbol seco (secado hasta la extenuación por los mercaderes sin escrúpulos) y casi caído. No aceptan (no quieren aceptar) que ellos formaron parte y contribuyeron al mercadeo con una víctimas utilizadas y manipuladas vilmente según los intereses del mercado; XLuis está demostrando, con sus últimos textos, que se siente mal consigo mismo. Debe responsabilizar a otros de algo de lo que él mismo está avergonzado; debe pregonar a los cuatro vientos que a él le engañaron (le ocultaron información, dice). Es el primer paso para darse cuenta de que ha participado en una gran mentira.
¿Cuántos más estarán pasando por lo mismo ahora?
