10-12-2009, 13:05:58
Me parece un artículo interesante:
"Del 11-m al secuestro en Mauritania"
VALENTÍ PUIGJueves , 10-12-09
UN diagnóstico admisible del 11-M es que la sociedad española no acabó de asimilar la hondura de la herida ni la amplitud permanente de las consecuencias. Un analista tan perspicaz como George Friedman indica que aquella Al Qaida que atacó Nueva York, Madrid y Londres ha cambiado de modo drástico al configurarse como una fragmentación que a la vez es necesidad estratégica y arma de guerra. Es decir: es posible atacar el centro de gravedad de cualquier fuerza jihadista, pero si ese centro de gravedad no existe, el ataque no es practicable. A modo de una suerte de plasma, Al Qaida se dispersa y reconcentra, se descentraliza y se rearticula. Deja Afganistán o Irak, se reagrupa en el Magreb o en el Cuerno de África, pero mucho más segmentada. Suma los peores atavismos a las tecnologías más últimas. Eso puede estar detrás del secuestro de los cooperantes españoles en Mauritania.
Al mismo tiempo ocurre -dice George Friedman- que durante todo este período no se ha producido un alzamiento masivo en el mundo islámico, ni ningún país ha caído por completo en manos de la «jihad». Dicho de otro modo: la «jihad» ha ido generando anticuerpos en no pocos países musulmanes. Bin Laden ni tan siquiera ha atisbado su objetivo de constituir un imperio islamista multinacional. En este aspecto, va perdiendo. Se parapeta entre las ruinas de Estados fallidos. Localiza sus acciones terroristas.
Podría añadirse que a veces es en la vieja Europa donde se busca con más obsequiosidad una justificación para Al Qaida. Es lo que efectuamos generalmente como «contextualización». En definitiva, una variante del relativismo. Al contextualizar el odio de la «jihad» contra Occidente -sea por el conflicto palestino-israelí o por una islamofobia inexistente- se le da legitimidad. No es otra la línea argumental de la Alianza de las Civilizaciones. En fin, al ser Occidente -según esta tesis- el protagonista del choque de civilizaciones, la «jihad» es un movimiento reactivo y su neutralización corresponde a las buenas intenciones de una alianza internacional, de acuerdo con las nociones del multiculturalismo. El estado emocional provocado por el atentado del 11-M desembocó en algunas presunciones de esta naturaleza. En pocas horas, España fue a las urnas y Zapatero obtuvo su primera victoria electoral. Atención a la política de las emociones.
Ojalá todo proceso dramático que pudiese desencadenar el secuestro de Mauritania sea tan sólo una hipótesis. Tanto los elementos actuales como los precedentes en el tiempo son, sin embargo, para la inquietud. Con o sin nuevos regímenes «jihadistas», el secuestro o el terrorismo-suicida son opciones que tienen a mano las distintas fracciones de Al Qaida. Ya cuentan con la impresionabilidad de las opiniones públicas europeas. El grado de adiestramiento y ofuscación fanática de sus ejecutores es alto. Atacar es lo que les urge, donde y como sea.
El advenimiento de Obama poco les ha importado. Constatan además que la nueva administración norteamericana no varía mucho las proyecciones estratégicas de la administración anterior. Washington entiende que ahora urge más el reforzamiento de los regímenes amigos que la instauración de democracias: eso no siempre significa lo mismo, al contrario de lo que suponían los neoconservadores. En España, lo que tenemos son tres cooperantes secuestrados por Al Qaida. Le corresponde al PSOE sacar fuerzas de la flaqueza y recuperar temple de Estado. Lo que llegue a estar en juego no es simple política.
www.valentipuig.com
http://www.abc.es/20091210/opinion-firma...91210.html
"Del 11-m al secuestro en Mauritania"
VALENTÍ PUIGJueves , 10-12-09
UN diagnóstico admisible del 11-M es que la sociedad española no acabó de asimilar la hondura de la herida ni la amplitud permanente de las consecuencias. Un analista tan perspicaz como George Friedman indica que aquella Al Qaida que atacó Nueva York, Madrid y Londres ha cambiado de modo drástico al configurarse como una fragmentación que a la vez es necesidad estratégica y arma de guerra. Es decir: es posible atacar el centro de gravedad de cualquier fuerza jihadista, pero si ese centro de gravedad no existe, el ataque no es practicable. A modo de una suerte de plasma, Al Qaida se dispersa y reconcentra, se descentraliza y se rearticula. Deja Afganistán o Irak, se reagrupa en el Magreb o en el Cuerno de África, pero mucho más segmentada. Suma los peores atavismos a las tecnologías más últimas. Eso puede estar detrás del secuestro de los cooperantes españoles en Mauritania.
Al mismo tiempo ocurre -dice George Friedman- que durante todo este período no se ha producido un alzamiento masivo en el mundo islámico, ni ningún país ha caído por completo en manos de la «jihad». Dicho de otro modo: la «jihad» ha ido generando anticuerpos en no pocos países musulmanes. Bin Laden ni tan siquiera ha atisbado su objetivo de constituir un imperio islamista multinacional. En este aspecto, va perdiendo. Se parapeta entre las ruinas de Estados fallidos. Localiza sus acciones terroristas.
Podría añadirse que a veces es en la vieja Europa donde se busca con más obsequiosidad una justificación para Al Qaida. Es lo que efectuamos generalmente como «contextualización». En definitiva, una variante del relativismo. Al contextualizar el odio de la «jihad» contra Occidente -sea por el conflicto palestino-israelí o por una islamofobia inexistente- se le da legitimidad. No es otra la línea argumental de la Alianza de las Civilizaciones. En fin, al ser Occidente -según esta tesis- el protagonista del choque de civilizaciones, la «jihad» es un movimiento reactivo y su neutralización corresponde a las buenas intenciones de una alianza internacional, de acuerdo con las nociones del multiculturalismo. El estado emocional provocado por el atentado del 11-M desembocó en algunas presunciones de esta naturaleza. En pocas horas, España fue a las urnas y Zapatero obtuvo su primera victoria electoral. Atención a la política de las emociones.
Ojalá todo proceso dramático que pudiese desencadenar el secuestro de Mauritania sea tan sólo una hipótesis. Tanto los elementos actuales como los precedentes en el tiempo son, sin embargo, para la inquietud. Con o sin nuevos regímenes «jihadistas», el secuestro o el terrorismo-suicida son opciones que tienen a mano las distintas fracciones de Al Qaida. Ya cuentan con la impresionabilidad de las opiniones públicas europeas. El grado de adiestramiento y ofuscación fanática de sus ejecutores es alto. Atacar es lo que les urge, donde y como sea.
El advenimiento de Obama poco les ha importado. Constatan además que la nueva administración norteamericana no varía mucho las proyecciones estratégicas de la administración anterior. Washington entiende que ahora urge más el reforzamiento de los regímenes amigos que la instauración de democracias: eso no siempre significa lo mismo, al contrario de lo que suponían los neoconservadores. En España, lo que tenemos son tres cooperantes secuestrados por Al Qaida. Le corresponde al PSOE sacar fuerzas de la flaqueza y recuperar temple de Estado. Lo que llegue a estar en juego no es simple política.
www.valentipuig.com
http://www.abc.es/20091210/opinion-firma...91210.html
