13-12-2009, 09:11:27
Bueno, tras mucho retraso, como lo prometido es deuda, voy a subir aquí otro capítulo de "Pedro J. Ramírez al desnudo" de José Díaz Herrera.
Recuerdo que, dado que este foro trata sobre el 11-M, sólo los capítulos sobre estos atentados serán comentados aquí
Dada la longitud del capítulo, lo he dividido en tres partes, a los que he dado título de mi cosecha.
Como en el capítulo anterior, hay faltas de ortografía (pocas, de las que he corregido las que me parecían evidentes erratas tipográficas) y gramática (bastantes más), y no se puede descartar que yo, al corregir, haya añadido algunas de mi cosecha.
También podemos estar de acuerdo, o no, con muchas de las cosas que se dice.
Debe comprenderse que en varias ocasiones el autor no parece reflejar su propia opinión (que, por cierto, no es precisamente favorable al PP ni al PSOE, como veremos, y menos aún a Rodríguez Zapatero) sino la de alguno de los actores de la tragedia, como Telesforo Rubio, o Santano, por ejemplo.
Recuerdo que, dado que este foro trata sobre el 11-M, sólo los capítulos sobre estos atentados serán comentados aquí
Dada la longitud del capítulo, lo he dividido en tres partes, a los que he dado título de mi cosecha.
Como en el capítulo anterior, hay faltas de ortografía (pocas, de las que he corregido las que me parecían evidentes erratas tipográficas) y gramática (bastantes más), y no se puede descartar que yo, al corregir, haya añadido algunas de mi cosecha.
También podemos estar de acuerdo, o no, con muchas de las cosas que se dice.
Debe comprenderse que en varias ocasiones el autor no parece reflejar su propia opinión (que, por cierto, no es precisamente favorable al PP ni al PSOE, como veremos, y menos aún a Rodríguez Zapatero) sino la de alguno de los actores de la tragedia, como Telesforo Rubio, o Santano, por ejemplo.
Quote:[h]XXXII - 11-M: La conspiración de Pedro J [/h]
A- El destino de España, en manos de los Illuminati
Donde se cuenta la historia de cómo El Mundo, su director Ramírez y los Illuminati se inventaron la doctrina de la conspiración para borrar cualquier responsabilidad del PP en el 11-M, e implicaron a decenas de policías nombrados por el Gobierno socialista tres meses después de ocurrida la masacre para tener culpables.
En 1994, tres parejas pasan la Nochevieja en el valle de Arán: el presidente del PP, José María Aznar, y su mujer Ana Botella, el portavoz en el Congreso del Grupo Parlamentario Popular Rodrigo Rato y su esposa Gela Alarcó, y el director de El Mundo Pedro José Ramírez y su compañera sentimental Ágatha Ruiz de la Prada.
Cuando las campanadas dan las doce, los seis toman las uvas al calor del fuego de la chimenea y brindan.
-Por que el próximo año lo celebremos en La Moncloa.
-En La Moncloa, no. Aquí pero con José de presidente -bromea Rodrigo Rato.
Los tres matrimonios, junto al futuro presidente de Telefónica, Juan Villalonga y su mujer, han acudido a recibir el año a Baqueira Beret, para estar juntos y valorar los acontecimientos que marcarían el final del felipismo.
El 19 de diciembre El Mundo ha publicado en portada: «Jornada histórica en la Audiencia Nacional: Amedo y Domínguez deciden colaborar con la Justicia e implican al Gobierno en el montaje de los GAL».
La deposición de dos de los miembros de los Grupos Armados de Liberación había actuado como un efecto dominó. Días más tarde, la cúpula de Interior de los ochenta acababa con sus huesos en la cárcel.
Los allí presentes sabían que la caza no había hecho más que empezar. Tras el pacto a tres bandas entre El Mundo, el juez Garzón y el PP, la suerte de González estaba echada.
En su libro Amarga victoria, Ramírez lo relata con pelos y señales.
Quote:
¿Qué significa todo esto? ¿Cuál va a ser el resultado? -se pregunta Ramírez en su libro. Y dice-: Los reunidos lo tienen claro.
Esta es la gota que desborda el vaso. Una democracia puede aguantar muchas cosas, pero no esto. Incluso la gente que pudiera estar a favor de la guerra sucia, no quiere enterarse que el Gobierno ha montado secuestros con su dinero. Puede parecer hipócrita, pero es así… “Son las reglas del juego. Si te pillan, te tienes que marchar».
Rodriga Rato es más escéptico.
-Está claro que este tío tendría que dimitir. Cualquiera en su lugar se iría. Pero dudo mucho que él lo haga.
José ha permanecido callado, pero sale al fin de su mutismo.
-Lo peor va a ser cuando empiece a salir lo del dinero...
Aznar se refiere a los pagos que el Ministerio del Interior hizo en Suiza a los dos ex-policías para que mantuvieran la boca cerrada.
«Es consciente -dice Pedro J.- de que González está contra las cuerdas y él más cerca de La Moncloa, pero el asunto no le gusta. Preferiría que en mi país no hubiera sucedido nada de esto... No habla de pacto [para salvar a Felipe González de la cárcel], pero el concepto flota en el ambiente.»
Un texto que no deja de ser una confesión de parte de cómo Aznar, Álvarez Cascos, Rato y Ramírez conspiraron para aprovechar el terrorismo de Estado para llegar al poder.
El hombre que urdió maquinación semejante, pensó el 11 de marzo de 2004, tras la matanza de los islamistas radicales, que el PSOE pagaba al PP con su misma moneda. A partir de ese día, acabar con la fantasmal trama cuyos autores «no se hallan en desiertos lejanos ni en montañas remotas» formaría parte durante cinco años de la ración diaria de «información» de El Mundo.
* * *
Antes de abandonar el CESID para dar paso al diplomático Jorge Dezcallar, el general Javier Calderón le dijo a su segundo, el general de Artillería Aurelio Madrigal:
-Esto que ha hecho el PP de utilizar el terrorismo de Estado [los GAL] como arma política es una canallada. Tendrá consecuencias.
Fue un comentario inocuo, pero Calderón sabía que «con los asuntos de Estado no se juega». Así y todo, aquel 11 de marzo de 2004 nadie conocía lo que se avecinaba. En la recta final de la campaña para las elecciones generales, Mariano Rajoy se daba como ganador y parecía que iba a hacerlo un poco mejor que Aznar. Rodríguez Zapatero afirmaba que, ganara o perdiera, él era el futuro.
Faltaban poco más de 72 horas para que se abrieran las urnas. El futuro de España, por primera vez tras la muerte de Franco, se iba a dilucidar como en las guerras revolucionarias: a sangre y a fuego.
De hecho, el destino de una nación se decidió, en realidad, en tres minutos, entre las 7:37 y las 7:40 de la mañana. Una docena de bombas estallaban en cuatro trenes del corredor del Henares, en la estación de Atocha, Santa Eugenia, Pozo del Tío Raimundo y cercanías de la calle Téllez.
Con 192 muertos y 1.857 heridos, con la nación crispada y atemorizada por la masacre, la pregunta que se hicieron los españoles no fue «Rajoy, sí; Rodríguez Zapatero, no». Se centró en quién era el responsable de que la célula de Al-Qaeda hubiera puesto las bombas sembrando el dolor en miles de familias.
De la respuesta dependía el resultado de las urnas días más tarde. Si los autores de la carnicería habían sido miembros de ETA, Mariano Rajoy aparecía como el ganador absoluto. Pero de demostrarse que los terroristas eran islamistas, Rodríguez Zapatero sería elevado a los altares de la política.
«Porque los españoles, en su gran mayoría, no entienden de cuestiones internacionales, y si se demostraba que los atentados eran la venganza del terrorismo islámico por la participación de Aznar en la guerra de Iraq, todo estaba perdido para el PP», me cuenta el general Aurelio Madrigal, agregado del CESID en París, jefe durante muchos años de la «célula antiterrorista» de La Moncloa y secretario general de la «empresa».
De ahí que, en las horas que siguieron, uno y otro grupo político decidieran arrimar el ascua a su sardina. Comencemos, sin embargo, por el principio.
* * *
Juan Jesús Sánchez Manzano, comisario de Policía, salmantino, 50 años, casado y con tres hijos, circulaba aquel día sobre las ocho de la mañana por la autopista de Zaragoza a Madrid, a la altura del aeropuerto de Barajas, cuando le llamaron desde el 091 para darle la noticia.
Como jefe de los Tedax [Unidad de Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos] de la Policía Nacional habló con un jefe de la brigada y otro de sección, que viajaban desde Alcalá de Henares en otro coche a escasos centenares de metros, y se repartieron el trabajo. Dos de ellos acudieron al Pozo del Tío Raimundo y Sánchez Manzano a la estación de Atocha, donde se encontró con un especialista en desactivación que viajaba con su mujer en uno de los trenes que no explotaron y ya estaba ayudando a evacuar a los heridos.
La labor esencial de los Tedax, esa jornada, consistió en localizar nuevas bombas [se hallaron otras dos que no llegaron a explotar] y en tomar vestigios e indicios de los explosivos utilizados en los lugares donde se produjeron los atentados y analizarlos, como habían hecho en no menos de otras setenta ocasiones anteriores.
Sánchez Manzano supo así alrededor de las tres de la tarde que el explosivo utilizado por los autores de la masacre era Goma-2 Eco y no Titadyne, como había comunicado el subdirector general operativo Pedro Díaz Pintado al secretario de Estado para la Seguridad, Ignacio Astarloa, sobre las doce de la mañana.
No fueron las pruebas de laboratorio sino la inspección ocular de la furgoneta Renault Kangoo, hallada junto a la estación de Alcalá de Henares, donde los terroristas habían montado las bombas, lo que le llevó a esa conclusión.
Cuando se efectuó el registro del coche en presencia del comisario general de Información Jesús de la Morena, halló pequeños restos de Goma 2 Eco. Y bajo uno de sus asientos delanteros, varios detonadores con sus números de serie correspondientes. Los terroristas los habían llevado para sustituir a los colocados en las bombas, en el caso de que se rompieran las rabizas, y los dejaron abandonados.
Aunque no cayó en la cuenta hasta días más tarde, los detonadores serían el elemento esencial que contribuiría a la detención de los asesinos.
* * *
Esa misma noche, el jefe de los Tedax tuvo que hacer horas extra. Acompañado del comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, acudió al parque Azorín a verificar la desactivación de una mochila-bomba hallada en la comisaría de Vallecas.
La inutilización del artefacto, que no llegó a estallar al haberse soltado uno de los cables, permitió a la policía determinar que el móvil empleado era un Trium.
Su código de identidad [International Mobile Equipment Identity o IMEI], al igual que el de las tarjetas empleadas para ponerlos en funcionamiento, llevó a otro comisario, Enrique García Castaños, jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo de la Comisaría General de Información, a un locutorio situado en el barrio de Lavapiés y a varios puntos de venta utilizados especialmente por emigrantes árabes.
Se verificó así que, días antes de los atentados, se había vendido una partida de estos teléfonos, que se emplearían unos como temporizadores y otros para comunicarse entre ellos, a personas vinculadas con el terrorismo islámico en Madrid.
Inmediatamente, se averiguaron los protocolos de transmisión y se ordenó intervenir los terminales y las tarjetas. A los terroristas, sin embargo, parecía habérselos tragado la tierra. Los teléfonos permanecieron mudos durante la mañana del 12 de marzo y los miembros de la Unidad Central de Apoyo Operativo sabían que estaban en un callejón sin salida hasta que a los terroristas se les ocurriera utilizarlos.
* * *
A primera hora de la tarde del jueves 11, convocados por un responsable de la Comisaría General de Información, varios comisarios de policía del norte que se hallan ocasionalmente en Madrid haciendo el curso para ascender a comisarios principales, se reúnen para estudiar el atentado.
Tras hacer un análisis conjunto de la situación se llega al convencimiento de que ni por su capacidad operativa ni por el modus operando ni por el explosivo utilizado [ETA no empleaba Goma 2 Eco desde 1985 sino que se surtía del Titadyne robado en Plevin (Bretaña) y Grenoble, dos polvorines franceses asaltados en 1999 y 2001], los asesinos pertenecían a la banda terrorista vasca.
Para llevar a cabo una matanza en cuatro trenes a la vez, la cúpula de ETA hubiera desplazado a Madrid no menos de diez activistas [hecho sólo ocurrido en el atentado al almirante Carrero Blanco], de los que carecían en aquellos momentos. Además, el grupo armado vasco jamás había utilizado un coche robado en un atentado sin doblarle las placas y, habitualmente, cuando colocaban una bomba, solían avisar para que se desalojaran los lugares públicos y no causar víctimas inocentes.
La aparición de los detonadores, poco sofisticados, llenos de herrumbre y en mal estado de conservación, acaba de disipar las dudas. Los terroristas vascos jamás habrían expuesto a sus comandos a actuar con un material de tan baja calidad, con el riesgo añadido de que podían explotar al ser manipulados.
Los datos se ponen en conocimiento del Gobierno. José María Amar, asesorado por Ángel Acebes, Eduardo Zaplana, el «gurú» electoral del PSOE Pedro Arriola, considera que es conveniente no despejar la duda sobre la autoría hasta el domingo. El periodista Pedro J. Ramírez, con el que habla en varias ocasiones, es de la misma opinión.
Para mantener la información controlada y no tener que dar explicaciones a la oposición, el presidente del Gobierno cometió un gran error: se negó a reunir el Pacto Antiterrorista y convocó unilateralmente una multitudinaria manifestación de repulsa para el día siguiente.
Paralelamente, el CNI, que dirige el diplomático Jorge Dezcallar, cuyos oficiales desarrollan esos días una actividad frenética, mantiene la hipótesis de que los autores de la tragedia son los miembros de ETA. Cegado por un exceso de confianza en el servicio, el Gobierno comete su segundo error.
En horas de la tarde y en contra de los informes del jefe de los Tedax y de otras muchas evidencias que se van recogiendo, el Ministerio de Asuntos Exteriores remite una información cifrada a todas las embajadas de España en el extranjero. En el documento, Ana de Palacio, haciéndose eco de las informaciones que le suministra La Moncloa, atribuye la autoría de los atentados a los terroristas vascos.
La información llega hasta el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que prepara un comunicado condenando los atentados y a sus autores, los pistoleros de ETA, a los que califica de «cobardes asesinos».
Cuando el telegrama de Asuntos Exteriores llega rebotado a la sede del PSOE en Ferraz, enviado por un miembro del servicio exterior socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Blanco no se lo pueden creer. Los dirigentes socialistas saben, por sus contactos dentro de las Fuerzas de Seguridad del Estado, que la investigación se encamina a la detención de varias células islamistas y que ETA ha sido ya prácticamente descartada.
Sintiéndose manipulados, utilizados por el Gobierno, los dirigentes socialistas ordenan romper la jornada de reflexión, agitar a las masas en su beneficio y, al grito de «asesinos», tomar los alrededores de las sedes del PP en toda España. Era la misma estrategia de «guerra sucia» que los populares emplearon en su contra, con otros métodos, en 1994 y 1995, como cuenta su ideólogo en "Amarga Victoria."
El resultado de los comicios rompió los pronósticos. Frente al candidato del PP, que partía con la ventaja de presentarse desde el poder, como el delfín de Aznar, apoyado en una política de logros y una mejora sustancial de la calidad de vida, las urnas dieron la victoria al dirigente socialista.
Fue así como un leonés errante, un desconocido parlamentario, un tipo mediocre, sin capacidad de liderazgo, pero capaz de mentir cuanto fuera necesario, Rodríguez Zapatero, se convirtió en uno de los peores presidentes de la historia de España de todos los tiempos.
* * *
Entretanto, mientras el PSOE celebraba su victoria electoral, el 15 de marzo, tras llamar personalmente a un alto cargo de Unión Española de Explosivos, el comisario Sánchez Manzano encontró el hilo que le permitiría desentrañar la madeja de la trama terrorista causante del mayor atentado de la historia de Europa.
-Esos detonadores los entregamos a Mina Conchita, en Asturias -le dicen.
Eran las cinco de la tarde. Con la información quemándo1e en las manos, el jefe de los Tedax se puso en contacto con el comisario general de Información. Jesús de la Morena llamó inmediatamente al comisario Miguel Ángel Gamonal y le ordenó:
-Reúne a todos los policías especialistas en información exterior que puedas. Coged un par de coches y salid zumbando ahora mismo hacia Asturias.
Gamonal se hizo acompañar del inspector Antonio Jesús Parrilla, experto en el mundo árabe, y de otros. Llegaron allí de noche y, como no sabían donde estaba la mina, el jefe de los Tedax les fue guiando con la ayuda de un confidente hasta que la encontraron y pudieron interrogar al vigilante y a algunos de los trabajadores.
Al día siguiente, 16 de marzo, los funcionarios de policía al mando de Gamonal detenían a los principales cabecillas de la llamada «trama asturiana», incluido José Emilio Suárez Trashorras. Estos reconocieron al instante que habían vendido la Goma 2 Eco y los detonadores al marroquí Jamal Ahmidan y a sus colaboradores.
Paralelamente, la mujer de Suárez Trashorras y otros del clan asturiano, alarmados, llamaron a los móviles de los islamistas para averiguar qué estaba ocurriendo. Cuando hablaron con Jamal Ahmidan y Rafá Zohuier, la policía cerró el círculo.
Inmediatamente, se activaron los móviles de seguridad de éstos. Se descubrió así que formaban parte del grupo de Triums vendidos por el locutorio de Lavapiés, a1gunos de los cuales se habían utilizado para activar las bombas. La BSP [Binary Space Partitioning] a través de la cual estaban conectados era la más cercana a Morata de Tajuña, donde el grupo islamista poseía una casa de seguridad, que había sido visitada por la «trama asturiana».
Así, en apenas cuatro días, los agentes de Interior resolvieron el mayor enigma terrorista de la historia de España. El espectacular resultado, que se estudia desde entonces como modelo de actuación en todas las escuelas de policía del mundo, no satisfizo a todos por igual.
Pedro J., el hombre que con la dirección del PP alteró en una ocasión el destino de España, va mucho más allá y sólo admite una teoría: la de la conspiración. Para él la colocación de las bombas el 11 de marzo no fue casual. Una mente perversa, maquiavélica, había movido los hilos y usado el terrorismo para cambiar el futuro de la nación, y con el fin de borrar las huellas de los autores, policías socialistas se habían encargado de sembrar el terreno de pruebas falsas que implicaban a Al-Qaeda.
De 2004 en adelante, el periódico de la calle Pradillo, dedicaría miles de páginas no a esclarecer el mayor atentado terrorista de España, sino a desacreditar la investigación y a montar una caza de brujas al más puro estilo de la Gestapo.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
