13-12-2009, 09:16:55
Quote:B- Los Agujeros negros del 11-M
Podría afirmarse que el director de El Mundo lo tenía calculado para abrir la veda sin que el asunto afectara a sus relaciones con José Luis Rodríguez Zapatero.
Aunque tenía las pistolas cargadas y munición de sobra en las cartucheras, esperó a que tomara posesión de su cargo como presidente del Gobierno y a que los ministros de su Gabinete se instalaran en sus despachos y aprendieran a manejar los teléfonos de uso reservado.
El domingo 11 de abril de 2004, a los 38 días de ocurrida la tragedia, empezó a publicar los llamados Agujeros negros del 11-M. «El 10 de marzo, miércoles, -dice el periódico-, el Gobierno está tranquilo. Sabe que va a ganar las elecciones. El propio González lo declara en un círculo de íntimos: "No tendrán la mayoría absoluta, pero van a ganar".»
Entonces, el Gobierno es víctima de una trampa. «La policía -dice el periódico- les hace creer que el explosivo es Titadyne en unos momentos en que Otegui no contempla ni como mera hipótesis la intervención de ETA, el lehendakari Ibarretxe acusa a la banda armada y Aznar se lanza a apoyar esta tesis. Todos sospechan de los pistoleros vascos.»
El informe agrega cómo, paralelamente, se localiza la furgoneta Renault Kangoo de Alcalá de Henares en la que se trasladaron los terroristas. Afirma lo extraño que resulta que el perro policía no detectara explosivos. A continuación se lanza una falsedad: la furgoneta fue llevada primero a la Comisaría Provincial de Información, en la calle Tacona [lo que no es cierto], trasladándose después, a las 14:15 horas, a la Comisaría General de Policía Científica, en Canillas.
El periódico elucubra con otras supuestas pistas falsas introducidas por una mano invisible para orientar la investigación hacia la pista de los islamistas. «Comienza a asomar así lo que un investigador de la policía define como el cuento de Pulgarcito, alguien que encuentra el camino porque previamente ha dejado las piedrecitas blancas que le indican el mismo».
El reportero afirma que los autores no son de Al-Qaeda: «Esta organización nunca reivindica sus atentados hasta un mes y medio después, y jamás ha robado una furgoneta blanca para sus acciones armadas: la compran o la alquilan». Aplastante lógica, abrumadora seguridad.
Con la cúpula policial anterior en el poder, con policías de uno y otro signo vigilándose mutuamente, no explica cómo los conspiradores han actuado a sus anchas, cómo han podido sembrar decenas de lugares de piedrecitas. ¿Cuántos policías se precisan para montar una trama así? ¿Quién era el jefe? ¿Cómo se coordinan? ¿Cómo actúan a la luz del día? ¿Cómo burlaron a los mandos policiales anteriores, todos del PP?
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Publicado el primer «caldo de cerebros», el siguiente elemento que tienen que cuestionar los responsables de la «caza de brujas» era la bomba hallada en la comisaría del Puente de Vallecas en la noche del 11 al 12 de marzo de 2004, la única desactivada por la policía.
Según El Mundo, el responsable de esa unidad era el comisario Rodolfo Ruiz Martínez, un individuo al que consideran vinculado al PSOE, hecho incierto, así como su relación con el Sindicato Unificado de Policía (SUP), en el que militó apenas un año y del que luego se dio de baja.
Quote:La policía conocía desde el primer momento que la bolsa bomba encontrada 18 horas después de los atentados en una comisaría de Vallecas no podía explosionar. Como se contó posteriormente, una radiografía hecha en el primer momento, en la misma noche del día 12 de marzo, y ocultada durante más de tres meses al juez, así lo revelaba al estar suelto uno de los dos cables -escribe El Mundo. Añade-:
La tarjeta que se encontró en el móvil fue clave para llegar a Zougam y el locutorio de Lavapiés. Lo que nadie ha dicho es que para activar la alarma no es necesario que tengan tarjeta. ¿Por qué entonces dejaron la tarjeta, la pista que iba a identificarles?
El periódico oculta otros datos relevantes porque no convienen a su tesis preconcebida de imputar el atentado a ETA y a algún socialista enloquecido. Que, por ejemplo, el día de la tragedia tampoco explotaron otras dos bombas. Y que ocurrió así, según la reconstrucción de los hechos, porque los terroristas se habían limitado a unir los cables que unían el teléfono-temporizador con el fulminante retorciéndolos, sin colocar, por precaución, cinta aislante para que no se despegaran.
El Mundo escamotea, además, que el 13 de octubre de 2001, en un registro a un grupo islamista establecido en la calle de la Roda de Cooperativas 4 de Madrid, se detiene al ciudadano marroquí Majib Chaid Mohamed. Junto a material para fabricar bombas, se le encuentra un teléfono Trium, con dos orificios en la parte superior del mismo, similar a los utilizados por la red Al-Qaeda en el ataque de Bali (Indonesia).
Meses más tarde, en enero de 2004, al investigarse una nueva trama islamista, vinculada al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, aparece otro móvil similar manipulado para ser utilizado como detonador. El hallazgo se hace en la calle Bonaire, de Olot, domicilio del presunto terrorista argelino Mohamed Amine Benboura.
Los terroristas islámicos partidarios de llevar la Guerra Santa contra el infiel llevaban, por tanto, tres años tratando de fabricar bombas parecidas a las que explotaron el 11 de marzo de 2004.
Para Ramírez las cosas no son como son sino como conviene a sus intereses. Para su desgracia, hay testigos directos de cómo sucedieron los principales hechos.
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Estaba de jefe de día y por eso aquella jornada tuvo que asistir, en primera línea, al intento de capturar a los terroristas ocultos en un piso del número 40 de la calle Martín Gaite del madrileño pueblo de Leganés.
El comisario Germán-César Rodríguez Castiñeira, 53 años, con 33 de ejercicio profesional, jefe de la comisaría de distrito de Retiro y, en 2009 comisario provincial de Información, observó toda la operación y es uno de los muchos testigos directos de los acontecimientos.
Era el 3 de abril de 2004. Los agentes habían llegado al inmueble siguiendo las indicaciones del comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior, José Rafael Gómez Menor, considerado el mayor especialista de España en terrorismo islámico.
En el piso se encontraban, según se supo después, los terroristas islamistas Abdennabi Kounjaa, Rifaat Anouar Asrih, Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet, Jamal Ahmidan, Mohamed Oulad Akcha, Rachid Oulad Akcha y Allekema Lamari.
Muchos de ellos, si no todos, eran los autores de la masacre y no parecían dispuestos a entregarse vivos. A las seis y veinte de la tarde Sarhane Ben Abdelmajid Fakhet llamó a su madre a Túnez para despedirse de ella, pues había decidido suicidarse. Lo mismo hicieron los hermanos Mohamed y Rachid Oulad Akcha con su familia en Marruecos, y Abdennabi Kounjaa, que llamó a su hermano Abdelkader.
Según relata al autor el comisario, los GEO, 15 agentes en total, realizaron una labor impecable. Taladraron las paredes de la vivienda e instalaron microcámaras en el interior, para conocer los movimientos de los terroristas. No pudieron, sin embargo, percatarse del lugar en que habían establecido su base de operaciones, al encontrarse en una habitación interior.
A las ocho y media cortaron la luz, el gas y el agua, conminaron a los ocupantes del piso a entregarse. Éstos se exaltaron aún más.
-Entrad vosotros, mamones. Entrad si tenéis cojones... -les respondieron.
Al no poder desalojarlos y conscientes de que el asalto a la vivienda era una locura al estar dispuestos los islamistas a suicidarse, volaron la puerta del piso y lanzaron gases lacrimógenos para obligarles a rendirse.
Fue como si se desatara el infierno. Segundos después, se produce una explosión al detonar unos 20 kilogramos de dinamita, que reventó el piso y a resultas de la cual falleció el subinspector de los GEO Francisco Javier Torronteras. Un cascote de la pared le rebanó la femoral como si fuera un bisturí. Otro dato que se oculta: treinta miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado resultan heridos a consecuencia de la onda expansiva y la voladura del piso.
Cuando más tarde, disipado el humo y el polvo, ayudados de linternas, entran dos bomberos a apuntalar el inmueble y dos Tedax a buscar nuevos explosivos, todo está reducido a escombros y no hay el menor atisbo de vida humana en su interior.
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Hay una anécdota que figura en los anales del periodismo que viene al 11-M como anillo al dedo. En 1897, William Randolph Hearst, el homónimo americano de Pedro J. Ramírez, envió al Caribe al escritor Richard Harding Davis y al artista Frederic Remington para cubrir la guerra de Cuba de primera mano.
Como la contienda no había comenzado aún y no había visos de que pasara nada en los siguientes meses, Remington cableó a Hearst al Joumal de Nueva York pidiendo autorización para regresar a los Estados Unidos. El editor les replicó enfurecido. "Por favor, permanezcan ahí. Usted haga los dibujos de las matanzas que la guerra la pongo yo.»
Como la imaginación no tiene límites, los fecundos imitadores de Richard Harding Davis y Frederic Remington en El Mundo se lanzaron a plantear teorías cada vez más peregrinas y absurdas. De repente, los siete terroristas que se inmolan en la calle Martín Gaite de Leganés, no se han quitado la vida a sí mismos: los ha suicidado la policía en otro lugar y ha congelado sus cadáveres. Luego han trasladado los cuerpos al piso y los han volado, simulando un suicidio colectivo.
Con su habitual sabiduría policial, tras implorar a la Virgen del Tremedal, el 20 de marzo de 2007 lo confirmaba en estos términos Jiménez Losantos en la COPE:
Quote:Todo el sumario del juez Del Olmo está basado en una trola, que a su vez alberga una mentira, que a su vez se erige sobre un embuste, que a su vez concreta y completa una manipulación gigantesca de lo que pasó. Es todo mentira menos los muertos. Todo, mentira. El arma del crimen es cualquier cosa menos Goma 2 Eco.
Con el agente Francisco Javier Torronteras ocurre lo mismo. Según los defensores de la doctrina de la confabulación, el subinspector de los GEO ha muerto no se sabe dónde. Para dar verosimilitud al suicidio, la cúpula policial del PP ha llevado hasta allí su cuerpo y lo han volado. Haciendo gala de su habitual vehemencia, Losantos agrega:
«Y digo yo: ¿cuándo procesamos, señor Gómez Bermúdez, a los que han mentido? Señor juez, ¿cuándo llegará ese día? ¿Cuándo podremos procesar a los [policías] que han mentido? Porque, además, será la manera de que canten. Cuanto antes. ¿Cuándo llegará ese día?».
«Que los procesen. Que cojan el ABC, observen quiénes dirigían las operaciones policiales en primera línea, el director general de la Policía Agustín Díaz de Mera, el subdirector operativo Pedro Díaz Pintado y el comisario General de Información Jesús de la Morena. Que actúen contra ellos», me dice el comisario Telesforo Rubio.
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Nacido el 4 de octubre de 1955 en Madrid e inspector de policía de segunda a los 20 años, Telesforo Rubio Muñoz había pasado por las comisarías de Soria, Alcorcón, distrito Centro de Madrid y se hallaba al frente de la comisaría de Chamberí el día de los atentados del 11-M.
Amigo de Zapatero, el 2 de junio de 2004 es nombrado comisario general de Información. Al llegar al edificio de Canillas, donde está su nuevo destino, lo primero que se encuentra es que su antecesor ha dejado el cargo para llevar la seguridad de Iberia. Partiendo desde cero, tiene que reconstruir los atentados del 11-M, para atender las peticiones de información que le hace el juez Juan del Olmo y reorganizar los servicios de lucha contra el terrorismo islamista.
Una de las primeras cosas que averigua es que todos los pasos que han venido dando los integristas musulmanes en los últimos años han sido contados, minuto a minuto, a la policía por el marroquí Abdelkader el Farssaoui, más conocido por el apodo de Imán Cartagena .
Nacido en Rabat, licenciado por la Universidad de Marruecos, periodista y estudioso del islamismo, Cartagena trabajaba en España como imán de la mezquita de Villaverde cuando fue captado por la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) del comisario Mariano Rayón.
Inmediatamente se reveló como la mejor fuente de los policías españoles sobre el terrorismo yihadista, hasta el punto de que la UCIE asignó a tres agentes, Guillermo Moreno, Antonio Jesús Parrilla y José Luis Serrano para explotar la información del confidente.
Además de las indagaciones propias, Cartagena maneja los datos que le suministra la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el contraespionaje marroquí, por lo que se convierte en la pieza más valiosa en el corazón de los defensores de la Guerra Santa.
«Todo lo que cuenta acaba cumpliéndose, casi siempre a rajatabla, y basta seguir sus notas informativas para darse cuenta de que desde hacía dos años venía advirtiendo de un golpe brutal del terrorismo islamista», recuerda Telesforo, a quien no le cabe en la cabeza cómo los servicios policiales del PP no evitaron el atentado.
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A medida que se adentra en los pasadizos y vericuetos de la investigación, Rubio descubre otros hechos que le dejan helado. Por ejemplo, que la mayoría de los fanáticos que han tomado parte en la mayor matanza de la historia del terrorismo en España forman parte de un listado de 22 individuos fichados por la policía: muchos de ellos son confidentes y colaboradores de uno o varios servicios.
Mientras asesinan a casi dos centenares de personas en Atocha, Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y calle Téllez, hay una persona que se sabía al dedillo todos sus historiales, el comisario Gómez Menor.
Jefe de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) integrada dentro de la brigada de Información Exterior que mandaba Mariano Rayón, este agente lleva no menos de diez años trabajando el terrorismo árabe bajo las órdenes directas, casi siempre, del juez Baltasar Garzón y en muchos casos sin dar información a sus jefes.
Sus conocimientos son tales que, tras ser ascendido a comisario y trasladado a Burgos, inmediatamente se nota su ausencia. Y, sobre la marcha, se le reincorpora a la Unidad Central de Información Exterior en Madrid, como agregado policial experto en terrorismo islámico.
Tras el fracaso del 11-M, acabadas las operaciones que se traía entre manos [operaciones Dátil y Nova], tanto Mariano Ramos Rayón como Rafael Gómez Menor dejan la información sobre terrorismo árabe y se marchan a la embajada de España en Roma y a la empresa privada.
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Entre los potenciales inductores de la masacre había, según el comisario, no menos de cinco o seis islamistas, empezando por el número 4 de Al-Qaeda, Mustafá Setmarian. Tras una estancia de varios años en Granada, donde trabajó como vendedor de antigüedades, más tarde aparecería en Afganistán como instructor de terroristas, hasta que fue secuestrado por la CIA en Pakistán.
Había otros yihadistas relevantes, como Amer el Azizi o Mohamed Chej Saleh, tres de los hombres fuertes de Al-Qaeda en Afganistán, que habían vivido en España, que nunca se investigaron. Cuando fue llamado a comparecer como experto ante la comisión de investigación del Congreso, Rafael Gómez Menor dio un nombre.
El autor intelectual de la masacre era Imad Eddin Barakat Yarkas, alias Abú Daddah, un sirio procesado por la Audiencia Nacional como perteneciente a la «trama islamista de las Torres Gemelas». Al escuchar aquella declaración tan tajante, al juez Del Olmo se lo comen los diablos.
-Telesforo, ¿has escuchado lo que ha dicho Gómez Menor?
-Por supuesto. Que el autor de la matanza es Abu Daddah.
-¿Sabes que a mí me ha ocultado ese dato durante meses?
Obligado bajo amenaza de detención a contar la verdad en un escrito al instructor de la matanza de Atocha, el jefe de la Unidad Central de Información Exterior se desdijo de lo dicho ante la Cámara. Abu Daddah era la persona que reunía todas las cualidades para organizar el atentado. No se lo había dicho al juez al carecer de pruebas para detenerle.
Lo que Rubio Muñoz supo, nada más poner los pies en el complejo policial de Canillas, fue que el atentado constituyó un fracaso colectivo de la policía, bajo el mando del PP.
-¿Te importaría darme copia de tu fichero de terroristas árabes en España?
Gómez Menor le hizo llegar enseguida una copia. Comprobó así que los suicidas del piso de Leganés estaban en sus papeles, lo que indicaba que la policía conocía las andanzas de las tramas islamistas en España. También, sus conexiones internacionales, sus fuentes de financiación y su obsesión por adquirir explosivos.
Lo único que faltaba en aquel dossier, y de ahí derivó la fatalidad, era la fecha exacta en que un grupo de ellos había decidido cometer la infamia.
Entonces comenzaron a salir listados de terroristas en El Mundo, un día diez nombres, después quince. «Todos o casi todos tenían contactos con la policía. ¿Cómo pudieron poner las bombas si tenían sus teléfonos intervenidos, si estaban controlados hasta dos días antes de la matanza?», se preguntaba El Mundo, poniendo énfasis no en reflejar la incapacidad manifiesta de la policía sino en desacreditar el sumario.
Telesforo Rubio sacó el listado de Gómez Menor y verificó de dónde salía aquella información: los textos del periódico eran los mismos e incluso el orden en que aparecían publicados, similar.
La visión que daba de ellos no era la que Gómez Menor hacía en sus escritos. Según el rotativo dirigido por Ramírez, los islamistas muertos en Leganés y los detenidos eran unos pobres diablos, ignorantes y analfabetos, que no tenían nada de integristas y eran incapaces de organizar una matanza tan compleja como el 11-M.
Con el fin de exculpar al Gobierno del PP de la responsabilidad política de las muertes, El Mundo pone en marcha otra superchería. Acusa al juez Juan del Olmo y a la fiscal Olga Sánchez de mala instrucción y, ¡paradójicamente!, a los nuevos mandos policiales de ocultar y manipular información para que no se descubra a los asesinos.
«Acusarnos de falsear las pruebas es lo más absurdo del mundo», cuenta Miguel Ángel Santano. El comisario general de Policía Judicial añade: «¿Por qué razones yo y mis compañeros, que llegamos al mando a partir del 2 de junio de 2004, tendríamos que ocultar unos errores que, en el caso de haberse producido, los cometieron o consintieron unos mandos policiales distintos?».
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«Este sujeto [el jefe de los Tedax], este Manzano, debería estar procesado y probablemente estaría mejor en la cárcel, no sea que se escape o tenga tentaciones suicidas, que ya saben que en esto del 11-M, aquí te suicidas o te suicidan con una facilidad extraordinaria, fíjense Leganés.»
El texto corresponde a una de las muchas intervenciones de Jiménez Losantos en La Mañana de la COPE. Obsesionado, al igual que Pedro J., en buscarle los tres pies al gato, lo que ninguno de los illuminati cuenta, es que, tras el suicidio de Leganés, la persona encargada de redactar el atestado fue un inspector cercano al PP que el día de los hechos no estaba allí.
Y mucho peor todavía. Lo elabora sin preguntar a nadie, sin especificar quién ha dirigido la fuerza, qué medidas se han ido tomando, quién manda a llamar a los GEO o quién ordenó el asalto al piso. «Cuando leí el informe, apenas me lo podía creer. La policía nombrada por el PP inventándose el sumario», recuerda Telesforo Rubio.
La historia de aquel día y de los anteriores era un suceso sucedido sucesivamente en la sucesión de las horas y contado por alguien que no estaba allí y que ni siquiera se tomó la molestia de preguntar a los que sí estuvieron.
Cuando descubrió el montaje, al comisario general de Información no le extrañó que sus antecesores, que no sabían ni redactar un atestado, fueran incapaces de impedir el atentado. Al poco tiempo sin que nadie depurara responsabilidades, muchos se marcharon de la Policía y se fueron a la empresa privada sin perder el sueldo de agentes y se les condecoró con cruces rojas, que lo incrementan en un diez por ciento.
Quote:A partir del 3 de junio, como el juez Del Olmo no paraba de pedirme detalles de lo que había pasado, tuve que pedir a los comisarios e inspectores que estuvieron allí, bajo el mando de Agustín Díaz de Mera, que me enviaran notas informativas para completar el sumario y tener una idea cercana de lo que ocurrió en Leganés.
La instrucción policial de la causa fue, sin duda, una chapuza jamás imaginada. Otra de las obsesiones de los «paranoicos» consistió en implicar a ETA en el asunto, lo que demostraba que a Mariano Rajoy le «escamotearon» las elecciones.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
