12-01-2010, 00:20:14
(This post was last modified: 12-01-2010, 22:40:35 by morenohijazo.)
CANCIÓN TRISTE DE "EL GITANILLO", O THE BLUES OF LITTLE GYPSY (B)
Es de imaginar la sorpresa del juez del Olmo y de la Fiscal Olga Sánchez al escuchar de labios de “El Gitanillo” que no había dicho toda la verdad en su primera declaración, y más cuando, de sus palabras, podía sospecharse que quizás la Guardia Civil había encaminado al paciente hacia una dirección determinada.
Sin embargo, la frase de “El Gitanillo" también podía entenderse como una invitación de los agentes a contar la verdad (“Si estuviste en el monte, dilo”) así que la Fiscal, que entonces estaba interrogando, pidió aclaraciones. Volvamos atrás en el tiempo:
Nueva sorpresa: ahora no es la Guardia Civil quien le induce a decir que habia subido al monte con los árabes, sino el propio José Emilio Suárez Trashorras quien le habría obligado a decir que era él quien les había acompañado.
Aunque cuesta un poco imaginar que el jefe de la pequeña banda de traficantes de droga de Asturias, Suárez Trashorras, subiera a hacer todo el trabajo duro con los árabes, mientras dejaba a Gabriel -que, pese a tener dieiséis años, medía más de 1'80 m y pesaba unas cuantas arrobas más que su jefe- haciendo el gandul con una consola, esta nueva versión gana en cuanto a su verosimilitud con respecto a la anterior.
En efecto, resulta poco plausible que la Guardia Civil, en lugar de tratar de inculpar al jefe de la banda (Suárez Trashorras) del tráfico, tenencia de explosivos y colaboración en atentados, manipule las declaraciones para que las culpas recaigan sobre un mindundis subalterno, que además es menor de edad y siempre saldrá mejor librado.
Por el contrario, que un jefe trate de cargar el muerto a uno de sus subordinados no es extraño en el mundo de la delincuencia; y que un menor de edad cargue con las culpas de los mayores de dieciocho años tampoco.
Esta pequeña digresión sobre la verosimilitud de las dos versiones de "El Gitanillo" no pasa de ser una discusión académica, como comprobaremos en las siguientes entradas, pero no quería cerrar ésta sin llamar la atención de los que me lean sobre la improbabilidad de la teoría favorita de los Peones en este punto: esto es, que hizo decir a Gabriel que había subido él al monte con los árabes. ¿Para qué demonches (taco cursi y gazmoño) iba a hacerle decir eso?
Dejo aquí, las espadas en alto, la emocionante resolución de la duda de cuál de las versiones de Gabriel es la buena sobre Una noche en la árida montaña (que es otro nombre de la obra "Una Noche en el Monte Pelado", de Mussorgsky.
Sin embargo, en la próxima entrega, que publicaré mañana o pasado mañana, espero que el misterio quede resuelto para las mentes bien pensantes (que no bienpensantes)
(Continuará)
Es de imaginar la sorpresa del juez del Olmo y de la Fiscal Olga Sánchez al escuchar de labios de “El Gitanillo” que no había dicho toda la verdad en su primera declaración, y más cuando, de sus palabras, podía sospecharse que quizás la Guardia Civil había encaminado al paciente hacia una dirección determinada.
Sin embargo, la frase de “El Gitanillo" también podía entenderse como una invitación de los agentes a contar la verdad (“Si estuviste en el monte, dilo”) así que la Fiscal, que entonces estaba interrogando, pidió aclaraciones. Volvamos atrás en el tiempo:
Quote:Día 16 de Marzo de 2005.
Dependencias del Centro de Internamiento de Menores Los Rosales, de Madrid.
Declaración de Gabriel Montoya ante el Juez Del Olmo, estando presente la Fiscal Olga Sánchez.
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Preguntado por la Sra. Fiscal en la diferencia que hay de lo que declaró al principio ante la Guardia Civil y la Fiscalía de Menores de la Audiencia Nacional a lo que está contando ahora, MANIFIESTA:
Que José Emilio le dijo que si alguna vez le preguntaban sobre estos extremos que tenía que contar que el declarante era el que acompañó a los árabes a la mina y no Emilio.
Que es mentira que él estuviese en el coche cuando fueron a buscar los explosivos, que el que estaba en el coche era Emilio.
Que él dijo que había acompañado a estas personas en dos ocasiones, pero en las dos ocasiones quien los acompañó fue Emilio.
Que la primera vez, cuando llegaron a Avilés lo que hicieron fue ir a comprar unas mochilas, que no recuerda el color de las mochilas, eran mochilas de montaña, cree recordar que eran oscuras y que puede que tuviesen algo de verde pero no lo recuerda bien, eran colores oscuros.
Que esas personas se fueron y el declarante se quedó con Emilio en una cafetería, tomando algo que volvieron sobre las 10 y media de la noche y se fueron con Emilio, no sabe si fueron en uno o dos coches.
Que el declarante se queda en la casa de Emilio jugando a la consola y a las tres o cuatro horas volvieron. Antes de llegar lo llamaron por teléfono para que bajara a abrirles el garaje, cuando entraron en el garaje sacaron unos paquetes con tubos verdes, que eran paquetes de plástico transparente y se veía el interior verde.
Que sacaron los paquetes y los metieron en bolsas de basura de color azul, de las normales, que las bolsas las metieron en otro coche, en el Corolla que estaba en el garaje. Luego apareció un vecino (pero cree que fue la segunda vez, que ya era por la mañana). Después de meterlo en el coche se volvieron a ir.
Que José Emilio estaba al lado de los árabes cuando las metieron en el coche.
Que no recuerda si el coche en el que se fueron era un Golf o un Ford Escor que tenía Emilio.
Que le dijeron al declarante que se fuese otra vez para arriba y que ya lo llamarían cuando volviesen. El declarante subió al piso y siguió jugando con la consola.
Que esta vez tardaron menos, que lo metieron todo en el Golf.
Que trasladaron las cosas desde el Ford Escor al Golf negro, después de esto se fueron.
Que el Corolla se quedó dentro del garaje desde la primera vez que se fueron hasta la segunda vez. Cuando esas personas se vinieron para Madrid el declarante se fue con Emilio a desayunar donde se encontraron con un amigo llamado Rubén Iglesias, estuvieron hablando de hachís y luego se fue el declarante a su casa a dormir y Emilio se fue.
Nueva sorpresa: ahora no es la Guardia Civil quien le induce a decir que habia subido al monte con los árabes, sino el propio José Emilio Suárez Trashorras quien le habría obligado a decir que era él quien les había acompañado.
Aunque cuesta un poco imaginar que el jefe de la pequeña banda de traficantes de droga de Asturias, Suárez Trashorras, subiera a hacer todo el trabajo duro con los árabes, mientras dejaba a Gabriel -que, pese a tener dieiséis años, medía más de 1'80 m y pesaba unas cuantas arrobas más que su jefe- haciendo el gandul con una consola, esta nueva versión gana en cuanto a su verosimilitud con respecto a la anterior.
En efecto, resulta poco plausible que la Guardia Civil, en lugar de tratar de inculpar al jefe de la banda (Suárez Trashorras) del tráfico, tenencia de explosivos y colaboración en atentados, manipule las declaraciones para que las culpas recaigan sobre un mindundis subalterno, que además es menor de edad y siempre saldrá mejor librado.
Por el contrario, que un jefe trate de cargar el muerto a uno de sus subordinados no es extraño en el mundo de la delincuencia; y que un menor de edad cargue con las culpas de los mayores de dieciocho años tampoco.
Esta pequeña digresión sobre la verosimilitud de las dos versiones de "El Gitanillo" no pasa de ser una discusión académica, como comprobaremos en las siguientes entradas, pero no quería cerrar ésta sin llamar la atención de los que me lean sobre la improbabilidad de la teoría favorita de los Peones en este punto: esto es, que hizo decir a Gabriel que había subido él al monte con los árabes. ¿Para qué demonches (taco cursi y gazmoño) iba a hacerle decir eso?
Dejo aquí, las espadas en alto, la emocionante resolución de la duda de cuál de las versiones de Gabriel es la buena sobre Una noche en la árida montaña (que es otro nombre de la obra "Una Noche en el Monte Pelado", de Mussorgsky.
Sin embargo, en la próxima entrega, que publicaré mañana o pasado mañana, espero que el misterio quede resuelto para las mentes bien pensantes (que no bienpensantes)
(Continuará)
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
