Gabriel Moris es, ante todo, un perito conspiracionista y, como tal, debería recibir el mismo trato que se prodiga (prodigamos) a, por ejemplo, Antonio Iglesias o cualquiera que defiende majaderías. Y más cuando usa no sólo sus supuestos conocimientos en química, sino una condición meramente circunstancial, como lo es la muerte de su hijo, para usurpar en su favor algún tipo de autoridad moral y cargarla sobre la autoridad intelectual.
Tratar con mayor deferencia a uno frente al otro por sus circunstancias personales es irracional.
Y todo esto lo digo siendo consciente de que no sé lo que es perder a un hijo (ni siquiera puedo suponerlo).
Moris, si quiere, que nos hable del dolor. Pero que por saber lo que es el dolor (ese dolor) no pretenda que nos creamos sus idioteces sobre el 11-M. Y si lo que dice Moris son idioteces es de ese modo que yo las llamaré, por mucho dolor que haya sentido y sienta.
Tratar con mayor deferencia a uno frente al otro por sus circunstancias personales es irracional.
Y todo esto lo digo siendo consciente de que no sé lo que es perder a un hijo (ni siquiera puedo suponerlo).
Moris, si quiere, que nos hable del dolor. Pero que por saber lo que es el dolor (ese dolor) no pretenda que nos creamos sus idioteces sobre el 11-M. Y si lo que dice Moris son idioteces es de ese modo que yo las llamaré, por mucho dolor que haya sentido y sienta.
