26-04-2010, 18:03:41
Al parecer,. esta noticia está relacionada con una querella por prevaricación que Celestino Rivera y Jesús Parrilla han interpuesto contra Del Olmo, por prevaricación, al decretar su detención por aquel asunto de revelación de secretos a "El Mundo"
Veremos en qué acaba todo ésto.
A lo mejor nos enteramos de alguna cosilla más sobre la relación de Parrilla con "El Mundo"
Al parecer, era un secreto a voces que Parrilla era un confiodente de "El Mundo", y era muy mal visto por sus compañeros y por Asuntos Internos. Éstos, si no recuerdo mal, le tendieron una trampa, pero les salió mal, bien porque en este caso Parrilla no intervenía más que de mirón, bien porque supo a tiempo que estaba siendo vigilado. El caso es que tuvo, además, la suerte de que le tocó un juez un poco... peculiar, Hidalgo, que parece mentira el revolcón que daba este hombre a la instrucción, con las palizas que han recibido algunas de sus sentencias en instancias superiores.
En fin, veremos si nos enteramos de algo más...
Quote:Denuncian a Del Olmo por encarcelar a los dos policías del 'caso Parrilla'
El Supremo, tras informar al CGPJ, envía la denuncia por prevaricación a Murcia
Como un boomerang. El caso Parrilla, el asunto de los agentes encarcelados por tomar un café con un periodista, se empieza a volver ya contra el juez que lo elevó a categoría penal, el magistrado que decidió imponer fianzas superiores a las de los miembros de ETA, bajo la acusación de revelación de secretos.
Ahora, la Justicia apunta sus cañones contra el que fuera juez de la Audiencia Nacional e instructor, entre otras causas, de los atentados del 11-M. Juan del Olmo tiene sobre la mesa una querella en la que se le acusa de prevaricación; de dictar una resolución injusta a sabiendas, del mismo delito del que se tiene que defender el que fuera su compañero en la calle de Génova, Baltasar Garzón.
Dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía, Antonio Parrilla y Celestino Rivero, presentaron sendos escritos contra el instructor de su causa. Del Olmo les encarceló, les obligó a permanecer en prisión bajo la acusación de haber facilitado información a EL MUNDO en una investigación sobre una mafia policial. La máxima de las penas, en el caso de haber sido condenados, hubiera supuesto una multa, nunca cárcel.
Pero, además, ambos fueron absueltos por la Audiencia Provincial de Madrid, en una sentencia en la que se arremetía con dureza contra la instrucción realizada por el juez y contra la investigación de la Unidad de Asuntos Internos, en aquellas fechas dirigida por la comisaria Ana Arias.
Y es que los magistrados de Madrid calificaron de desproporcionadas e injustificadas las decisiones adoptadas por Del Olmo contra estos agentes.
Los denunciantes no entienden que pueda existir un error judicial, una mera mala gestión del magistrado. Defienden que desde el minuto uno no sólo no tenía nada en qué sostenerse para actuar contra los dos agentes, sino que, además, ni siquiera era el juez competente para llevar a cabo una investigación sobre un delito como el de revelación de secretos.
Los agentes presentaron su querella ante el Tribunal Supremo. Esta instancia informó al Consejo General de Poder Judicial de que existía una querella criminal contra el juez Del Olmo. Ahora, el Supremo ha remitido la querella al Tribunal Superior de Justicia de Murcia. Es allí donde actualmente desarrolla sus trabajos profesionales el magistrado, y el alto tribunal entiende que debe ser allí donde se dilucide si el comportamiento de este juez en el denominado caso Parrilla fue constitutivo de delito o no.
Los agentes acusados se vieron envueltos en una «actuación policial que determinó la detención de Celestino Rivera, en base a presunciones y conjeturas que debieron ser objeto de mayor reflexión y estudio, y de Antonio Parrilla, la cual carecía de fundamento, pues reunirse a tomar un café con un periodista, ignorando lo que hablaban, no justifica su detención», indicaba la sentencia de la Audiencia Provincial en la que se absolvió a estos agentes de las acusaciones de Del Olmo.
«Decisiones que, con absoluto respeto y compresión de que se dictaban con una premura nunca aconsejable, representaron que sufrieran privación de libertad durante 24 días por un delito que, finalmente calificado, viene castigado con pena de multa. Situación personal privativa de libertad que sólo pudieron eludir mediante la prestación de una fianza, posteriormente acordada, de carácter millonario, 150.000 euros equivalentes a 25 millones de las antiguas pesetas y que, por ser absolutamente exageradas y desproporcionadas, fueron acertadamente dejadas sin efecto y devueltas más tarde», añadía la sentencia.
Pero también lanzaba claros y duros reproches al magistrado Juan del Olmo: «Se hace preciso llamar a la serenidad y a la reflexión para quienes tienen/tenemos atribuidas funciones de autoridad propias o por delegación, para que se ejerciten no sólo con aparente y formal legalidad, sino con absoluto y profundo respeto de los derechos y garantías de todos los ciudadanos. Actuando con ponderación, equilibrio y mesura cuando se trata de restringir derechos y libertades que sólo cabe cuando, con prueba suficiente y desvirtuadora del principio de presunción de inocencia, tal restricción aparece como adecuada, proporcional y justa», reclamaba la Audiencia Provincial de Madrid.
Del Olmo encarceló a estos dos agentes bajo la acusación de haber facilitado a EL MUNDO información sobre una mafia policial relacionada con el tráfico de explosivos en Madrid. Este periódico desveló el mercadeo entre policías y confidentes policiales, en el barrio de Leganés, en una zona cercana al piso donde se suicidaron los autores del 11-M, con Goma 2 ECO. Y continuó investigando. Y detectó una presunta mafia policial que, por encargo, colocó droga a una ciudadana rusa a la que, posteriormente, detuvo. Fue excarcelada poco después de que EL MUNDO comenzara a informar de las andanzas de este grupúsculo.
La Policía también investigaba a esta mafia, pero la Unidad de Asuntos Internos acabó haciendo averiguaciones de los contactos de un periodista con dos policías.
Y llegó a la conclusión de que estos agentes habían proporcionado datos a este periódico sobre esta mafia. En la sentencia, el tribunal asevera que la información la trataba de contrastar el periodista de EL MUNDO con uno de estos agentes, Celestino Rivera. Aclara que este policía no dio información al periodista, sino que comunicaba a los servicios de información de los datos que iba a publicar el periódico. Es decir, el mundo al revés.
Desde el principio, la Unidad de Asuntos Internos supo que Rivera no había dado información a EL MUNDO y que Parrilla no sabía nada de estas actuaciones. Pese a ello, bajo el mandato de Ana Arias, se decidió actuar contra estos dos policías.
Pero hubo mandos policiales en la operación que defendieron detener también al periodista. «Pero si no hay nada contra él», le indicaron algunos de sus subordinados. «Da igual, que lo resuelva después el juez», sostenía este mando, pese a lo cual su intención no obtuvo el respaldo de sus superiores políticos.
Veremos en qué acaba todo ésto.
A lo mejor nos enteramos de alguna cosilla más sobre la relación de Parrilla con "El Mundo"
Al parecer, era un secreto a voces que Parrilla era un confiodente de "El Mundo", y era muy mal visto por sus compañeros y por Asuntos Internos. Éstos, si no recuerdo mal, le tendieron una trampa, pero les salió mal, bien porque en este caso Parrilla no intervenía más que de mirón, bien porque supo a tiempo que estaba siendo vigilado. El caso es que tuvo, además, la suerte de que le tocó un juez un poco... peculiar, Hidalgo, que parece mentira el revolcón que daba este hombre a la instrucción, con las palizas que han recibido algunas de sus sentencias en instancias superiores.
En fin, veremos si nos enteramos de algo más...
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
