09-06-2010, 13:03:40
larean Wrote:Ya, todo es un tema de juicios de intenciones, pero en el caso que nos ocupa creo que ambas motivaciones podrían haber tenido un papel.
Yo estoy convencido que, en un primer miomento, la motivación que manda en quienes erigen el andamio (¡tomaya!) del conspiracionismo es el económico.
Pensad quién es el artífice de los "Agujeros negros": Fernando Múgica; independientemente de su olfato para ver una buena exclusiva, nunca ha hecho ascos a cualquier conspiranoia con posibilidades de llegar a contactar con el público a lo grande. Recordemos su colaboración con JJ Benítez, sus libros "Ovnis: SOS a la Humanidad" ,"Existió otra humanidad", etc.
Y recordemos a quién le ofrece Fernando Múgica su "himbestigazión": a Pedro Jota, que es, para mí, un ejemplo de amoralidad como hay pocos en España, y en quien yo creo que el ideario político pasa a segundo, o tercer, plano. Sé que esto va a sorprender, pero es que yo creo que Pedro Jota vendería a Zapatero, Rajoy, Esperanza Aguirre, Aznar y Gallardón, todos juntitos, por conseguir unas licencias de comunicación o algo que le permitiera adelantar a "El País" en venta.
Luego son agregados -lógico- los esbirros de Pedro Jota, y posteriormente se añaden otros periodistas y pseudohimbeztigadores -estos, sí, con marcado carácter político- con intención de vengar la derrota electoral y buscar el retorno de los suyos a primera línea.
Perdóneseme, pero yo no veo a los líderes del PP muy compenetardos con la creación de la conspiranoia hasta que ésta no adquiere ya una cierta enjundia, y algunos de estos políticos citados deciden estudiarse qué es esto de la conspiranoria para poner un ojo morado al rival y -además- excusar pasados errores en la prevención del atentado.
Tenemos, así, a Del Burgo defendiendo en sede parlamentaria la actuación de la propia policía a la que, ya por entonces, ponían en el punto de mira Múgica, Casimiro, Marraco, y un escuro ingeniero que quería pasarse al mundo de las hesclusibas.
Y tenemos a Mariano Rajoy entrando al trapo de las denuncias de Pedro Jota, exigiendo la repetición del Sumario o barbaridades por el estilo, para salir trasquilado y humillado pocos días después.
Quizás éste último ejemplo sea más claro: el momento en que Mariano Rajoy exige, o poco menos, en primara plana de los principales rotativos, la anulación del sumario debido a unas "rebelaziones" de "El Mundo".
Léanse, sobre todo, la segunda parte del artículo, donde extracta un Editorial de ABC, titulado Evocación del 14-m donde se afirma qiue:
Quote: Mariano Rajoy es un político sobrio, con una trayectoria contrastada, de natural moderado, buen parlamentario y con probada capacidad de cohesión en su partido. Su discurso central, de formas adecuadas e inteligentes, no es compatible con declaraciones precipitadas y guiadas por terceros, como la que ha protagonizado el presidente del PP sobre la instrucción del sumario del 11-M.
El mejor Rajoy es el que habla en el Parlamento y en la Convención reciente del partido; el que sabe debatir en los medios; el que formula análisis firmes y de convicciones pero con un gran contendido de conceptos e ideas, como puso ayer de manifiesto en Bilbao en una lúcida conferencia en la que ofreció un certero diagnóstico de la situación en el País Vasco.
En ellas -en la batalla política de las ideas y en la adaptación de las políticas a las necesidades reales de los ciudadanos- deben estar el PP y su líder. Para ello, sin dejar de saber de dónde se viene, hay que conocer hacia dónde se va. ¿Lo tiene claro la plana mayor del PP? No es seguro. Sí lo es que el Gobierno socialista y el PSOE rentabilizan las contradicciones internas de los populares y se muestran complacidos ante el lamentable espectáculo de algunos entornos -especialmente mediáticos- que intentan y a veces consiguen atrapar la voluntad y marcar la estrategia al PP.
Esos entornos, en connivencia con algunos sectores del propio partido, pretenden mantener a las bases populares y sus dirigentes con la cabeza vuelta hacia el pasado, marcarle un discurso bronquista y constreñirle en el margen de actuación propio de un partido que representa de manera hegemónica a los amplios sectores liberales y conservadores en España. En definitiva, el PP, dos años después de las elecciones, debe volver a asir con confianza el volante de un centro reformista, integrador, nacional, de principios y valores firmes, que muchos quieren que siga en la cuneta política
Hombre, Rajoy, tonto no es. De haber sido el PP, como partido, quien estaba organizando la conspiranoia ¿cómo iba a ser su máximo líder quien se arrojase a los pies de los caballos como lo hizo Rajoy? Aunque sólo fuera porque a nadie le gusta hacer el ridículo.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
