28-06-2010, 19:40:44
Una cosa curiosa. La página de e-pesimo recoge un artículo de Luis Oz, de El Mundo del domigo, supongo que de la edición digital, con el siguiente contenido:
Pues bien: en la edición en papel de El Mundo, el artículo de Luis Oz es idéntico salvo porque se cierra con un último y apoteósico párrafo:
¡Toma ya! O sea que, para Luis Oz, el caso de Antonio Rubio, querellado por un testigo protegido al que puso en peligro al desvelar su identidad imprudentemente a los cuatro vientos, rompiendo además el secreto del sumario, el mismo Antonio Rubio que está siendo juzgado en un Estado de Derecho, ante un tribunal, en un juicio al que acude con defensa letrada, es parangonable al de los periodistas asesinados por grupos paramilitares, por sus Gobiernos o por bandas de narcotraficantes.
Sí, claro. Ya estoy yo imaginándome al valiente Antonio Rubio denunciando la corrupción de la policía iraquí como ciudadano de Irak, o de los narcos colombianos como ciudadano de Colombia. Sí, claro, claro...
Quote:Entre Mosul y Madrid
Luis Oz
Publicado el Sábado, 26 de junio de 2010
Sardasht Osman, de 23 años, estudiaba inglés en la Universidad Salahadin de Arbil y escribía en periódicos y revistas de la oposición en su ciudad iraquí de Mosul sobre la corrupción rampante en el Kurdistán iraquí, controlado por dos familias: los Barzani y los Talabani. El 4 de mayo fue secuestrado en su universidad y dos días después encontraron su cadáver. Poco antes de su secuestro adelantó en un artículo que lo iban a matar y pidió ayuda al rector de su universidad y a los dirigentes kurdos. Nadie le ayudó.
Según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), con sede en Nueva York, desde la invasión estadounidense, en marzo de 2003, hasta octubre del año pasado fueron asesinados en Irak 176 periodistas. 'Todo indica que el régimen de Barzani está detrás del asesinato de Osman', decía ayer en el programa Inside Iraq de Al Yazeera Houzan Mahmoud, representante de la Organización para la Libertad de las Mujeres en Irak.
El 30 de mayo TVE emitió en 'En Portada' un reportaje extraordinario, 'Maldito oficio', sobre periodistas en peligro. El protagonista principal, el colombiano Pedro Cárdenas, editaba en su casa y repartía a mano una revista familiar con crónicas y reportajes sobre las mafias, los narcos y la corrupción oficial dignos de varios premios Pulitzer.
Escoltado las 24 horas, confesaba a José Antonio Guardiola en el programa su convencimiento de que lo matarían unos u otros. Murió el pasado día 5 en Bogotá de un infarto cerebral.
El artículo de Luis Pérez, corresponsal de TVE en Colombia, en su blog de RTVE, publicado el día 6, debería ser de lectura obligada en las escuelas de periodismo. El CPJ reconoce el asesinato de, al menos, 43 periodistas en Colombia desde 1992.
En Europa la presión de los poderosos se manifiesta de formas menos cruentas. Sin aviso previo, el hombre de Nicolás Sarkozy al frente de la emisora France-Inter, Jean-Luc Hees, anunció en Le Monde el pasado miércoles que, a partir de septiembre, se caían de la parrilla de la emisora pública francesa sus principales humoristas, Stéphane Guillon y Didier Porte. Hees y el presidente francés, que lo nombró, no han soportado los dardos de Guillon y Porte contra todos los excesos del poder.
Pues bien: en la edición en papel de El Mundo, el artículo de Luis Oz es idéntico salvo porque se cierra con un último y apoteósico párrafo:
Quote:Por exclusivas sobre el 11-M merecedoras de otro Pulitzer publicadas en EL MUNDO, Antonio Rubio se sentó el jueves en el banquillo de los acusados. La Fiscalía de Madrid le acusa de revelar secretos. Los supuestos secretos ponen en evidencia fallos graves o comportamientos delictivos de algunos policías antes y después de los atentados.
¡Toma ya! O sea que, para Luis Oz, el caso de Antonio Rubio, querellado por un testigo protegido al que puso en peligro al desvelar su identidad imprudentemente a los cuatro vientos, rompiendo además el secreto del sumario, el mismo Antonio Rubio que está siendo juzgado en un Estado de Derecho, ante un tribunal, en un juicio al que acude con defensa letrada, es parangonable al de los periodistas asesinados por grupos paramilitares, por sus Gobiernos o por bandas de narcotraficantes.
Sí, claro. Ya estoy yo imaginándome al valiente Antonio Rubio denunciando la corrupción de la policía iraquí como ciudadano de Irak, o de los narcos colombianos como ciudadano de Colombia. Sí, claro, claro...
