07-07-2010, 06:33:41
Quote:En este sentido, constato con desmayo, por poner sólo un ejemplo, que incluso la esposa de Gómez Bermúdez, en su libro “La soledad del juzgador” (en particular, páginas 194 y 195), da por buena la afirmación de que la muestra M-1 era la única que no fue lavada con agua y acetona.
Efectivamente.
Y cabe hacer notar que, segúin la perito, TODAS las muestras fueron tratadas de la misma manera: se trató una porción de la muestra (un trozo si se trata de un trozo único; una pieza si se trata de tornillos, o chapas) con agua y acetona -se "lavó", en jerga de laboratorio- para extraer los componentes orgánicos e inorgánicos. En resumen, se "lavaron" TODAS las muestras, pero dejando una porción integra para posteriores análisis.
No se conservaron los resultados de los reactivos, y la perito explicó por qué:
1) Ella siempre actúa con la mínima cantidad posible de reactivo sobre la cantidad necesaria de muestra, para no tener que calentar, pues el calor desnaturaliza las pruebas.
2) No se puede conservar largo tiempo esa solución (algodones, etc) sin riesgo de alteración.
Queda otra razón, que también se comentó, y que es clave para entender la malicia de los peritos conspiracionistas: las muestras ya tratadas han quedado alteradas cobn las reacciones efectuadas, por lo que un nuevo análisis, NUNCA sería tan fiable como investigar sobre las muestras sin tocar (e, INSISTO, la perito dijo que deja, en TODOS los casos, parte de la muestra sin "lavar". Analizar las reacciones ya efectuadas sólo puede comprenderse si se sospecha que el analista ha efectuado trampa. Y, aún así, siempre será más lógico analizar la muestra sin lavar. Por otro lado, si sospechas que el analista hace trampa, resulta ingenuo pensar que va a conservar la prueba incriminatoria, o aún destruirla; tiene todo el tiempo de sustituirla por una reacción "conveniente".
Por lo tanto, en principio, no veo ninguna razón para la tontería ésa de "conservar los extractos", salvo que Iglesias y Cía tienen poca idea de lo que ocurre en los laboratorios de explosivos (el propio perito Guardia Civil dijo que ellos hacían lo mismo) y mucha malevolencia.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
