02-08-2010, 13:08:59
lejianeutra Wrote:Bueno, veo que algunos estáis hablando de duelo y, en relación a Angeles Domínguez y Eloy Morán de la Fuente (Presidenta y Tesorero de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M) no se debe hablar de duelo, por cuento ellos no perdieron a ningun familiar en los atentados. Son víctimas directas que quedaron con distintas secuelas. Aunque por supuesto éso no resta un ápice a su condición de víctimas, me parece que aporta un matiz importante para entender sus planteamientos.
Como importante es que a Ángeles Domínguez, como ella misma reconoció, no le quedaran secuelas psicológicas.
En realidad, aunque nos hemos centrado en el duelo por la muerte de un ser querido, Francisco Duque no trataba sólo los duelos por fallecimiento de un familiar, sino también las lesiones psíquicas/psicológicas de las víctimas. Por otro lado, también se considera duelo al pesar por la pérdida, que se considera definitiva, de una función y capacidad, una posesión o un bien querido. Es decir, los psicólogos tienen, en ocasiones, que hacer frente a duelos por la pérdida de la función de una mano (o de la mano misma) la capacidad de hablar o realizar un trabajo, e incluso dejar un empleo, unos amigos (si te cambias de ciudad, por ejemplo, o te jubilas).
En todo caso, tanto da hablar de víctimas como de familiares de víctimas para entender que resulta mucho más difícil tratar de "normalizar" la vida de uno de ellos, que ha sufrido pérdidas por una catástrofe, cuando está obteniendo una rentabilidad de dicha catástrofe.
Me cuentan que algunos psicólogos de catástrofes usan un ejemplo muy gráfico: tras la catástrofe has entrado en un barco que navega por aguas turbulentas; el psicólogo es el capitán que trabaja para intentar guiar el barco a buen puerto, y desembarcar al pasajero con bien; pero si el pasajero encuentra una fuente de ingresos y/o satisfacciones en el barco, como los barcos-casino, puede que no le interese desembarcar en el puerto de legada; en ese caso, el capitán (psicólogo) desembarcará con los pasajeros que quieran hacerlo, abandonando a su suerte a quienes no tengan interés por llegar a puerto.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
