04-09-2010, 22:45:37
Pues como después de un largo día de playa me encuentro demasiado cansado para escribir algo más elaborado, me limitaré a señalar que a De Diego se le debe agradecer la gran labor que ha hecho luchando contra el Conspiracionismo. Aunque mi opinión sobre las motivaciones últimas que le llevaron por ese camino nunca fue muy grata.
Resumámoslo en que siempre intento elegir muy bien a las personas en las que depositar una confianza "ciega", y desgraciada-afortunadamente tuve la oportunidad de leer en su momento el artículo Días de Infamia que publicó, por esas "coincidencias" de la vida, en Libertad Digital tan solo un día después de los atentados y, sobre todo, partes de su libro homónimo en el que nunca me ha quedado muy claro si retrataba a los españoles como cobardes, como ovejas manipulables o como ambas cosas a la vez. Pura bazofia en cualquiera de los casos.
No me ofrecen confianza las personas que demonizan sistemáticamente a otras opciones políticas y que lo hacen de manera generalizada, como usualmente ha hecho De Diego, lejos de limitarse a criticar a las personas concretas que circunstacialmente representan a estas opciones. Y desde luego no me interesa el discurso moralista de una persona (ya sea liberal, progresista o pintor de brocha gorda) incapaz de aceptar el resultado legítimo de unas elecciones y que no cree en la mayoría de edad de sus compatriotas. Habría que recordarle a De Diego que ese pueblo mentalmente enano de cuyo criterio desconfió en 2004 eligió a su opción favorita en 1996 y en 2000, y probablemente la eligirá de nuevo en 2012.
Así que digamos que con obras como éstas que he mencionado, De Diego quedó retratado a mis ojos en su momento como demócrata de pacotilla. Y su gran labor anticonspiracionista posterior no va a servir ni para maquillar su maniqueísmo ni para despejar las dudas que tengo sobre sus motivaciones últimas en cuanto escribe.
Resumámoslo en que siempre intento elegir muy bien a las personas en las que depositar una confianza "ciega", y desgraciada-afortunadamente tuve la oportunidad de leer en su momento el artículo Días de Infamia que publicó, por esas "coincidencias" de la vida, en Libertad Digital tan solo un día después de los atentados y, sobre todo, partes de su libro homónimo en el que nunca me ha quedado muy claro si retrataba a los españoles como cobardes, como ovejas manipulables o como ambas cosas a la vez. Pura bazofia en cualquiera de los casos.
No me ofrecen confianza las personas que demonizan sistemáticamente a otras opciones políticas y que lo hacen de manera generalizada, como usualmente ha hecho De Diego, lejos de limitarse a criticar a las personas concretas que circunstacialmente representan a estas opciones. Y desde luego no me interesa el discurso moralista de una persona (ya sea liberal, progresista o pintor de brocha gorda) incapaz de aceptar el resultado legítimo de unas elecciones y que no cree en la mayoría de edad de sus compatriotas. Habría que recordarle a De Diego que ese pueblo mentalmente enano de cuyo criterio desconfió en 2004 eligió a su opción favorita en 1996 y en 2000, y probablemente la eligirá de nuevo en 2012.
Así que digamos que con obras como éstas que he mencionado, De Diego quedó retratado a mis ojos en su momento como demócrata de pacotilla. Y su gran labor anticonspiracionista posterior no va a servir ni para maquillar su maniqueísmo ni para despejar las dudas que tengo sobre sus motivaciones últimas en cuanto escribe.
