02-12-2010, 00:22:47
(This post was last modified: 02-12-2010, 00:23:38 by morenohijazo.)
A ver; no me has entendido, amigo Aco.
Por supuesto que no hay que pasar por alto las atrocidades de Corea del Norte o de los ayatollas porque todos los países -y todos los credos religiosos- hayan cometido crímenes horrendos.
Pero en el occidente cristiano existe un tufillo condescendiente con el resto de culturas y religiones -no digo que tú lo tengas, por Dios, no te des por aludido- como si el cristianismo nunca hubiera roto un plato. Y no hay que remontarse tanto para encontrar criminales entre nosotros. Leopoldo II de Bélgica evangelizó entre seis y diez millones de negros; Hitler -y menos, Mussolini- masacraban judíos en países de la órbita cristiana; el gobierno australiano trató de exterminar a los aborígenes de su tierra con matanzas, secuestros de niños, hambrunas y pestes; Nicolás II era un déspota por la gracia de Dios en un país donde el poder mantenía excelentes relaciones con la Iglesia rusa ortodoxa. El propio reino de España de Alfonso XIII bombardeó con gas mostaza las poblaciones del Rif, cuando las armas químicas ya estaban prohibidas.
En mi opinión, los pertenecientes a la cultura judeocristiana no somos quiénes como para dar o quitar carnets de ciudadanos del mundo. Ni nadie.
Lo que es peligroso no es el islam, sino la manera de interpretarlo que tienen algunos. Pero, ojo, el fanatismo crece en el mundo musulmán porque hay unas tremendas desigualdades sociales, culturales, económicas, entre las élites dirigentes y los estratos más bajos. Y, en muchos casos, los gobiernos coloniales de Francia e Inglaterra y posteriormente EEUU han mostrado muy poco interés, durante el siglo XX, y lo que llevamos del XXI, por educar y democratizar estas sociedades.
Por supuesto que no hay que pasar por alto las atrocidades de Corea del Norte o de los ayatollas porque todos los países -y todos los credos religiosos- hayan cometido crímenes horrendos.
Pero en el occidente cristiano existe un tufillo condescendiente con el resto de culturas y religiones -no digo que tú lo tengas, por Dios, no te des por aludido- como si el cristianismo nunca hubiera roto un plato. Y no hay que remontarse tanto para encontrar criminales entre nosotros. Leopoldo II de Bélgica evangelizó entre seis y diez millones de negros; Hitler -y menos, Mussolini- masacraban judíos en países de la órbita cristiana; el gobierno australiano trató de exterminar a los aborígenes de su tierra con matanzas, secuestros de niños, hambrunas y pestes; Nicolás II era un déspota por la gracia de Dios en un país donde el poder mantenía excelentes relaciones con la Iglesia rusa ortodoxa. El propio reino de España de Alfonso XIII bombardeó con gas mostaza las poblaciones del Rif, cuando las armas químicas ya estaban prohibidas.
En mi opinión, los pertenecientes a la cultura judeocristiana no somos quiénes como para dar o quitar carnets de ciudadanos del mundo. Ni nadie.
Lo que es peligroso no es el islam, sino la manera de interpretarlo que tienen algunos. Pero, ojo, el fanatismo crece en el mundo musulmán porque hay unas tremendas desigualdades sociales, culturales, económicas, entre las élites dirigentes y los estratos más bajos. Y, en muchos casos, los gobiernos coloniales de Francia e Inglaterra y posteriormente EEUU han mostrado muy poco interés, durante el siglo XX, y lo que llevamos del XXI, por educar y democratizar estas sociedades.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
