02-12-2010, 09:15:47
morenohijazo Wrote:A ver; no me has entendido, amigo Aco.Definitivamente, la cultura cristiana ha causado estragos en algunos campos, en concreto respecto al pecado y el sentimiento de culpa, la auto crítica exacerbada y la visión "relativa" del mundo...
Por supuesto que no hay que pasar por alto las atrocidades de Corea del Norte o de los ayatollas porque todos los países -y todos los credos religiosos- hayan cometido crímenes horrendos.
Pero en el occidente cristiano existe un tufillo condescendiente con el resto de culturas y religiones -no digo que tú lo tengas, por Dios, no te des por aludido- como si el cristianismo nunca hubiera roto un plato. Y no hay que remontarse tanto para encontrar criminales entre nosotros. Leopoldo II de Bélgica evangelizó entre seis y diez millones de negros; Hitler -y menos, Mussolini- masacraban judíos en países de la órbita cristiana; el gobierno australiano trató de exterminar a los aborígenes de su tierra con matanzas, secuestros de niños, hambrunas y pestes; Nicolás II era un déspota por la gracia de Dios en un país donde el poder mantenía excelentes relaciones con la Iglesia rusa ortodoxa. El propio reino de España de Alfonso XIII bombardeó con gas mostaza las poblaciones del Rif, cuando las armas químicas ya estaban prohibidas.
En mi opinión, los pertenecientes a la cultura judeocristiana no somos quiénes como para dar o quitar carnets de ciudadanos del mundo. Ni nadie.
morenohijazo Wrote:Lo que es peligroso no es el islam, sino la manera de interpretarlo que tienen algunos. Pero, ojo, el fanatismo crece en el mundo musulmán porque hay unas tremendas desigualdades sociales, culturales, económicas, entre las élites dirigentes y los estratos más bajos. Y, en muchos casos, los gobiernos coloniales de Francia e Inglaterra y posteriormente EEUU han mostrado muy poco interés, durante el siglo XX, y lo que llevamos del XXI, por educar y democratizar estas sociedades.Sobre la pobreza y el islamismo se puede leer «God and Mammón: Does Poverty Cause Militant Islam» [Dios y Mamón: la pobreza como causa del islamismo militante], de Daniel Pipes , en National Interest, 2002. O lo que dice un clásico en la lucha de la libertad contra el islamismo: "Por qué no soy musulmán", de Ibn Warraq (es un seudónimo, of course, para que no le pase nada):
Quote:La pobreza no es la causa primordial del fundamentalismo islámico.1 Las investigaciones de sociólogos como el egipcio Saad Eddin Ibrahim y del economista Galal A. Amin, así como las observaciones de periodistas como el palestino Kahild M. Amayreh y del líder político argelino Sad Saadi, llegan a la misma conclusión: que el moderno islamismo lo consti-tuyen hombres jóvenes de clase media o alta, profundamente motivados, con buenas posibilidades de ascenso social e instruidos, a menudo diplo-mados en ciencias o ingeniería.Ni Israel, ni Al Andalus, ni los EEUU... las causas del islamismo son el islam. Pongo las palabras de Ibn Warraq:
Los propios islamistas rara vez hablan de la pobreza. Como declaró el ayatollah Jomeini: «No hemos hecho una revolución para bajar el precio del melón.» Los islamistas necesitan dinero para comprar armas, no para adquirir casas más grandes. La riqueza es un medio, no un fin.
Quote:Tampoco reside la causa en la política exterior estadounidense, ya que la política sostenida con los árabes y musulmanes ha sido básicamente de acuerdos, no de antagonismo. Durante la guerra fría, Estados Unidos apoyó siempre a los árabes contra los comunistas. Las recientes actua-ciones militares de Estados Unidos apoyó siempre a los árabes contra los comunistas. Las recientes actúa en Oriente Medio han sido principal-mente a favor de los musulmanes, no contra ellos. Protegieron a Arabia Saudí y Kuwayt de Iraq, a Afganistán de los soviéticos, a Bosnia y Kosovo de Yugoslavia, y a Somalia del dictador militar Muhammad Farah Aidid.
¿Y qué tiene que ver la política exterior estadounidense con el asesinato de ciento cincuenta mil argelinos a manos de fanáticos islamistas? Sí, desde 1992 los islamistas han asesinado brutalmente a ciento cincuenta mil argelinos, es decir, quince mil personas por año en los últimos diez años. Esto equivale a cinco destrucciones como la de las Torres Gemelas por año, o a una cada dos meses y medio a lo largo de diez años. Cuando escribí este libro hace diez años, las principales víctimas del fundamenta-lismo islámico eran musulmanes, hombres, mujeres, niños, escritores, intelectuales y periodistas musulmanes.
La causa principal del fundamentalismo islámico es el propio islamis-mo. ¿Qué tiene que ver la política exterior estadounidense con la lapidación a muerte de una mujer por adulterio en Nigeria? Sólo tiene que ver con el islamismo y la ley islámica. La teoría y la práctica de la jihad —la política exterior de Bin Laden— no se tramaron en el Pentágono: derivan directamente del Corán y la hadith, la tradición islámica. Pero a los libera-les y los humanistas occidentales'les cuesta aceptar esto. El problema con los liberales y humanistas occidentales es que son amables, patológica y mortalmente amables. Creen que todo el mundo piensa como ellos, que todo el mundo —incluidos los fundamentalistas islámicos— desea las mismas cosas, tiene los mismos objetivos en la vida. Para los humanistas, los terroristas no son más que ángeles desilusionados, frustrados por el Gran Anarquista que es Estados Unidos.
