03-12-2010, 13:06:03
lejianeutra Wrote:Tu problema, como ya ha apuntado Moreno, es que no logras ni quieres distinguir al Islam de la interpretación que algunas personas hacen de él. Condenas a una religión porque 1 millón, o 10, o 100, o 500 (me da igual) de sus practicantes son intolerantes en mayor o menor medida y llevan su creencia hasta límites condenables... Por esa regla de tres, la Iglesia Católica y el Vaticano tendrían que ser sólo un montón de cenizas desde hace cientos de años, y el cristianismo solo un recuerdo. Y sin embargo ahí siguen, supongo que porque a lo largo de la historia no todos los católicos han pensado y actuado igual que Torquemada.Sobre la apostasía, extracto de "Cien preguntas sobre el islam", un libro bastante bueno con diálogos entre un islamólogo de fama internacional, Samir Khalil Samir, y dos periodistas, Paolucci y Camile Eid. Es un poco largo pero sirve al tema y aporta algunos casos conocidos:
58. El islam prohíbe a sus fieles pasarse a otra fe religiosa y la trasgresión de esta prohibición
trae consigo consecuencias muy graves.
¿ Cuáles son los fundamentos teológicos y jurídicos de esta norma
y las sanciones previstas paro quienes la violan?
hay que decir previamente que según un celebre hadiz islamico,todo hombre que nace sobre la tierra nace Musulman después serán sus padres quienes puedan imponerle una religión diferente (Judío,cristiana , budista u otra) , por consiguiente , la conversión de un musulmán a otra religión es considerada como un gran error y como una traición a la comunidad de los verdaderos creyentes , la Umma , en la que se puede entrar y de la que no es licito salir. es tarea de todo musulmán invitar a cada hombre a convertirse al islam , y estos es un aspecto fundamental de la da wa , la misión de anunciar la verdad a toda la Humanidad, la libertad religiosa se concibe ante todo como una libertad de adherirse a la verdadera religión, que es el islam , mientras que el paso a otros credos esta considerado como algo antinatural y , por lo tanto esta severamente prohibido.
Tomemos la terminología árabe como punto de partida. Ridda y
murtadd son los términos con los que se definen la apostasía y al apóstata
(...)
El año 1998, en señal de protesta por la condena a muerte de un joven católico, el obispo
de Faislabad, John Joseph, se suicidó disparándose un tiro en la cabeza.
(...)
arrepentirse en un periodo de tres días. Si no se arrepiente en este lapso
de tiempo, será condenado a muerte como apóstata y sus bienes serán
confiscados en favor del Tesoro».
Hay más países que sancionan penal mente la apostasía, aunque no
prevén el recurso a la pena de muerte.
¿Cuáles son los Casos más famosos de condenas a muerte por
apostasía?
El asunto de los Versos satánicos de Salman Rushdic y la condena
a muerte decretada mediante una fatua del ayatolá Jomeini en 1989 es
el episodio más conocido y, probablemente, ha servido de detonador,
replanteando el tema de la apostasía en el plano mundial, mucho más
allá de los mismos limites de la comunidad islámica.
Pero ha habido asimismo otros casos que han sacado la cuestión a
la palestra en años recientes: recuerdo la condeno del profesor universitario
Nasr Ahmid Abü Zayd, del que ya nos hemos ocupado, en
1995, o el caso de la escritora Nawal al-Sadawi, llevada a juicio en
2001 por un abogado islamista que la acusaba de apostasía, a pesar de
las protestas de numerosas organizaciones feministas o de asociaciones
para la defensa de los derechos humanos. Estos intelectuales consiguieron
evitar la ejecución de la condena.
Menos fortuna tuvo otro intelectual egipcio, Farag Foda, asesinado
en junio de 1992 por un comando radical poco después de haber sido
declarado apóstata por las autoridades religiosas. En el proceso contra
los asesinos de Foda vino a declarar como testigo de en defensa el
jeque Muhammad ai-Gazáli, una figura muy conocida por su moderación,
y justificó el asesinato de Foda apoyándose en la sharía.
Otro atentado, esta vez fallido, tuvo como objetivo, en 1995, al
escritor egipcio Nagib Mahfuz, de 83 años de edad, el primer árabe que
fue distinguido con el premio Nobel de literatura ( 1988). A su nombre
van unidas decenas de obras literarias y cinematográficas, pero su novela
Hijos de nuestro barrrío, escrita en la década de los 50 y que todavía
figura en el índice de libros prohibidos de Egipto, es considerada como
blasfema por muchos y fue la causa desencadenante del atentado.
Está también el caso de la escritora bengalí Taslima Nasreen, obligada
a vivir en la clandestinidad a causa de las amenazas de grupos
integristas que piden su arresto y su condena a muerte por blasfemia.
El año 1994, en efecto, fue acusada la escritora de <<Ofensa a la reli·
gión», un delito previsto por el código penal de Bangladesh, y por eso
tuvo que refugiarse en Occidente.
Pero hay muchos otros casos, menos conocidos de la opinión pública
mundial, que tienen que ver con la gente normal. Uno de ellos es el
de Mohammed Omer Haji, un prófugo somalí de 27 años residente en
Yemen, condenado a muerte en 2000 a pesar de su estatuto de refugiado,
por haberse convenido al cristianismo junto con su mujer. Fue torturado
en la cárcel para hacerle revelar los nombres de sus <<cómpli·
ces» y abjurar de la fe cristiana, pero todo fue en vano. Al final, y
según la práctica, el juez concedió a Haji una semana para declarar, por
tres veces, su retomo formal al islam, so pena de muerte. El interés de
algunas organizaciones internacionales le permitió eludir la sanción:
actualmente vive junto con su familia en Nueva Zelanda, donde goza
de una especie de asilo <<religioso».
No fue tan afortunado, en 1994, el final de cuatro musulmanes que
se habían convertido veinte años antes al cristianismo en la diócesis
sudanesa de Rumbek y se hicieron después catequistas: fueron azota·
dos por las fuerzas gubernamentales de seguridad y crucificados des·
pués por haberse negado a volver al islam.
Es cosa conocida, por último, que el gobierno saudí ha condenado
a muerte a muchos shiíes, acusándoles de apostasía, para liberarse de
opositores políticos incómodos. Los ulemas saudíes han proporciona·
do la base teológica para esta medida emitiendo fatwas en que consideran
<<politeístas>> a los shiíes porque <<apelan a Alí en los momentos de
dificultad y de desaliento>> y piden a los musulmanes que no se
casen con ellos ni compren la carne de los animales sacrificados por
ellos''·
¿En qué punto se encuentro el debate sobre la aposta.~ fa en el
mundo islámico?
La verdadero novedad está representada por el hecho de que una
discusión que, por lo general, estaba limitada a círculos restringidos de
intelectuales y de expertos en el derecho, ha empezado a divulgarse
entre la opinión pública y a convertirse también en objeto de discusión
en los medios de comunicación, algo que da la medida de la importancia
asumida por el problema en las sociedades islámicas.
La apuesta, en el plano de los principios, es muy elevada: detrás de
los casos particulares está el problema de la libertad de conciencia.
Pero, si vamos a la raíz, lo que está en juego es una pregunta fundamental:
¿se puede concebir un islam en el que la religión y el Estado
sean distintos?
La condena de la apostasía se justifica a partir de una interpretación
tradicionalista, de tipo literal, del Corán y de la sunna, apoyada y relanzada
por los fundamentalistas. Estos últimos, con una serie de pasos
lógicos, llegan a sostener que someterlo a discusión equivale a dudar
del valor absoluto del Corán. Por consiguiente, criticar este hadd (pena
canónica) tomado del texto sagrado, en nombre de la modernidad,
significa minar los fundamentos de todo el edificio tradicionalista, y
declarar que el Corán ya no es algo dirimente en sentido literal para los
musulmanes en la época moderna. Y, por consiguiente, a fortiori,
tampoco para los que no son musulmanes.
