22-03-2011, 09:36:58
Opi Wrote:Mañana, portada de nuevo con Zougam. Realmente incansables...
Léanlo si todavía no han desayunado, en caso contrario chútense una buena dosis de primperam:
Editorial de El MUndo de hoy:
Quote:Zougam o el más extraño de los culpables
SOMOS conscientes de que habrá personas que podrán sentirse ofendidas por la entrevista que hoy publicamos con Jamal Zougam. Este ciudadano marroquí está condenado en sentencia firme a 42.000 años de cárcel como autor de la masacre del 11-M. Pero, al margen de que hasta el mayor de los criminales debe tener derecho a poder expresarse si lo hace -como es el caso- con corrección y sin ofender a las víctimas, creemos que hay más elementos objetivos a favor de escuchar sus palabras que razones para no hacerlo.
De entrada, no se trata de una entrevista encaminada a excitar el morbo, a diferencia de otras en que, aviesamente, se ha dado voz a delincuentes. El protagonista no forma parte de ninguna organización responsable de actos delictivos ni los reivindica tampoco. Repudió desde el principio los atentados y aún hoy insiste en su inocencia, algo que no encaja en lo que se espera de un fundamentalista islámico. ¿Qué interés puede tener Zougam en declararse inocente cuando su único horizonte es pasarse el resto de su vida entre rejas? Es en este punto donde siguen abiertos muchos interrogantes que ya quedaron sin respuesta en el juicio del 11-M y que hacen albergar dudas razonables sobre el fallo de la Audiencia Nacional.
Si Zougam es el criminal que dice la sentencia estamos ante el primer terrorista de la Historia que en vísperas de protagonizar uno de los mayores atentados jamás cometido visita junto a su pareja el piso que van a compartir cuando se casen; el primero también que ocho horas antes de la matanza, cuando se supone que debería de estar montando las bombas, se ejercita en el gimnasio; el primero que, tras vender en la tienda que regenta las tarjetas telefónicas empleadas para activar las bombas, participa personalmente en su colocación en los trenes; y en fin, el primero que, después de que todos los medios informen de que ha aparecido una mochila sin explotar (y por tanto con una tarjeta que le delata) se queda tranquilamente en su casa en lugar de huir.
Si a ello unimos que la Policía intentó levantar falsos testimonios contra él para demostrar que tenía relación con alguno de los terroristas que a la postre se suicidaron; si tenemos en cuenta también que no se encontraron huellas suyas en ninguno de los escenarios relacionados con los atentados, al contrario de lo que ocurría con todos y cada uno del resto de implicados; y si es un hecho que su condena se fundó sólo en testimonios contradictorios de personas que dijeron haberle visto en los trenes, no es descabellado valorar que existe la posibilidad de que sea inocente. No sería la primera vez que en asuntos relacionados con el terrorismo se condena a las personas equivocadas: el caso de ¡os Cuatro de Guildford y el de los Siete de Maguire son tal vez los más sonados. Y no es baladí su afirmación de que, si le hubieran absuelto, «todo lo ocurrido en el 13 y el 14 de marzo se hubiera caído como un castillo de naipes». Se refiere, claro está, a la explotación política de la masacre.
Esa posibilidad de error judicial da sentido y justifica que la sociedad y los medios de comunicación escuchen la versión de Zougam, quien, por causas no suficientemente aclaradas, lleva siete años en un régimen especial que le mantiene 20 horas al día en aislamiento total.
