22-03-2011, 18:52:18
Casimiro (todo-pillo) también tiene algo que decir
Vamos a ver, so caradura.
Ésto es lo que dice la sentencia.
La sentencia dice que las declaraciones son novedosas, (a ver si te enteras, que las tiene en cuenta, so cara de cemento) pero desestima su importancia porque no le ofrecen cobertura a la hora de los atentados, no porque no hayan declarado antes. Y porque, qué cosas, su hermano, que sí declaró, no dijo nada, como un pajarito (mudo) en las primeras declaraciones.
Bueno, cuando me recupere del cuasi infarto que me da ver lo sinvergüenza que es este tío, algo más contestaré.
Quote:El miembro 'legal' del 'comando 11-M'
Pasa 20 horas al día aislado en su celda. Lleva siete años encerrado. Tiene 37 años y está condenado a 42.000 años de cárcel. Efectivos, debe cumplir 40. Es decir, que recuperará la libertad a los 70 años.
Me parece poca pena si, efectivamente, la persona de la que hablo fuera responsable de la masacre que cubrió de sangre el 11 de marzo de 2004. Para estos casos yo defiendo la cadena perpetua, sin remisión.
Las víctimas han recordado el séptimo aniversario del 11-M (salvo vergonzantes excepciones) volviendo a reclamar verdad y justicia. Mientras exista una sola incógnita, un solo resquicio por el que pueda vislumbrarse alguna pista sobre lo que ocurrió ese día, nuestra obligación, la de todos, es bregar para que el olvido no adormezca nuestra capacidad de asombro, nuestra determinación para que la luz alcance hasta el último rincón de ese enigma que dejó 192 muertos y miles de heridos y alteró la vida de todo un país. Eludir esa responsabilidad sólo puede tener una explicación: el temor a la verdad.
En la víspera del aniversario me entreviste con Aicha y Samira, madre y hermana, respectivamente, de Jamal Zougam, el único condenado como autor material del atentado.
Aicha, empleada de hogar, no desespera en la lucha por defender la inocencia de su hijo. Me recuerda a la madre, emigrante polaca, que protagoniza la película de Henry Hathaway Yo creo en ti (Call Northside 777). Una mujer que, igual que Aicha, dedica su vida a demostrar que su hijo Majcek no es responsable de un asesinato por el que fue condenado gracias a un testimonio falso.
Samira tiene poco más de 30 años. Trabaja en un banco, viste al modo occidental y se empeña, como su madre, en tratar de demostrar que la noche del 10 al 11 de marzo su hermano la pasó en su casa, justo en la habitación que hay enfrente a la suya. Que el mismo día 11, antes de poner la televisión a las 8.15 horas para desayunar en el salón y ver las primeras noticias sobre las explosiones, tuvo que cerrar la alcoba donde Jamal dormía junto a su hermano Mohamed.
«¿Es que no hay Justicia?», me pregunta Aicha con su inconfundible acento marroquí.
Ni Aicha, ni Samira, ni nadie pueden entender cómo el juez Del Olmo rechazó por tres veces tomarles declaración. El magistrado no lo consideró necesario.
Gómez Bermúdez sí llamó a declarar a Aicha durante el juicio oral, pero decidió no tener en cuenta su versión de los hechos porque, según dice en la sentencia, «esas declaraciones son novedosas porque la madre no ha declarado antes en la causa». ¡Como si la culpa de no declarar hubiese sido suya y no del juez instructor!
Pero ésa no es la única incongruencia respecto a Zougam.
El hombre que fue reconocido por una testigo (días después de que su fotografía hubiese sido difundida por los medios de comunicación) como la persona que le rozó con el codo poco antes de que el tren donde viajaban saltara por los aires el día 11 de marzo fue tan torpe como para vender en su propia tienda a los miembros del comando las tarjetas de los móviles que hicieron de detonadores de las bombas.
Sin embargo, en lugar de vender y liberar también los móviles allí mismo (ya puestos a hacer negocio), éstos fueron adquiridos en una tienda de Alcorcón y fueron liberados en el local del ex policía Kalaji, situado cerca de la Plaza Elíptica.
Zougam, no obstante, mostró una gran sangre fría, si atendemos a su forma de comportarse en las horas previas y posteriores a la masacre. El día 10 acudió por la tarde a un piso cercano al barrio de Ventas para alquilarlo, con vistas a trasladarse allí en fechas próximas junto a la que iba a convertirse en su esposa, Ihssane. Y, por la noche, acudió a un gimnasio, sólo unas horas antes de subirse a uno de los trenes para colocar una mochila bomba.
Después de cometer el atentado (siempre según el sumario), se trasladó a su tienda de Lavapiés como si tal cosa. Ese día cerró un poco antes de lo que solía ser habitual y se marchó a su casa, donde comentó con su madre y sus hermanos el drama del atentado y perfiló con su familia detalles de su cercana boda.
Al día siguiente (12 de marzo), se marchó a trabajar como todos los días, sobre las 10.00 horas. Por la tarde, los medios de comunicación ya informaron de la aparición esa madrugada de una mochila con un teléfono móvil. El día 13, esa noticia estaba en la portada de todos los diarios.
El sábado, la portada de EL MUNDO informaba: «La Policía investiga contrarreloj el teléfono y la tarjeta prepago encontrados en la bolsa de deportes que no explotó».
A pesar de que ese dato fue difundido en todos los medios escritos y audiovisuales, Zougam, en lugar de poner pies en polvorosa, ya que las tarjetas habían sido vendidas en su tienda, acudió a ella como si nada, a la espera de ser detenido, como así ocurrió, a primera hora de la tarde del 13 de marzo.
Otros datos de Zougam que no cuadran con el del resto de los implicados en la matanza: durante los días previos no hubo ningún contacto telefónico entre él y sus compinches. ¡Y mira que hablaban por teléfono esos chicos! Zougam tampoco acudió nunca (no han aparecido sus huellas) a la casa alquilada por El Chino en Morata de Tajuña, donde se montaron las bombas. Parece que a él le liberaron de tan desagradable labor. Es más, Zougam tampoco se pasó nunca por el piso de Leganés, donde se refugiaron los demás miembros del comando, grabaron su vídeo reivindicativo y se hicieron picadillo el 3 de abril de 2004 al verse rodeados por la Policía.
Es decir, que Zougam actuó como una especie de miembro legal del comando que cometió el atentado, lo que no suele ser muy habitual en el modus operandi de los grupos islamistas.
Estos datos no sirvieron para que la Policía formulara otras hipótesis, o para que la Fiscalía modificara sus conclusiones, ni mucho menos para que el Tribunal reconsiderara una sentencia que podía haberse venido abajo como un castillo de naipes.
Eduardo García Peña, abogado de Zougam, dice que su defendido no ha parado de insistir en esos argumentos desde que entró en prisión. El letrado ha sido incapaz de sacarle ningún otro dato que arroje luz sobre el atentado. «Es el problema cuando eres inocente. Que no sabes qué sucedió en realidad». No es Zougam el que habla, es Majcek.
Vamos a ver, so caradura.
Ésto es lo que dice la sentencia.
Quote:La defensa ofreció como prueba de descargo la declaración de la madre y el hermano de vínculo sencillo o medio-hermano -según expresión del Código Civil-, Mohamed Chaoui, que regenta con Jamal ZOUGAM el negocio de la calle Tribulete.
Chaoui, declara que su hermano estaba durmiendo a las 9:45 horas del 11 de marzo, y que se levantó y desayunó a las 10, lo que confirma su madre. Ninguno de los dos dijo explícitamente haberlo visto en la cama entre las 6:30 y las 8 horas. Estas declaraciones son novedosas porque la madre no ha declarado antes en la causa y el hermano lo hizo en la policía sin referirse a esta cuestión.
En efecto, Chaoui declaró ante la policía, asistido de abogado, el día 15 de marzo de 2004, sin que hiciera mención alguna a que su hermano estuviera en su casa durmiendo en la mañana del día 11, cuando tenía que saber que había sido detenido con anterioridad por los atentados del 11 de marzo. Además, en la vista se retractó de aquellas contestaciones que en su declaración policial pudieran haber comprometido a su hermano, tales como las relativas a la compra y venta de tarjetas y a donde se guardaban.
La sentencia dice que las declaraciones son novedosas, (a ver si te enteras, que las tiene en cuenta, so cara de cemento) pero desestima su importancia porque no le ofrecen cobertura a la hora de los atentados, no porque no hayan declarado antes. Y porque, qué cosas, su hermano, que sí declaró, no dijo nada, como un pajarito (mudo) en las primeras declaraciones.
Bueno, cuando me recupere del cuasi infarto que me da ver lo sinvergüenza que es este tío, algo más contestaré.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
