04-12-2011, 18:49:38
Evidentemente, me parece terrible que se tomen medidas disciplinarias contra alguien que, en pleno uso de su libertad de expresión, ha enlazado una humorada.
Pero temo que tengo que matizar. Una cosa es una humorada (que, aunque el nombre del autor fuese revelado, no merece en absoluto el castigo que se le ha impuesto) y muy otra la infamia de este señor que se envalentonaba en su anonimato para publicar barbaridades terribles.
Yo creo que al señor Tomás Santos no le sobrevendrá otra consecuencia que el escarnio público de quienes, conociéndole, sabrán ahora que es un energúmeno indecente. Y creo que lo tiene muy bien merecido, de la misma forma que los individuos que amenazan de muerte a periodistas y humoristas creyendo estúpidamente que Twitter les resguarda el anonimato, merecen una pequeña visita de la Guardia Civil.
Internet no es un sitio para refugiarse de lo que no haríamos en la vida cotidiana. Las leyes y los mores son y deberían ser los mismos en la calle que en el mundo virtual. Yo puedo ser anónimo en un bar lejos de casa y decir y hacer barbaridad y media, pero si alguien pilla mi nombre por alguna razón (digamos que se me cae el DNI del bolsillo), no tengo defensa.
Pero temo que tengo que matizar. Una cosa es una humorada (que, aunque el nombre del autor fuese revelado, no merece en absoluto el castigo que se le ha impuesto) y muy otra la infamia de este señor que se envalentonaba en su anonimato para publicar barbaridades terribles.
Yo creo que al señor Tomás Santos no le sobrevendrá otra consecuencia que el escarnio público de quienes, conociéndole, sabrán ahora que es un energúmeno indecente. Y creo que lo tiene muy bien merecido, de la misma forma que los individuos que amenazan de muerte a periodistas y humoristas creyendo estúpidamente que Twitter les resguarda el anonimato, merecen una pequeña visita de la Guardia Civil.
Internet no es un sitio para refugiarse de lo que no haríamos en la vida cotidiana. Las leyes y los mores son y deberían ser los mismos en la calle que en el mundo virtual. Yo puedo ser anónimo en un bar lejos de casa y decir y hacer barbaridad y media, pero si alguien pilla mi nombre por alguna razón (digamos que se me cae el DNI del bolsillo), no tengo defensa.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
