Disfruten:
Y lo que señala Cero07 es cierto. Estos tipos son muy listos y saben cómo llamarte prevaricador sin llamarte prevaricador.
Quote:Un texto obsceno que muestra a un juez "vendido"Le habría ido mejor si hubiera estado dispuesto a "venderse" a El Mundo.
NUESTRO periódico lleva luchando desde su fundación hace más de 22 años para que España sea un auténtico Estado de Derecho, basado en la separación de poderes. Ha habido avances y retrocesos en esta causa, pero nunca nos habíamos encontrado un documento tan obsceno como el que publicamos hoy, que saca a la luz una peligrosa connivencia –o mejor un conchabeo– entre el poder ejecutivo y el judicial.
Hay que precisar que la valía de este documento del Ministerio de Interior radica en que los responsables del departamento nunca creyeron que se fuera a divulgar. Por ello, resulta especialmente sincero y verosímil. Si lo hemos podido conocer es con motivo de un recurso judicial a la concesión de la medalla a Gómez Bermúdez.
Dicho esto, el documento constituye un impagable testimonio de cómo ha concebido el Ministerio del interior regido por Rubalcaba lo que debe ser la relación con los jueces al elogiar la labor de Javier Gómez Bérmudez como presidente del tribunal del 11-M. Concretamente dice que “su papel fue fundamental para reconducir las numerosas divergencias relacionadas con los medios de prueba... no permitiendo que el juicio derivara en derroteros confusos”.
Igualmente, el documento destaca “compromiso con los funcionarios que realizaron la investigación” y subraya que gracias a él los “testimonios” de los mandos policiales “resultaron determinantes”. Más claro no se puede decir. Por esa labor decisiva en apoyo de la versión policial en el juicio sobre el crimen más atroz de la democracia, Bermúdez fue condecorado en septiembre de 2010 con la medalla al mérito policial, que conlleva una pensión vitalicia del 10% de su sueldo.
Hay que recordar ahora las circunstancias en las que se produjo aquel juicio poco antes del cual el propio Gómez Bermúdez prometió a las víctimas y a algunos periodistas que los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que hubieran cometido delitos irían “caminito de Jérez”. No cumplió su compromiso e Interior le premió con una medalla –que debería devolver si tuviera un mínimo de dignidad– por “reconducir” el proceso y lograr que los testimonios de los funcionarios policiales “resultaran determinantes”.
La gravedad de esta parcial conducta, impropia de un juez, es mayor si se consideran algunos pasajes de la sentencia o la forma cómo dirigió los interrogatorios de los dos testigos que han sido determinantes para enviar a Jamal Zougam a la cárcel. Bermúdez reconvino a varios abogados por preguntar por qué la testigo J-70 tardó 11 meses en declarar tras producirse el atentado y por intentar verificar las contradicciones de la testigo C-65. Ahí están los vídeos de las declaraciones que reflejan la actitud del juez, en concordancia con esa manera de dirigir el proceso que tan bien describe Interior.
Como declara hoy Javier Arenas a nuestro periódico, amplios sectores de la sociedad española albergan “dudas” sobre cómo se produjeron los atentados del 11-M, que se han acrecentado estos días por las revelaciones de EL MUNDO. Todo indica que Zougam sirvió para cuadrar la endeble versión policial y eludir esos “derroteros confusos”, que abrían muchas otras hipótesis. Bermúdez supeditó la verdad a los intereses del aparato policial que luego pagó sus servicios y además aprovechó el caso para consolidar su plaza como presidente de la Sala Penal de la Audiencia Nacional, para que su mujer pudiera publicar un libro con información reservada y para ganar él mismo un premio literario por su conocimiento del terrorismo islámico.
El documento que publicamos hoy es la demostración de cómo desde el punto de vista de la policía controlada por Rubalcaba era percibido como un juez parcial y, por ende, prevaricador. Pero este documento es también la prueba de que para que se haga justicia en el 11-M será preciso que haya un nuevo juicio presidido por un magistrado que no esté dispuesto a “venderse” a ningún estamento policial o político.
Y lo que señala Cero07 es cierto. Estos tipos son muy listos y saben cómo llamarte prevaricador sin llamarte prevaricador.
