Yo sí me acordaba de la anécdota entre el juez y el perito, pero no sabía (o no me acordaba) que el perito en cuestión era el ínclito Enrique, perdón Antonio Iglesias.
Pero hay que perdonarle al pobre. Hay que tener en cuenta que, de todos los peritos que declararon en el juicio sobre el asunto de los explosivos, él era el que menos sabía; vamos, que no tenía ni puta idea, y necesitaba aprender. Por un momento pensó que aquello era un simposio de químicos en lugar de un juicio.
Ahora ya sabe mucho de explosivos; tánto, que hasta ha escrito un libro
Pero hay que perdonarle al pobre. Hay que tener en cuenta que, de todos los peritos que declararon en el juicio sobre el asunto de los explosivos, él era el que menos sabía; vamos, que no tenía ni puta idea, y necesitaba aprender. Por un momento pensó que aquello era un simposio de químicos en lugar de un juicio.
Ahora ya sabe mucho de explosivos; tánto, que hasta ha escrito un libro
