12-03-2012, 23:25:25
Un punto destacado por manel que me gustaría recordar para poner de manifiesto, por eneanésima vez, la hipocresía conspiracionista:
Y esto también funciona a la inversa: Todos los "Puffsss... Nitroglicerina", los "Me voy a cagar en los TEDAX..." y otras conversaciones y comentarios privados que Antonio Iglesias, como el vil chivato que todos odiábamos de pequeños, tuvo el mal gusto e indignidad de publicar, NO SIRVEN DE NADA, puesto que es delante del Tribunal cuando hay que presentar las conclusiones. Como hicieron Vega y los demás peritos oficiales.
Si acaso, quien se replantea sus conclusiones y cambia de opinión merece nuestro respeto, pues se comporta como un verdadero científico, de mente flexible y humilde.
Lo contrario de Antonio Iglesias, que contra viento y marea niega hasta los experimentos científicos publicados en revistas internacionales (¡y les puedo jurar que cuesta un huevo y parte del otro publicar por ahí!) y a lo único que se atreve es a contar en panfletos pagados por sus "protectores" chismes y cotorreos para desacreditar a los compañeros a quien no pudo plantar cara durante el juicio. Un borrico. O mejor un mulo, por lo testarudo y protestón.
Quote:Interesa subrayar, de cara a la cuestión que tratamos, que las declaraciones periciales ante el Plenario se consideran parte del informe que se entrega (LECr art. 483). De modo que si uno, en el informe escrito, afirma que considera «altamente probable» que el explosivo de un foco en concreto es Titadyn pero luego, en la ratificación en Sala, a preguntas del magistrado o en controversia con otros peritos, matiza que no es posible saber la marca comercial del explosivo, lo escrito le consta al Tribunal como una opinión personal; el hecho judicial —o científico— a tener en consideración es lo que ha declarado, pues no en vano se trata de su última opinión tras haber sido sometida a crítica. En definitiva, Iglesias, cuando tuvo que hacer valer su criterio, no lo hizo y coincidió con los 7 peritos restantes.
Y esto también funciona a la inversa: Todos los "Puffsss... Nitroglicerina", los "Me voy a cagar en los TEDAX..." y otras conversaciones y comentarios privados que Antonio Iglesias, como el vil chivato que todos odiábamos de pequeños, tuvo el mal gusto e indignidad de publicar, NO SIRVEN DE NADA, puesto que es delante del Tribunal cuando hay que presentar las conclusiones. Como hicieron Vega y los demás peritos oficiales.
Si acaso, quien se replantea sus conclusiones y cambia de opinión merece nuestro respeto, pues se comporta como un verdadero científico, de mente flexible y humilde.
Lo contrario de Antonio Iglesias, que contra viento y marea niega hasta los experimentos científicos publicados en revistas internacionales (¡y les puedo jurar que cuesta un huevo y parte del otro publicar por ahí!) y a lo único que se atreve es a contar en panfletos pagados por sus "protectores" chismes y cotorreos para desacreditar a los compañeros a quien no pudo plantar cara durante el juicio. Un borrico. O mejor un mulo, por lo testarudo y protestón.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
