09-06-2012, 17:04:46
Me escribe Manel para decirme que tiene problemas de conexión y no puede entrar en DL. Me pide que cuelgue de su parte lo siguiente en respuesta al amigo Cero07:
Manel Wrote:Cero07
Sí, fue una pequeña historia que le conté a Donís por correo. Hablamos del atentado de 1993, como indica larean.
24 de febrero de 1993, dos días antes del atentado. Mientras Ramzi Yousef terminaba de conjuntar la compleja carga explosiva, Mohamed Salameh alquiló para una semana una furgoneta Ryder amarilla (una furgoneta de carga similar a las DKW que había entonces en España; i.e. no era como la Kangoo sino más grande). Al día siguiente, Salameh denunció a la policía que se la habían robado, pero en el papeleo de la denuncia escribió una matrícula falsa. De ese modo, la policía buscaría otra furgoneta, no la suya, que podría circular al día siguiente sin temor a percances. Yousef había calculado que la explosión desplomaría la Torre Sur (y si había suerte incluso podría caerse contra la Torre Norte, que también caería); entre eso y la explosión en sí, de la Ryder no quedaría ni el recuerdo de un tornillo. Salameh no tendría de qué preocuparse. Un plan perfecto.
El día 26 al mediodía, aparcaron la Ryder con la carga explosiva junto a una columna maestra de la Torre Sur y pies para que os quiero. Pero las cosas no salieron como esperaban. Aunque la explosión fue colosal (seis muertos [o siete, porque entre ellos había una mujer embarazada], más de 1000 heridos, varias plantas seriamente dañadas), la Torre no se desplomó. Yo estuve allí en septiembre de 1993 y seguían empantanados con reparaciones (el castañazo, según me contaron testigos con los que hablé, fue impresionante. Pero bueno, sigamos). Los del NY Bomb Squad, equivalentes neoyorquinos de nuestros Tedax, localizaron en pocas horas el foco de la explosión y uno de ellos concluyó dos días después que unos determinados restos metálicos procedían de un mismo vehículo, y que ese vehículo era donde se había transportado la bomba. Entre esos restos estaba el número de identificación del chasis (VIN lo llaman allí, por Vehicle Identification Number [o C-VIN, Confidential]). A partir del VIN, averiguaron que se trataba de una Ryder alquilada en Jersey City por un tal Mohamed Salameh, quien había denunciado su robo (indicando mal la matrícula).
Y ahora empieza el número circense. La misma tarde del atentado, Salameh siguió con el plan original y llamó a la agencia de alquiler para recuperar los 400 dólares de la fianza. Les explicó que se la habían robado, que lo había denunciado a la policía y tal. Le respondieron que fuera a la agencia a por unos papeles para rellenar (incluido uno que tenía que visar la policía) y que en una semana o así podrían liquidar el asunto. Mientras se resolvía el papeleo, Salameh visitó varias agencias de viajes comparando precios para un billete para Amsterdam y de hecho compró uno infantil por 80 dólares. Cuando consiguiera la fianza, convertiría el billete infantil en pasaje para adulto. Así que el 4 de marzo volvió a la agencia de alquiler con todo el papeleo en regla para recuperar sus 400 dólares.
Pero claro, ya era pelín complicado que se saliera con la suya. El FBI, nada más saber el 28 de febrero de la Ryder de alquiler utilizada en el atentado, se había puesto en contacto con los de la agencia de aquiler, quienes explicaron que el tal Salameh había ido allí para recuperar la fianza, pero que tenía que volver otra vez con los papeles en regla. Así que cuando Salameh volvió el día 4 de marzo a por la pasta, el FBI le estaba esperando como en las películas: un tío disfrazado de esto, otro de aquello, aquel de allá tosiendo mientras pasea un carro de supermercado lleno de latas vacías para reciclar, coches camuflados por toda la zona y tiradores en todos los tejados próximos. Antes de entrar a por la fianza, contra Salameh no había realmente nada: solo se le podía acusar de haber puesto mal el número de matrícula en la denuncia. Pero en el momento de entrar y acreditar que pedía la fianza por la furgoneta del atentado, no por una imaginaria Ryder con otra matrícula, estaba declarándose culpable.
Pero como el FBI es superlegalista, uno de sus agentes, simulando ser el empleado de la agencia de alquiler que se ocupaba de pérdidas y robos, todavía se entretuvo así como media hora discutiendo con Salameh sobre la cantidad que tenían que pagarle. Estaban grabando la escena, por lo que esperaban sonsacarle información útil para posteriores análisis. Al final, acordaron pagar 250 dólares. Pero Salameh, justo entonces, reclamó 15 dólares más por la gasolina que había echado en la Ryder. Y el del FBI que negociaba simulando ser empleado , en contrapartida, le pidió la llave de la furgoneta por si el robo pudiera ser un timo, o sea que si no traía la llave tenía que descontarle 20 dólares. Total, una escena cómica. Cuando Salameh salió de la agencia de alquiler, los federales se le echaron encima, diez escopetas apuntándole a los morros y tiene usted derecho a guardar silencio bla bla bla. Y a partir de él cayeron todos los miembros de la célula.
Todos menos Ramzi Yousef, el cerebro, un verdadero talento con los explosivos, que la noche del día del atentado había cogido un avión hacia Pakistán. Allí le detuvieron 2 años más tarde después de haber seguido su rastro por todo el sureste asiático. De vuelta en Estados Unidos, cuando volaba sobre Nueva York en un helicóptero del FBI que le trasladaba desde el juzgado a un aeropuesto militar (desde donde partiría hacia la prisión Supermax de Colorado, donde sigue), uno de los US Marshall que le custodiaban le señaló las Torres y dijo: "Ya ves, siguen en pie". Él respondió: "No sería así si hubiéramos tenido más dinero y más explosivos". Su tío Jalid Sheij Mohamed se encargaría el 11 de septiembre de 2001 de darle la razón.
Addenda para peones:
Salameh y todos los demás de la célula de Brooklyn (menos Yousef, que no vivía en EEUU) habían sido investigados y vigilados durante meses por el FBI gracias a las informaciones que les pasaba un confidente egipcio (Emad Salem, ex militar) que llegó a ser guardaespaldas de Omar Abdel Rahman, el jeque ciego. Pero ocho meses antes del atentado, la vigilancia se interrumpió porque consideraron que no representaban un peligro y que el confidente carecía de valor. Después del atentado, sin embargo, el FBI se percató de la gigantesca metedura de pata (hay muchas otras en el caso, igual de grandes o más) y le ofreció un millón de dólares si colaboraba desde el Programa de Protección de Testigos. Semanas de negociaciones. Al final, entre unas cosas y otras, le pagaron un millón y medio de dólares (1.500.000 dólares). Gracias a él, se pudo desmantelar otras células de Brooklyn y detener al jeque ciego.
Y otro día hablaremos del Manual del Perfecto Terrorista Islámico, porque más puteros que Ramzi Yousef y su tío no ha habido nadie.
