Titadyn, el eterno retorno (LV)
Terminé la anterior entrega anticipando una confrontación entre las rotundas afirmaciones de los enemigos de la versión oficial y los hechos sobre el terreno.
Hagamos una simple comprobación, empezando por un caso práctico real, que expondré primeramente despojado de todo elemento identificador. En una determinada fecha, un artefacto explosivo estalló en el cubículo de un cuarto de baño de un aeropuerto, alrededor de las 13:20 horas. Poco después, un guardia de seguridad encontró, en los lavabos de la planta superior, una segunda bomba que explotó a las 14:07. Un hombre de 38 años murió como consecuencia de la primera explosión y otras cinco personas resultaron heridas. He aquí unos extractos del informe sobre explosivos relativo a dicha acción terrorista:
Para despejar dudas, diré que el anterior relato corresponde a un informe de una comisión parlamentaria irlandesa, que tenía por objeto una serie de acciones terroristas en el marco del conflicto norirlandés. Concretamente, los párrafos citados se extraen del documento forense sobre el análisis de unos restos de explosión, recogido en un apéndice del citado informe (pp. 138 y ss.). El atentado se produjo el 29 de noviembre de 1975 en el aeropuerto de Dublín. El 1 de diciembre de ese mismo año, la Belfast Brigade de la UDA (Ulster Defence Association), un grupo paramilitar lealista, reivindicó la acción. El informe sobre los explosivos es posterior a esta fecha y su autor, obviamente, conoce la reivindicación y el contexto. Es ese contexto el que, además de los datos analíticos, le permite hacer las siguientes deducciones, en los lugares que antes señalé con números entre corchetes:
[En su declaración ante la juez Coro Cillán, como querellado (15 de septiembre de 2009), Sánchez Manzano se expresó en los siguientes términos: “los TEDAX dicen dinamita en el foco de la explosión, porque nunca han dicho que en los focos de explosión explosionara Goma 2 Eco, lo que también se ha difundido por ahí. Nunca lo dijeron ni lo han dicho, en aquellos momentos ni después, en ningún informe, ni siquiera oralmente. Entonces, certifica lo que se ha establecido, es que es dinamita en los focos de las explosiones, con lo cual quedan abiertas todas las líneas de investigación. De omisión del deber de investigar delitos, todo lo contrario, lo que hacemos es: oiga investiguen ustedes, investiguen ustedes la dinamita que quieran. No excluimos ni el Titadyne, ni… por supuesto, ¿por qué la vamos a excluir? No excluimos ninguna. […] O sea, que los TEDAX, ni abren ni cierran líneas de investigación. En este caso se aplicó la fórmula que de manera más amplia podía dejar abiertas todas las líneas de investigación.”]
Naturalmente, no hace falta salir de nuestras fronteras para ilustrar estas reflexiones. Y ya que hablamos de aeropuertos…
La T-4. Una vez más
Los conspiracionistas han aducido en multitud de ocasiones el atentado de ETA en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas como un caso que sirve para apuntalar sus alegatos de que en el 11-M todo se hizo mal en materia de investigación de explosivos. Se trata de una idea con una larga tradición, que abordaré en sentido cronológico inverso (aunque en modo alguno exhaustivo), deteniéndome en algunos detalles que merece la pena destacar.
Cerca del octavo aniversario de la masacre, tres peritos independientes compañeros de fatigas del Sr. Iglesias firmaban un artículo en Libertad Digital de inconfundible suspicacia (“Pericial imposible”, LD, 1.3.2012):
La querella contra Sánchez Manzano presentada por De Pablo en julio de 2009 en nombre de la AAV11-M contiene unas apreciaciones semejantes a las que acaban de exponerse (p. 12):
Este párrafo es literalmente idéntico a otro contenido en las páginas 193 y 194 del libro “La Cuarta Trama”, también de De Pablo, publicado en marzo de 2009, y contiene tantas inexactitudes que no es fácil contenerse. En el citado libro (p. 194, nota 6), se añade que:
Hay al menos dos ideas (falsas) que se desprenden inequívocamente del relato del Sr. De Pablo: que los Tedax se vieron impotentes para determinar el tipo de explosivo (o sea, que sus análisis eran una birria, por falta de competencia técnica) y que la Dirección de la Policía vino a corroborar en cierto modo la extalimitación de aquéllos (por falta de competencia jurídica). La mistificación es notable.
El informe de los Tedax sobre la T-4 (cuyo título literal es “Informe previo sobre explosión en el aparcamiento ‘D’ de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas”) lleva fecha de 18 de enero de 2007, aunque no se remitió al juez instructor hasta el 30 de enero (un mes después del atentado), dato que no ha preocupado en absoluto a quienes se han obsesionado con los supuestos retrasos en la comunicación de informes sobre explosivos en el caso del 11-M. Entre otras conclusiones, el citado informe incluía la siguiente (p. 38):
El caso es que la argumentación de la querella y del libro del Sr. De Pablo bebía de la fuente habitual. En efecto, El Mundo había llevado a su portada de 1.2.2007 que “Interior afirma que la Policía Científica es la única «unidad competente» para analizar explosivos” y añadía, con redacción nada inocente, que “La Dirección General de la Policía descalifica en un comunicado el informe de los ‘Tedax’ sobre la T-4”.
En páginas interiores la noticia afirmaba que el comunicado del Ministerio dirigido por Rubalcaba del día anterior, 31 de enero, “corregía” el informe de los Tedax, ponía de manifiesto “un nuevo episodio de descoordinación entre diferentes unidades policiales” e incidía “en el error de los autores del informe”:
Los periodistas no imaginaron ninguna interpretación más serena: por ejemplo, que la nota de Interior no fuera más que una aclaración exenta de regañina alguna, precisamente para evitar malentendidos. Ocurre que, sin que aparentemente ningún crítico se haya querido enterar, poco antes del atentado de la T-4 se produjo un cambio organizativo que se recoge en el ya mencionado Oficio de 26.1.2009 remitido a la juez que conoció de la demanda de Sánchez Manzano contra El Mundo:
Esos “informes preliminares, no concluyentes” de los que se dio cuenta el 13 de enero de 2007 por parte de las autoridades, se mencionaron en diversos medios, incluido El Mundo, al día siguiente, 14 de enero de 2007. En este último artículo, firmado por Manuel Marraco, se reproducía la referencia al “amonal o amosal” con el añadido del hexógeno, pero introduciendo ya desde la portada un sesgo claramente equívoco: “ETA usó en el atentado un explosivo militar que contenía metenamina”. En el cuerpo del artículo, se insistía:
También es interesante señalar que el artículo de El Mundo de 14 de enero de 2007 advertía sobre la falta de datos cuantitativos, circunstancia aceptada entonces con absoluta normalidad, pero no así en el caso de los focos del 11-M. Un breve editorial de ese mismo día indicaba:
En su declaración como querellada ante la juez instructora (10.8.2009), la perito 17.632 también invocó los análisis de la T-4 para destacar que no eran mejores que los proporcionados por ella misma, además de explicar el cambio organizativo:
Pero este asunto nos ofrece además otro episodio esperpéntico, muy ilustrativo de la falta de rigor con la que se conduce el perito preferido de los críticos de la versión oficial. En efecto, en su declaración de 21.10.2009 ante la juez Coro Cillán, instructora de la querella contra Sánchez Manzano, Antonio Iglesias protagonizó el siguiente intercambio:
No se vayan todavía, que aún hay más
Y, en relación con explosivos de uso militar y su identificación, al hilo del hexógeno, no acaban aquí las incongruencias del perito Iglesias y sus socios. Se recordará de entregas anteriores que la prensa amiga de conspiraciones acusó a Sánchez Manzano (también falsamente) de haber “deducido” que en los trenes se usó Goma 2 ECO a partir de las muestras de explosivo intacto, no a través del análisis de los focos de explosión. De ello se hizo la habitual escandalera: las deducciones no eran aceptables; sólo valían los análisis químicos. En cambio, ¿qué ocurre cuando se trata de explosivos militares, tan del gusto de ciertos comentaristas? Entonces los criterios de evaluación se alteran.
Manuel Marraco, el mismo que en su día inició el bulo según el cual “El ex jefe de los artificieros admitió que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una mera «deducción»” (EM, 15.3.2007), no encontraba objetable un par de años más tarde que el amigo perito hiciera sus propias “deducciones”. Así, el día en que se inició la excitante reseña del Informe Iglesias (EM, 11.5.2009), dicho periodista indicaba:
Pues bien, en “Titadyn” (pp. 420-421), el perito Iglesias da una nueva muestra de la falta de seriedad con la que ejerce su papel, tanto científico como en el marco de un procedimiento judicial. Así, en relación con el punto de la sentencia que acaba de citarse, señala:
Por supuesto, para empezar, ya es objetable que se pretenda pasar de la metenamina al hexógeno, cuestión a la que ya he aludido y en la que no voy a insistir. Pero es que resulta que el hexógeno (“cuyo precursor es la metenamina”) es tan componente del Semtex como de al menos otros 17 explosivos distintos que el propio perito Iglesias enuncia en las páginas 75 y 76 de “Titadyn”. ¿De qué chistera se saca entonces la denominación de ese concreto explosivo a partir de la metenamina? ¿Por qué no los otros 17? ¿Se imaginan que esto fuera un auténtico dictamen pericial presentado a un tribunal?
El aparente deseo de complacer a sus patrocinadores mediáticos o la mera dependencia de sus adivinables fuentes de información desembocan en un ejercicio de negligencia intelectual clamorosa. Que la presencia de explosivo militar deba deducirse “del examen de los daños producidos en los trenes” y la conveniencia de haber realizado “una prueba pericial balística” [sic] se parece demasiado a las continuas (y tergiversadas) declaraciones en las que se basó desde el principio la sospecha de algunos comentaristas de que se había utilizado algún tipo de explosivo militar y a la correlativa exigencia de que se hicieran simulaciones con distintos explosivos en los trenes. Y la inexplicablemente concreta referencia al Semtex se parece también demasiado a las suspicacias de rigor que en su día se basaron en la noticia según la cual “un mes después del 11-M, se incautaron a ETA 100 kilos de explosivo militar como el que pudo usarse en los trenes”: precisamente, Semtex (LD, 27.3.2006). En el mismo sentido, Manuel Marraco (EM, 23.9.2006) informó de que un grupo de víctimas (con el respaldo de la AAV11-M) pedía “que expertos en explosivos aclaren ante el juez si es relevante que al día siguiente de la explosión de Leganés la Policía francesa se incautase de 100 kilos de Semtex, «la versión checa del explosivo militar C4, precisamente el que, según el jefe provincial de los Tedax se empleó en el 11-M».” La despreocupada e incongruente insidia es ya conocida.
Terminé la anterior entrega anticipando una confrontación entre las rotundas afirmaciones de los enemigos de la versión oficial y los hechos sobre el terreno.
Hagamos una simple comprobación, empezando por un caso práctico real, que expondré primeramente despojado de todo elemento identificador. En una determinada fecha, un artefacto explosivo estalló en el cubículo de un cuarto de baño de un aeropuerto, alrededor de las 13:20 horas. Poco después, un guardia de seguridad encontró, en los lavabos de la planta superior, una segunda bomba que explotó a las 14:07. Un hombre de 38 años murió como consecuencia de la primera explosión y otras cinco personas resultaron heridas. He aquí unos extractos del informe sobre explosivos relativo a dicha acción terrorista:
Quote:Recibí […] las ropas de la víctima de la explosión y residuos de la superficie del cuerpo. También recibí restos y escombros de ambos escenarios en el aeropuerto…Los números entre corchetes indican unas líneas que he suprimido y que seguidamente referiré, pero hagámonos, primeramente, el mismo tipo de preguntas que plantean los conspiracionistas. Ante el hallazgo de nitroglicerina, nitrocelulosa y nitrato amónico, con solo “cruzar ingredientes”, ¿qué marca precisa de explosivo debemos suponer que se utilizó? ¿Se habría atrevido el Sr. Iglesias a dictaminarlo con la rotundidad que muestra en el caso del 11-M, sin más datos que ese escueto listado? Es difícil pensar que alguien dotado de un mínimo de prudencia se atrevería a tanto, mucho menos en funciones de perito judicial, pero esta última no es una cualidad que abunde entre los críticos de la versión oficial.
Encontré trazas de nitroglicerina, nitrocelulosa en las ropas y también gránulos ennegrecidos de nitrato amónico. […] [1]
También encontré trazas de ésteres nitrados y nitrato amónico en los escombros de los lavabos de la planta baja […] [2].
Cuando examiné los escombros del lavabo situado en la planta superior, detecté nitroglicerina, nitrocelulosa y gránulos de nitrato amónico […].
[3]
Para despejar dudas, diré que el anterior relato corresponde a un informe de una comisión parlamentaria irlandesa, que tenía por objeto una serie de acciones terroristas en el marco del conflicto norirlandés. Concretamente, los párrafos citados se extraen del documento forense sobre el análisis de unos restos de explosión, recogido en un apéndice del citado informe (pp. 138 y ss.). El atentado se produjo el 29 de noviembre de 1975 en el aeropuerto de Dublín. El 1 de diciembre de ese mismo año, la Belfast Brigade de la UDA (Ulster Defence Association), un grupo paramilitar lealista, reivindicó la acción. El informe sobre los explosivos es posterior a esta fecha y su autor, obviamente, conoce la reivindicación y el contexto. Es ese contexto el que, además de los datos analíticos, le permite hacer las siguientes deducciones, en los lugares que antes señalé con números entre corchetes:
Quote:[1]: Dichos compuestos químicos se hallan en altos explosivos del tipo gelignita…
Quote:[2]: … lo que apunta a un explosivo del tipo gelignita.
Quote:[3]: La detección de nitroglicerina, nitrocelulosa y gránulos de nitrato amónico en los focos de ambas bombas indica que se usó un explosivo del tipo gelignita, tal como Frangex u Open Cast Gelignite.Fijémonos en que el experto habla de un “tipo” de explosivo genérico (“tipo gelignita”), con expresiones cautelosas (“apunta”, “indica”) y, cuando menciona marcas (“Frangex u Open Cast Gelignite”) lo hace a título de ejemplo de explosivos que se encuentran dentro de ese tipo general. Lo cual no se diferencia en absoluto de decir que en los trenes del 11-M explotó un explosivo del tipo dinamita (y podemos añadir: tal como Titadyn o Goma 2 ECO).
[En su declaración ante la juez Coro Cillán, como querellado (15 de septiembre de 2009), Sánchez Manzano se expresó en los siguientes términos: “los TEDAX dicen dinamita en el foco de la explosión, porque nunca han dicho que en los focos de explosión explosionara Goma 2 Eco, lo que también se ha difundido por ahí. Nunca lo dijeron ni lo han dicho, en aquellos momentos ni después, en ningún informe, ni siquiera oralmente. Entonces, certifica lo que se ha establecido, es que es dinamita en los focos de las explosiones, con lo cual quedan abiertas todas las líneas de investigación. De omisión del deber de investigar delitos, todo lo contrario, lo que hacemos es: oiga investiguen ustedes, investiguen ustedes la dinamita que quieran. No excluimos ni el Titadyne, ni… por supuesto, ¿por qué la vamos a excluir? No excluimos ninguna. […] O sea, que los TEDAX, ni abren ni cierran líneas de investigación. En este caso se aplicó la fórmula que de manera más amplia podía dejar abiertas todas las líneas de investigación.”]
Naturalmente, no hace falta salir de nuestras fronteras para ilustrar estas reflexiones. Y ya que hablamos de aeropuertos…
La T-4. Una vez más
Los conspiracionistas han aducido en multitud de ocasiones el atentado de ETA en el aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas como un caso que sirve para apuntalar sus alegatos de que en el 11-M todo se hizo mal en materia de investigación de explosivos. Se trata de una idea con una larga tradición, que abordaré en sentido cronológico inverso (aunque en modo alguno exhaustivo), deteniéndome en algunos detalles que merece la pena destacar.
Cerca del octavo aniversario de la masacre, tres peritos independientes compañeros de fatigas del Sr. Iglesias firmaban un artículo en Libertad Digital de inconfundible suspicacia (“Pericial imposible”, LD, 1.3.2012):
Quote:Un elemento esencial de cualquier atentado es el explosivo utilizado y, pese a la sentencia, sigue siendo impedida su identificación, transcurridos casi ocho años del día de autos. En contraposición al 11-M, en el atentado de la T-4, pese a conocerse los autores y contra la adversidad para realizar unas tomas de muestras entre toneladas de escombros para analizar los explosivos, se pudo determinar su naturaleza. Fueron los mismos Tedax y la misma Policía Científica los que obtuvieron resultados tan distintos. ¿No habrá alguna razón inconfesable para que así sea?Prescindiendo ahora de las pintorescas atribuciones de intención, sigue siendo llamativa la insistencia con la que, desde las filas de los dudantes, se confunde la cuestión de la “marca” de un explosivo y la del “tipo” o “naturaleza” de éste. Es obvio que el laboratorio de los Tedax determinó la naturaleza o tipo del explosivo empleado en los trenes del 11-M el mismo día del atentado: dinamita. Enseguida veremos hasta qué punto es incierto que ello difiera de lo averiguado en el caso de la T-4.
La querella contra Sánchez Manzano presentada por De Pablo en julio de 2009 en nombre de la AAV11-M contiene unas apreciaciones semejantes a las que acaban de exponerse (p. 12):
Quote:Los TEDAX, tras analizar los vestigios de la T-4 en su laboratorio, informaron al Juez de que les era imposible conocer el tipo de explosivo utilizado en la T-4. Pocos días después, la Policía Científica aseguraba al mismo Juez que la bomba de la T-4 estaba compuesta por amonal o amosal con metenamina. Obviamente, el Laboratorio de los TEDAX, mediante su rápido y urgente análisis, no había sido capaz de identificar el tipo de explosivo, mientras que el laboratorio de la Policía Científica, con muchas más técnicas analíticas y mejores medios humanos y materiales, tras unos análisis más lentos pero también más precisos, pudo ser más concluyente y establecer que en la T-4 había explosionado un artefacto que contenía amonal o amosal y metenamina.
Este párrafo es literalmente idéntico a otro contenido en las páginas 193 y 194 del libro “La Cuarta Trama”, también de De Pablo, publicado en marzo de 2009, y contiene tantas inexactitudes que no es fácil contenerse. En el citado libro (p. 194, nota 6), se añade que:
Quote:El 31 de enero de 2007, la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil remitió un informe al juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, encargado de la investigación sobre los atentados de la T-4, en el que explicaba que si bien el primer informe remitido al juez por los TEDAX establecía la imposibilidad de conocer el tipo de explosivo empleado, la unidad competente para determinar cuál es el tipo de explosivo no es la de los TEDAX, sino la Policía Científica.Se observa, pues, una nueva incursión en el proceloso terreno de los protocolos policiales, que tantas noches sin dormir han prodigado a algunos comentaristas.
Hay al menos dos ideas (falsas) que se desprenden inequívocamente del relato del Sr. De Pablo: que los Tedax se vieron impotentes para determinar el tipo de explosivo (o sea, que sus análisis eran una birria, por falta de competencia técnica) y que la Dirección de la Policía vino a corroborar en cierto modo la extalimitación de aquéllos (por falta de competencia jurídica). La mistificación es notable.
El informe de los Tedax sobre la T-4 (cuyo título literal es “Informe previo sobre explosión en el aparcamiento ‘D’ de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas”) lleva fecha de 18 de enero de 2007, aunque no se remitió al juez instructor hasta el 30 de enero (un mes después del atentado), dato que no ha preocupado en absoluto a quienes se han obsesionado con los supuestos retrasos en la comunicación de informes sobre explosivos en el caso del 11-M. Entre otras conclusiones, el citado informe incluía la siguiente (p. 38):
Quote:Que la cantidad de explosivo no se puede determinar, dado que a fecha de hoy no se tiene conocimiento del tipo de explosivo empleado.Lo que los Tedax están diciendo es eso mismo: que a ellos no les consta el tipo de explosivo en el momento de redactar su informe. No lo conocen oficialmente y, por tanto, no lo pueden hacer constar en su informe oficial. Pero la razón no es su incapacidad técnica; si lo desconocían era simplemente porque ellos no habían realizado ningún análisis; y, si no habían realizado ningún análisis, era porque, de hecho, la unidad competente para realizarlos era la Policía Científica... en ese momento. Frente a lo que pueda parecer, esto no es ninguna concesión de victoria a las manidas protestas conspiracionistas sobre los protocolos, como enseguida veremos.
El caso es que la argumentación de la querella y del libro del Sr. De Pablo bebía de la fuente habitual. En efecto, El Mundo había llevado a su portada de 1.2.2007 que “Interior afirma que la Policía Científica es la única «unidad competente» para analizar explosivos” y añadía, con redacción nada inocente, que “La Dirección General de la Policía descalifica en un comunicado el informe de los ‘Tedax’ sobre la T-4”.
En páginas interiores la noticia afirmaba que el comunicado del Ministerio dirigido por Rubalcaba del día anterior, 31 de enero, “corregía” el informe de los Tedax, ponía de manifiesto “un nuevo episodio de descoordinación entre diferentes unidades policiales” e incidía “en el error de los autores del informe”:
Quote:Así, según explicó ayer Interior, el día 13 de enero, cuando se informó sobre la composición de la bomba de Barajas, se facilitaron informes preliminares, no concluyentes, sobre los análisis de la Policía Científica. Ahora, los responsables de la investigación están elaborando el informe final y concluyente que, según consta en la nota oficial de Interior, no se aparta de los datos apuntados el día 13. «Las conclusiones iniciales están plenamente confirmadas». «Las primeras conclusiones de la investigación», añade la nota, «determinaron que la organización terrorista ETA utilizó una mezcla de explosivos: uno de naturaleza inorgánica, con una base de nitratos, del tipo amonal o amosal, y un segundo, hexógeno, como multiplicador del efecto detonante, con el fin de aumentar el poder destructivo».Por cierto, una vez más, nadie objetó nada por el hecho de que el informe definitivo no se elaborara hasta cinco o seis semanas después de los hechos, según la información de El Mundo. La situación es aún más interesante si tomamos como referencia la fecha que da la propia sentencia de la Audiencia Nacional sobre la T-4 (de 21.5.2010), que, en relación con los explosivos, habla del “informe de 12 de julio de 2007”.
La nota del Departamento de Pérez Rubalcaba añade que la Policía Científica [...] en los próximos días enviará al juez Pedraz su informe definitivo sobre los explosivos [...]. «[La Unidad Tedax] no es la encargada de la elaboración de los informes relativos a la composición de los explosivos que pudieron ser utilizados en el atentado».
Los periodistas no imaginaron ninguna interpretación más serena: por ejemplo, que la nota de Interior no fuera más que una aclaración exenta de regañina alguna, precisamente para evitar malentendidos. Ocurre que, sin que aparentemente ningún crítico se haya querido enterar, poco antes del atentado de la T-4 se produjo un cambio organizativo que se recoge en el ya mencionado Oficio de 26.1.2009 remitido a la juez que conoció de la demanda de Sánchez Manzano contra El Mundo:
Quote:Se significa que por Orden de la Superioridad desde octubre de 2006, todas las analíticas referidas a explosivos, se realizan en los laboratorios de la Comisaría General de Policía Científica.Así de sencillo: los Tedax desconocían oficialmente el tipo de explosivo porque la unidad entonces encargada de su análisis (desde octubre de 2006) no había elaborado su informe definitivo al respecto. En modo alguno estaban transmitiendo su incapacidad para determinarla ellos mismos con sus medios tercermundistas.
Esos “informes preliminares, no concluyentes” de los que se dio cuenta el 13 de enero de 2007 por parte de las autoridades, se mencionaron en diversos medios, incluido El Mundo, al día siguiente, 14 de enero de 2007. En este último artículo, firmado por Manuel Marraco, se reproducía la referencia al “amonal o amosal” con el añadido del hexógeno, pero introduciendo ya desde la portada un sesgo claramente equívoco: “ETA usó en el atentado un explosivo militar que contenía metenamina”. En el cuerpo del artículo, se insistía:
Quote:En su composición aparece una sustancia, la metenamina, que también fue identificada en dos análisis relacionados con los atentados del 11 de Marzo y que no formaba parte de la Goma 2 que supuestamente estalló en los trenes.Y añadía:
Quote:El hexógeno también ha aparecido en la investigación del último atentado con muertos anterior al de Barajas, el del 11 de Marzo. En los análisis del explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá aparecieron restos de metenamina, ajena a la Goma 2 ECO robada en Asturias.Equiparar el hexógeno con uno de sus precursores (la metenamina) y tratar de establecer una relación entre el 11-M y el atentado de la T-4 a partir de una sustancia que, en realidad, no se halló en el segundo caso (encontrar hexógeno no es lo mismo que detectar metenamina), es muy poco riguroso. Si repasamos las citas de De Pablo en su querella y en su libro antes reproducidas, vemos cómo este letrado da un paso más allá y afirma directamente que en el atentado de Barajas “había explosionado un artefacto que contenía amonal o amosal y metenamina”. Una inexactitud flagrante (y me atrevería a decir que escandalosa) para alguien tan preocupado por supuestos falsos testimonios.
También es interesante señalar que el artículo de El Mundo de 14 de enero de 2007 advertía sobre la falta de datos cuantitativos, circunstancia aceptada entonces con absoluta normalidad, pero no así en el caso de los focos del 11-M. Un breve editorial de ese mismo día indicaba:
Quote:Interior asegura que es imposible saber con certeza tanto el volumen del explosivo como la proporción de la mezcla.Esto es relevante para lo que viene a continuación. En anteriores entregas me demoré en el análisis de las portadas de El Mundo de los días 21 y 23 de enero de 2007. En la primera se anunciaba que “Manzano admite que no se hizo ningún análisis ‘científico’ del explosivo del 11-M” y, en la segunda, el titular era que “El Tribunal ordenará repetir los análisis de explosivos del11-M”. Ambas cuestiones se habían relacionado en el diario vinculándolas a la supuesta incapacidad (o falta de voluntad) de los Tedax para determinar los componentes del explosivo utilizado en los trenes y, en última instancia, la marca de éste. Como se recordará, en respuesta a la supuesta exclusiva de 21 de enero, Sánchez Manzano emitió un comunicado, a través de su sindicato policial, de 22 de enero de 2007. En lo que ahora nos incumbe, el Jefe de los Tedax hacía la siguiente puntualización:
Quote:Por desgracia no es siempre lo que se quiere y sí casi siempre lo que se puede y en el caso de los análisis de los restos de explosión del 11-M, no se han podido determinar componentes completos y proporciones de los mismos, siendo imposible obtener otros resultados más precisos que los emitidos en el informe elaborado en su día por el Servicio Central de Desactivación de Explosivos; al igual que ha sucedido en los realizados en el atentado en la T-4 del Aeropuerto de Barajas por Policía Científica donde sólo ha sido posible detectar los componentes genéricos de los explosivos amosal o amonal, sin poder discriminar cual de ellos, del mismo modo que sólo se ha podido determinar Hexógeno, sin precisar marca o fabricante.Esta explicación fue objeto de repulsa por los medios habituales. En particular, un editorial de El Mundo del día siguiente (23.1.2007) objetaba:
Quote:Colocado ante sus propias contradicciones, Sánchez Manzano trata de contraatacar con una retahíla de mentiras y medias verdades. En primer lugar, cita el caso de la bomba de la T-4 como ejemplo de que no siempre es posible conocer los componentes completos que explotan en un atentado. Sin embargo, es justo al contrario: en Barajas sí se ha determinado la naturaleza del explosivo –una mezcla de amonal o amosal y hexógeno– y, lo que es más importante, los análisis los ha realizado la Policía Científica y no el rudimentario laboratorio de los Tedax, como sorprendentemente ocurrió en el 11-M.Eso que el diario considera “más importante” tiene como simple razón el cambio introducido en octubre de 2006, fecha a partir de la cual la competencia para el análisis de los explosivos queda residenciada únicamente en la unidad de Policía Científica. Por lo demás, se observa aquí la tantas veces señalada ofuscación consistente en confundir naturaleza o tipo de explosivo y concreta marca comercial, que también afectaba al artículo de los peritos independientes de 1 de marzo de 2013 citado más arriba. Pero, si atendemos a la explicación de Sánchez Manzano, es difícil no darle la razón. En el 11-M no se pudieron detectar componentes completos y proporciones de éstos. ¿Y en la T-4? Ya sabemos, y así lo admite El Mundo sin reparos, que no se podían dar proporciones de lo empleado en el aeropuerto. Y, si no se ha podido distinguir entre amonal y amosal (que, además, se enuncian a título ilustrativo: “una base de nitratos, del tipo amonal o amosal”), por un lado, ni ir más lejos de un genérico “hexógeno”, por otro, ¿en qué se diferencia ese tipo o naturaleza de explosivo de la genérica “dinamita” determinada por los Tedax en el caso del 11-M? Nótese, además, que la conclusión de la Policía Científica es aún más imprecisa si atendemos a la conclusión ofrecida por la propia sentencia de la T-4, según la cual:
Quote:La causa de la deflagración se evidencia por el informe de los expertos en el análisis de los restos explosivos, funcionarios de la Comisaría General de Policía Científica, Laboratorio Químico, facultativo 47, inspector 81642 y contratado 9278365. El explosivo consistía en una mezcla artesanal que no se comercializa y la carga principal estaba compuesta de nitrato amónico, (el informe de 12 de julio de 2007 obra a los folios 1.734 y siguientes del Sumario).[Por cierto, el facultativo 47 no es otro que Alfonso Vega, director de la pericial de explosivos del 11-M]
En su declaración como querellada ante la juez instructora (10.8.2009), la perito 17.632 también invocó los análisis de la T-4 para destacar que no eran mejores que los proporcionados por ella misma, además de explicar el cambio organizativo:
Quote:Letrada de la Defensa: [...] En la T-4, ¿por qué han hecho los análisis de la T-4 Policía Científica y no Tedax?Las razones por las que, durante años, este caso de la T-4 se ha contrapuesto con insistencia al del 11-M se me escapan.
Perito 17632: La T-4, si no me confundo fue...
Letrada de la Defensa: Diciembre del 2006.
Perito 17632: Fue el 30 de diciembre del 2006. En octubre, no sé la fecha, del 2006, octubre anterior, recibimos la orden de la superioridad de que no se haga ningún tipo de analítica en el laboratorio de [Tedax], que se mande todo a Policía Científica. Y en cumplimiento de esa orden, evidentemente, en diciembre no se podían estar haciendo analíticas y nosotros no las hacíamos.
Letrada de la Defensa: Y en la T-4, ¿ha conseguido Policía Científica determinar la marca del explosivo utilizado, el nombre comercial del explosivo utilizado?
Perito 17632: Yo los datos que encuentro son “explosivos a base de nitratos”, no sé qué explosivo a base de nitratos pueda ser. Es lo normal, si no se ha encontrado amonio o no se ha encontrado potasio, no se ha encontrado un catión, pues tiene que decir nitratos, pues tiene que decir nitratos.
Letrada de la Defensa: Pero ¿le han dado nombre comercial?
Perito 17632: No ha podido dar nombre comercial, y en el explosivo orgánico que dicen que está, dicen “hexógeno” y tampoco le ponen el nombre que tendría, es un explosivo militar, el país que lo hubiera fabricado, para nada. Es que no se puede.
Letrada de la Defensa: No se puede, no han podido tampoco en la T-4 Policía Científica.
Perito 17632: Es que no se puede si desaparecen los aditivos.
Pero este asunto nos ofrece además otro episodio esperpéntico, muy ilustrativo de la falta de rigor con la que se conduce el perito preferido de los críticos de la versión oficial. En efecto, en su declaración de 21.10.2009 ante la juez Coro Cillán, instructora de la querella contra Sánchez Manzano, Antonio Iglesias protagonizó el siguiente intercambio:
Quote:Letrada de la Defensa: ¿Usted conoce si en algún análisis de alguna explosión en España se ha podido determinar la marca comercial del explosivo?¿Por dónde empezar? Según el perito Iglesias, lo que se halló en la T-4 fue “C-3”. Es dudoso que el C-3 sea en sí mismo una marca y no un tipo, pero lo grave es cuando, ante la evidente corrección de que lo detectado fue realmente hexógeno, se descuelgue con un estupefaciente: “el hexógeno es sinónimo de C-3”. El hexógeno no es, ni mucho menos, un “sinónimo” de C-3. Para esto no hace falta doctorarse en explosivos. Cualquier referencia al alcance del más distraído investigador permite salir de dudas. De hecho, y esto es lo más patético, quien desmiente al Iglesias testigo de cargo ante el juez es el Iglesias autor de “Titadyn”. Así, en la página 71 de su libro, el perito de marras nos informa:
Antonio Iglesias: Pues mire, si me fío por la prensa todas las noticias que hay de explosiones al final han identificado una marca, sin ir más lejos la de la T-4.
Letrada de la Defensa: La T-4. ¿Sabe usted qué es lo que analizaron?
Antonio Iglesias: No intervine en la T-4.
Letrada de la Defensa: ¿Y usted sabe qué es lo que determinaron? ¿Usted sabe si en la T-4 determinaron el tipo de explosivo o la marca comercial?
Antonio Iglesias: Determinaron un tipo de explosivo que podía estar cercano a una marca comercial.
Letrada de la Defensa: ¿Y usted sabe qué tipo de explosivo?
Antonio Iglesias: Sí, fue el C-3.
Letrada de la Defensa: No, fue el hexógeno.
Antonio Iglesias: ¿Eh?
Letrada de la Defensa: Fue hexógeno.
Antonio Iglesias: Es que el hexógeno es un sinónimo de C-3.
Letrada de la Defensa: No, no es un sinónimo. Hexógeno...
Sra. Juez: Vamos a ver...
Letrada de la Defensa: Señoría, estoy intentando aclarar...
Sra. Juez: Señora letrada, el químico es él y el perito es él, usted sabrá Derecho. Entonces, no le contradiga todo lo que está diciendo, porque el que ha estudiado una licenciatura en Ciencias Químicas es este señor, el señor Iglesias. Y ni usted ni yo creo que hemos estudiado Ciencias Químicas, lo que hemos podido aprender es el bachillerato.
Quote:El RDX es un explosivo […] conocido también con los nombres de ciclotrimetilenotrinitramina, exógeno, ciclonita y T4, [y] es uno de los más importantes explosivos militares utilizados en la actualidad.Según él mismo en su libro, pues, el RDX es sinónimo de hexógeno (a veces también escrito “exógeno”). ¿Pero es lo mismo “hexógeno” (es decir, RDX), que “C-3”? En las páginas 75 y 76, Antonio Iglesias ofrece un listado de “explosivos de uso militar” que incluye hasta 17 denominaciones en cuya composición entra el RDX (hexógeno) como componente. En particular (p. 75):
Quote:[…]Esto significa que el hexógeno (o sea, el RDX) es un componente del C-3, pero no es, no puede ser, “sinónimo de C-3”. Eso lo sabe este químico a la hora de publicar su libro; pero, unos meses más tarde, a la hora de declarar como testigo de cargo en un proceso que busca la cárcel para dos policías, no tiene empacho en demostrar su incuria. Ello resulta especialmente sangrante en contraste con el tratamiento que se dispensó en su día a Sánchez Manzano a cuenta de su desliz al mencionar la nitroglicerina. Recuérdese que, cuando este mando policial aclaró que todo había sido un error al asociar la dinamita con la nitroglicerina, sus críticos tergiversaron sus palabras para atribuirle (falsamente) una equivalencia de “nitroglicerina como sinónimo de dinamita” (Pedro J. dixit). Todos los autores conspiracionistas han agitado repetidamente ese muñeco de paja, haciendo escarnio de Sánchez Manzano. Y aquí tenemos a un perito químico que no sólo se contradice a sí mismo, sino que hace exacta y literalmente eso que se imputaba falazmente al Jefe de los Tedax: tomar la parte por el todo, confundir un componente con el compuesto: “Es que el hexógeno es un sinónimo de C-3”. Para colmo, lo hace en sede judicial y con el beneplácito de una juez cuya actuación no puede dejarse sin comentario. Y es que, ante las flagrantes inexactitudes del declarante y las comprensibles réplicas de la abogada del querellado… ¡la juez manda callar a la defensa!: No le contradiga usted, que él es el que sabe de química. Pues, si eso es lo que sabe, estamos aviados. Pero, claro, ¿dónde se ha visto que un abogado defensor pretenda rebatir a un testigo de cargo? Por desgracia, en este asunto, ni la actuación del perito Iglesias ni la de la juez instructora son anécdotas aisladas. Y, sin embargo, los mismos periodistas que escudriñaban el pasado y el presente del juez Del Olmo para resaltar sus pretendidas incapacidad y negligencia, son los que ignoran (o dulcifican) los clamorosos antecedentes de “la valerosa juez Coro Cillán” (López Brú, 2013: 117), para ensalzar la “tenacidad” (EM, editorial, 11.2.2012) y “la rigurosa investigación” (EM, editorial, 15.3.2011) de esta “juez sin miedo” (LD, 5.10.2011), “tenaz y competente” (PJ, EM, 18.9.2011); los mismos que trituran en sus medios al instructor del 11-M, son quienes denuncian la supuesta persecución (Losantos, EM, 11.2.2012) de que es objeto la instructora de la querella contra Sánchez Manzano, cuando se inicia contra ella (por un asunto no relacionado con el 11-M) un procedimiento por prevaricación por el que ha sido suspendida de sus funciones (al respecto véase un artículo de Manel Gozalbo de 25.10.2012).
5. Composición C-l: RDX + plastificante.
6. Composición C-2: RDX + TNT + DNT + MNT + NC + dimetilformamida.
7. Composición C-3: RDX + TNT+ DNT+ MNT + Tetryl + NC.
8. Composición C-4: RDX + pliisobutileno + di(2-etilhexil) sebacato + fuel-oil.
[…]
No se vayan todavía, que aún hay más
Y, en relación con explosivos de uso militar y su identificación, al hilo del hexógeno, no acaban aquí las incongruencias del perito Iglesias y sus socios. Se recordará de entregas anteriores que la prensa amiga de conspiraciones acusó a Sánchez Manzano (también falsamente) de haber “deducido” que en los trenes se usó Goma 2 ECO a partir de las muestras de explosivo intacto, no a través del análisis de los focos de explosión. De ello se hizo la habitual escandalera: las deducciones no eran aceptables; sólo valían los análisis químicos. En cambio, ¿qué ocurre cuando se trata de explosivos militares, tan del gusto de ciertos comentaristas? Entonces los criterios de evaluación se alteran.
Manuel Marraco, el mismo que en su día inició el bulo según el cual “El ex jefe de los artificieros admitió que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO es una mera «deducción»” (EM, 15.3.2007), no encontraba objetable un par de años más tarde que el amigo perito hiciera sus propias “deducciones”. Así, el día en que se inició la excitante reseña del Informe Iglesias (EM, 11.5.2009), dicho periodista indicaba:
Quote:Iglesias coincide con el texto de la sentencia en que en las muestras analizadas no hay rastro de explosivos militares. Pero hace dos añadidos: que algunos de sus elementos se evaporan en el momento de la explosión –por lo que su uso debe deducirse del estado de los trenes, que fueron desguazados inmediatamente– y que la aparición de una sustancia llamada metenamina apunta a la utilización de uno de esos explosivos, el Semtex.Es otro de esos párrafos repletos de imprecisiones. Marraco hacía referencia a unos pasajes de “Titadyn”, en la sección del libro en la que Iglesias se dedica a comentar la sentencia de Gómez Bermúdez, que enseguida citaré. Todo ello se remite a un momento del juicio, en la sesión de 29.5.07, en el que se produjeron las siguientes intervenciones [contrasto la transcripción de los peones negros con el archivo de audio correspondiente, para pequeñas correcciones]:
Quote:Letrado AVT: Vamos a ver, ustedes, […] ¿en algún momento utilizan o piden explosivos militares, tipo Semtex, C-3 o C-4, para hacer esa última comprobación, dado que en su informe, yo por lo menos no lo he entendido, para ver si se puede determinar el uso de un explosivo tipo militar, sobre los que estaban apareciendo, se podrían intuir su aparición?Obviamente, y puesto que nadie expresó la menor duda, el ponente reflejó en su sentencia (p. 538) “la conclusión unánime de todos los peritos que han actuado en la causa, incluidos los ocho que elaboraron la llamada "pericial del Tribunal".” En efecto, “[e]stos, afirmaron de forma clara y rotunda, que descartaban las pentritas, centex [sic], cloratitas u otros explosivos distintos de la dinamita”.
Perito: Vamos a ver, no se pidió nunca un explosivo militar. De todas las maneras, especialmente en las técnicas de HPLC, siempre se colocó algún patrón que incluía algún explosivo militar. Hablo de hexógeno, octógeno o pentrita. Todos los peritos que estaban en la pericia observaban que cuando se analizaba una muestra intacta se inyectaban, siempre, en la misma secuencia, o en secuencias posteriores, patrones de explosivos que no estamos trabajando en ese momento, como pudiera ser octógeno, que recuerdo, octógeno, hexógeno, pentrita, eh… TNT…
Gómez Bermúdez: En consecuencia ¿todos lo peritos descartan que ese tipo de explosivo estuviera en todas las muestras analizadas?
Varios peritos a la vez: Sí.
Gómez Bermúdez: Descartado. Por todos los peritos. No hay… aquí hay unanimidad. Bien. […] Por lo tanto, todos los peritos descartan que hubiera pentritas, otros tipos de explosivo con hexógeno, tipo militar, cloratita… Eso está descartado por todos, unánimemente…
Varios peritos [voz débil]: Sí.
Pues bien, en “Titadyn” (pp. 420-421), el perito Iglesias da una nueva muestra de la falta de seriedad con la que ejerce su papel, tanto científico como en el marco de un procedimiento judicial. Así, en relación con el punto de la sentencia que acaba de citarse, señala:
Quote:Estamos de acuerdo [con la sentencia] en cuanto a que en las muestras que nos entregaron, lavadas con agua y acetona, no hemos detectado explosivos (RDX, octógeno o Semtex). Pero hay que tener en cuenta las siguientes consideraciones:Que es lo que Manuel Marraco venía a reflejar en la edición de El Mundo de 11.5.2009. O sea, que la utilización de explosivos militares no se hace exclusivamente con un análisis químico post-explosión, sino que hay que deducirla de otro tipo de consideraciones. Supongo que, si esto lo hubiera dicho Sánchez Manzano, El Mundo lo consideraría execrable. Por lo demás, obsérvese la ligereza con la que el Sr. Iglesias se permite pontificar sobre cuestiones que escapan a su competencia: ¿qué sabe él acerca de si los trenes “fueron desguazados a las pocas horas”? Supongo que es lo que aprende como “lector de periódicos” (y de uno en particular). Más grave es que, después de haber prestado un determinado testimonio en el juicio (ya fuera activamente o callando ante el acuerdo general), en su libro sugiera “la presencia de Semtex” a partir de la detección de metenamina en algunas muestras de explosivo intacto. Téngase en cuenta, asimismo, que este señor defiende la utilización de Titadyn y que ha manifestado que le “repugna la idea de que haya dos explosivos”. Con su habitual inconsistencia, aquí se refiere en cambio a la posibilidad del uso de Semtex. Pero esto es en sí mismo absurdo por otras razones y a muchos niveles.
a) El exógeno (RDX) y el octógeno se evaporan en el momento de la explosión.
b) La utilización de explosivos militares se puede deducir a partir del examen de los daños producidos en los trenes. Sin embargo, éstos fueron desguazados a las pocas horas del atentado sin haber dado margen a una prueba pericial balística. Por otra parte, la presencia anómala de metenamina en las muestras de explosivo intacto (el de la Kangoo, el de la muestra patrón y el de la mochila de Vallecas) sugiere, además de su proximidad o contacto con éstas durante el almacenaje y manipulación, la presencia de Semtex. Este explosivo es una mezcla de pentrita, de la cual se fabrica el cordón detonante, y de RDX, cuyo precursor es la metenamina.
Por supuesto, para empezar, ya es objetable que se pretenda pasar de la metenamina al hexógeno, cuestión a la que ya he aludido y en la que no voy a insistir. Pero es que resulta que el hexógeno (“cuyo precursor es la metenamina”) es tan componente del Semtex como de al menos otros 17 explosivos distintos que el propio perito Iglesias enuncia en las páginas 75 y 76 de “Titadyn”. ¿De qué chistera se saca entonces la denominación de ese concreto explosivo a partir de la metenamina? ¿Por qué no los otros 17? ¿Se imaginan que esto fuera un auténtico dictamen pericial presentado a un tribunal?
El aparente deseo de complacer a sus patrocinadores mediáticos o la mera dependencia de sus adivinables fuentes de información desembocan en un ejercicio de negligencia intelectual clamorosa. Que la presencia de explosivo militar deba deducirse “del examen de los daños producidos en los trenes” y la conveniencia de haber realizado “una prueba pericial balística” [sic] se parece demasiado a las continuas (y tergiversadas) declaraciones en las que se basó desde el principio la sospecha de algunos comentaristas de que se había utilizado algún tipo de explosivo militar y a la correlativa exigencia de que se hicieran simulaciones con distintos explosivos en los trenes. Y la inexplicablemente concreta referencia al Semtex se parece también demasiado a las suspicacias de rigor que en su día se basaron en la noticia según la cual “un mes después del 11-M, se incautaron a ETA 100 kilos de explosivo militar como el que pudo usarse en los trenes”: precisamente, Semtex (LD, 27.3.2006). En el mismo sentido, Manuel Marraco (EM, 23.9.2006) informó de que un grupo de víctimas (con el respaldo de la AAV11-M) pedía “que expertos en explosivos aclaren ante el juez si es relevante que al día siguiente de la explosión de Leganés la Policía francesa se incautase de 100 kilos de Semtex, «la versión checa del explosivo militar C4, precisamente el que, según el jefe provincial de los Tedax se empleó en el 11-M».” La despreocupada e incongruente insidia es ya conocida.
