10-03-2014, 12:14:46
Hoy Fernando Lázaro en EM hace un homenaje al policía Parrilla, en un artículo en el que le atribuye méritos en la investigación de la masacre que sorprenden después de la conspiranoia orquestada por El Mundo, en la que él participó activamente:
Así, por ejemplo, afirma:
Al final las tarjetas sí se usaron en la masacre, después de todo lo que han escrito.
A próposito, en otra crónica de hoy mismo de El Mundo se establece que los explosvos usados en la masacre salieron de Mina Conchita:
Pues bien, tanto la localización del origen de los explosivos como de las tarjetas de teléfono se consiguió gracias a la gestión e investigación de Sánchez Manzano, vilipendiado y vejado por los conspiranoicos por estas mismas averiguaciones.
Gracias, Comisario.
Así, por ejemplo, afirma:
Quote:[a Parrilla]Le tocó también interrogar a los dos indios que fueron detenidos en la tienda de donde partieron las tarjetas de teléfono utilizadas en la masacre. Fueron finalmente liberados, pero sus gestiones fueron clave para las pesquisas.
Al final las tarjetas sí se usaron en la masacre, después de todo lo que han escrito.
A próposito, en otra crónica de hoy mismo de El Mundo se establece que los explosvos usados en la masacre salieron de Mina Conchita:
Quote:Desde el lugar se ve el corredor de Narcea. Hay también una explanada de tierra antes del puente, pero fue en la carretera, en medio de la madrugada, donde hace 10 años se empezaron a parar varios coches que se quedaron allí con las luces apagadas, alerta. Días antes del 28 de febrero, aparcó un Toyota Corolla robado, José Emilio Suárez Trashorras y Gabriel Montoya, un chico entonces de 16 años. Montoya se quedó en el coche y Trashorras salió para hablar con dos personas que tenían el mono azul; a la vuelta dijo: «Ya está hecho, está todo bien».
El sábado 28 repitieron el viaje bajo montañas silenciosas, de madrugada, con las aguas bravas del Narcea; un día de viento, nieve y frío, desapacible. En el Corolla, regalo de El Chino días antes a Trashorras, iban el ex minero y el islamista junto a Montoya. Detrás de ellos, un Volkswagen Golf negro con Mohamed Oulad Akcha y Abdenabi Kounjaa. De camino a la mina, Trashorras volvió atrás al recibir una llamada de su mujer, Carmen Toro (se habían casado dos semanas antes). Regresó a casa a por unas botas para El Chino, que llevaba mocasines. Estaban allí porque se cansaron de ir recibiendo en Madrid la dinamita en cuentagotas.
Pues bien, tanto la localización del origen de los explosivos como de las tarjetas de teléfono se consiguió gracias a la gestión e investigación de Sánchez Manzano, vilipendiado y vejado por los conspiranoicos por estas mismas averiguaciones.
Gracias, Comisario.
