10-03-2014, 15:51:25
Por cierto, un par de cosas que ha publicado El Mundo y de las que no había oído hablar hasta ahora:
y
Quote:Pasaron los meses e, incluso, los años. Imperó el silencio. El segundo plano, casi el olvido. Alguno do perdió la memoria en la Comisaría General de Información y decidió que ese asunto no podía quedarse sin esclarecer. Así en 2009, y durante casi un año, arrancó una nueva y completa investigación sobre la profanación de la tumba de Torronteras. “Se lo debíamos a los GEO y a su familia”, recuerdan algunos de los que se dedicaron a esta aventura. Cuatro inspectores de la Unidad Central de Información Exterior elaboraron una completa y compleja investigación. Y remitieron informe a la Fiscalía de la Audiencia Nacional el 12 de abril de 2010. Pero las pesquisas no llegaron a puerto. ¿Por qué? Porque, como les explicaron en la Fiscalía, el caso estaba prescrito. El Ministerio Público entendió que se trataba de una falta y que había prescrito a los pocos meses. No eran pocos los mandos policiales que sostenían (y siguen sosteniendo) que quizá, con algo de voluntad, se habría podido tratar como un delito de humillación a las víctimas del terrorismo o de exaltación del terrorismo. El caso es que el informe quedó archivado. El MUNDO ha tenido acceso al documento de la denominada operación Carabanchel hasta ahora inédito. “Se han obtenido datos que relacionan el escenario de los hechos, el cementerio de Carabanchel, tanto con las actividades delincuenciales como con el entorno familiar y diario de los hermanos Ahmidan”, indica el informe. La policía sostiene que los profanadores trataron de robar el cadáver del geo, y que “tras frustrarse este robo, procedieron a quemar toda la zona con la intención de borrar cualquier huella o vestigio en los vehículos utilizados”.
El trabajo de los agentes sirvió para concluir que “tres fuentes diferentes y no relacionadas entre sí vinculaban a los hermanos Ahmidan con la profanación”. El móvil principal: “La venganza en pro de los suicidas de Leganés”. “Tal acto de vileza no sugiere una autoría alejada del entorno de los suicidas, sino más bien todo lo contrario”. Los autores, “al margen de conferirle al acto tintes radicales o rituales, buscaban la jactancia ante la Policía tras su perpetración”, indica el informe.
La Policía obtuvo datos de las declaraciones, entre otros, de “tres colaboradores”, que centraron a los sospechosos en los círculos delincuenciales de Móstoles, que actuaban en la zona de Lavapiés. Dos de ellos indicaron que uno de los hermanos de El Chino, “bajo la influencia del alcohol” se arrogó junto a sus hermanos y “un chico marroquí que solía acompañarles” la autoría de la profanación, en el bar “Aquí te espero”.
Tras analizar todos los datos obtenidos sobre el coche localizado en el cementerio, y siguiendo el rastro de los hermanos Ahmidan, la Policía localizó e interrogó a personas que habían tenido un trato muy cercano con algunos de estos sospechosos. Y estos testigos explicaron cómo “después de la muerte de El Chino, alguno de sus hermanos llegó a afirmar que él era capaz de superar lo que había hecho Jamal”.
y
Quote:La persona que viajaba en el asiento contiguo al de las dos testigos de nacionalidad rumana que determinaron la condena a Jamal Zougam por colocar las bombas del 11-M también prestó declaración en ese sumario. Dio una versión muy parecida al relato que hicieron en el juicio esas dos mujeres, ahora imputadas por supuesto falso testimonio, pero se le mostró un juego de 96 fotografías y entre ellas reconoció a Said Berraj, uno de los presuntos autores del atentado que se encuentra en busca y captura desde 2004. Entre las instantáneas que descartó estaba la de Zougam.
Este testimonio había pasado inadvertido hasta ahora: ni fue llamado al juicio, ni se le menciona en el auto de procesamiento, ni en el escrito de la fiscal, ni en la sentencia, ni tampoco en el informe que presentó la defensa de Zougam para intentar su absolución. Se trata de un guardia civil que trabajaba entonces en el servicio de Información del Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército del Tierra (Ciset), un órgano complementario del CNI en asuntos de interés militar y que jugó un papel muy relevante en la Guerra de Irak o en la intervención en Perejil.
El 26 de Noviembre de 2004, este testigo, a quien se identifica en el acta de declaración con número de carné profesional, cuenta que viajaba en el quinto vagón del tren que estalló en Santa Eugenia y que “una persona pasó a su lado y con la mochila le dio en la cara”, para luego pasar del quinto coche al cuarto, que es donde explotó la bomba. “Llevaba una mochila negra, de las que cierran por arriba con dos cremalleras, y no llevaba solapa”, describió.
El relato que ofreció ese Guardia Civil ante el juez Juan del Olmo es muy parecido al que hicieron en el juicio las testigos C-65 y J-70. Las dos, sentadas como él al final del quinto vagón del tren de Santa Eugenia, vieron pasar “muy deprisa” junto a ellas a una persona que llevaba una mochila “azul clarita” en el hombro izquierdo, golpeando con ella a C-65 en el hombro derecho, y pasando a continuación al cuarto coche, para lo que a su vez habría empujado a un hombre que estaba de pie leyendo un libro –que cayó al suelo- junto a la puerta que separa los dos vagones. Las dos reconocieron a Zougam, con el pelo largo.
Según la versión que dio el guardia civil a Del Olmo, en cambio, ese posible terrorista “llevaba el pelo rasurado en las sienes y caracolillos en la parte superior, tenía unas entradas de pelo escasas” y “era una persona de alta que debía medir 1,75 o 1,80 aproximadamente y le pareció por su aspecto árabe” señala el acta. Previamente, había declarado en términos similares el 1 de septiembre de 2004 en la Oficina de Apoyo a las Víctimas de la Audiencia Nacional.
El juez, en presencia de la fiscal Olga Sánchez, le mostró un juego de 96 fotografías. En él aparece, en la primera hoja y con el número 2, la imagen con melenas de Zougam que publicaron todos los medios y que identificaron las dos testigos del juicio. El agente, sin embargo, señaló la número 41, correspondiente a Berraj, aunque en la misma declaración afirmó que “estaba convencido de que la persona que había puesto la comba en el tren era uno de los que suicidaron en Leganés y que se lo comentó a Clara Escribano [Escribano, fundadora de la Asociación 11-M Afectados, que ahora preside Pilar Manjón]”.
Berraj no falleció en Leganés, pero no hay duda de que frecuentó ese piso porque varios vecinos lo reconocieron allí. Está considerado como “un factor personal determinante en la secuencia de los atentados” y es el único de los prófugos del 11-M que no ha sido detenido ni dado por muerto en atentados suicidas en Irak. No se sabe nada de él, aunque en la Comisaría General de Información se cree que permanece escondido en algún lugar de Marruecos. Algunos informes lo señalan como posible colaborador de las fuerzas de seguridad marroquíes.
El sumario de la operación Dátil y el auto por el que Del Olmo ordena su arresto detallan que Said Berraj habría participado en octubre de 2000 en una reunión de alto nivel con líderes islamistas en Estambul. En ella también habría estado otro de los supuestos jefe de Al Qaeda en España, Amer Azizi. Los dos fueron arrestados en Turquía en 2001 cuando se dirigían a Afganistán.
Este diario mantuvo una corta conversación con el guardia civil, en la que éste se limitó a confirmar el contenido de su declaración y precisó que iba sentado en el quinto vagón en el último asiento del lado derecho en el sentido de la marcha, junto al pasillo. Es decir, separado por éste de C-65, según las explicaciones que ella dio en el juicio. El agente no recuerda que hubiese nadie de pie junto a la puerta, sino que cree que la persona a la que se refieren las dos testigos puede ser él mismo, ya que el terrorista que pasó con la mochila junto a ellos le trió efectivamente al suelo la revista que estaba leyendo –recordando además que se trataba de un ejemplar de Sportlife-.” Fuente Joaquín Manso, ElMundo
