30-12-2010, 10:15:30
(This post was last modified: 30-12-2010, 10:16:21 by morenohijazo.)
Ciertamente, el hilo de Aco no se cerró tanto por hablar de "temas prohibidos" como por el virulento tono que se había llegado a adquirir.
Y que conste que no lo cerré yo, que no tengo capacidad (o no sé). Pero no me extrañaría que se cerrara también éste, si nos mosqueamos unos con otros.
Yo pienso que el hecho religioso es una elaboración de la mente humana (tal vez para vencer el miedo a la muerte, o para explicar los enigmas de la vida) que es lo suficientemente complejo como para que se pueda utilizar para el bien o para el mal. Y, como dice Isócrates, el bien o el mal también dependerán de las circunstancias de partida.
El hecho político es parecido; de hecho, podríamos decir que sólo se diferencian en que el hecho religioso deja la solución de las cosas para un mundo ulterior, mientras que el político las quiere ahora.
Pongamos los ideales de igualdad de la Revolución Francesa: el Terror los pervirtió, pero muchas de sus inspiraciones pervivieron en las ideas democráticas; recordemos los ideales del comunismo científico: la revolución rusa los pervirtió, pero mucho de su impulso continuó en la lucha obrera y por la democracia. Idem con Bakunin, con Nietze...
De la misma manera, una síntesis de enseñanzas como el cristianismo puedo ser usada para el bien... y para el mal, pues justificó millones de muertos a lo largo de la existencia de las Iglesias cristianas.
Pongamos el nacionalsocialismo; mira que no puede haber habido un régimen más genocida ¿eh? Pues es imposible estudiarlo a fondo con imparcialidad sin darse cuenta de que tras el nacionalismo inicial de los alemanes, que apoyaon a Hitler sin reservas, hay una parte de razón en el comportamiento de las potencias aliadas (sobre todo Francia) entre 1890 y 1925. Hay un punto de inflexión hacia arriba en la popularidad de Hitler en 1923, con la ocupación del Ruhr por Francia, que se comportaba exactamente igual que el matón de colegio, buscando a los débiles durante el recreo para humillarlos más y robarles el bocadillo. Aparte de los crímenes nazis contra los judíos, gitanos, etc, los aliados no tienen mucho de qué enorgullecerse durante toda la primera mitad del siglo XX: tienen gran parte de culpa en la ascensión del nazismo, como la tuvieron en la derrota de la República Española.
Y no pienso decir más, que si no me huelo que acabaremos como con el otro hilo.
Y que conste que no lo cerré yo, que no tengo capacidad (o no sé). Pero no me extrañaría que se cerrara también éste, si nos mosqueamos unos con otros.
Yo pienso que el hecho religioso es una elaboración de la mente humana (tal vez para vencer el miedo a la muerte, o para explicar los enigmas de la vida) que es lo suficientemente complejo como para que se pueda utilizar para el bien o para el mal. Y, como dice Isócrates, el bien o el mal también dependerán de las circunstancias de partida.
El hecho político es parecido; de hecho, podríamos decir que sólo se diferencian en que el hecho religioso deja la solución de las cosas para un mundo ulterior, mientras que el político las quiere ahora.
Pongamos los ideales de igualdad de la Revolución Francesa: el Terror los pervirtió, pero muchas de sus inspiraciones pervivieron en las ideas democráticas; recordemos los ideales del comunismo científico: la revolución rusa los pervirtió, pero mucho de su impulso continuó en la lucha obrera y por la democracia. Idem con Bakunin, con Nietze...
De la misma manera, una síntesis de enseñanzas como el cristianismo puedo ser usada para el bien... y para el mal, pues justificó millones de muertos a lo largo de la existencia de las Iglesias cristianas.
Pongamos el nacionalsocialismo; mira que no puede haber habido un régimen más genocida ¿eh? Pues es imposible estudiarlo a fondo con imparcialidad sin darse cuenta de que tras el nacionalismo inicial de los alemanes, que apoyaon a Hitler sin reservas, hay una parte de razón en el comportamiento de las potencias aliadas (sobre todo Francia) entre 1890 y 1925. Hay un punto de inflexión hacia arriba en la popularidad de Hitler en 1923, con la ocupación del Ruhr por Francia, que se comportaba exactamente igual que el matón de colegio, buscando a los débiles durante el recreo para humillarlos más y robarles el bocadillo. Aparte de los crímenes nazis contra los judíos, gitanos, etc, los aliados no tienen mucho de qué enorgullecerse durante toda la primera mitad del siglo XX: tienen gran parte de culpa en la ascensión del nazismo, como la tuvieron en la derrota de la República Española.
Y no pienso decir más, que si no me huelo que acabaremos como con el otro hilo.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
