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Una fábula escéptica - larean - 04-10-2006 Original de Harriet Hall, traducido y publicado por RinzeWind. Via Escolar. Cualquier parecido entre Dan y un Peón Negro es mera coincidencia. ¿Es real el Ratoncito Pérez? Una fábula. Harriet le dijo a su hermano pequeño Dan que no existía el Ratoncito Pérez: eran sus padres los que ponían el dinero debajo de la almohada. Dan no creyó a Harriet. El sabía que existía el Ratoncito Pérez. Cada vez que ponía un diente debajo de su almohada, a la mañana siguiente aparecía dinero. Y todos sus amigos también decían que el Ratoncito Pérez les traía dinero. Y no podían ser papá y mamá porque se habría despertado cuando hubiesen entrado en su habitación y levantado la almohada. Además, papá y mamá decían que era el Ratoncito Pérez el que dejaba el dinero por las noches, y ellos nunca le mentirían. Harriet consiguió que varios niños del vecindario le ayudaran a comprobar si el Ratoncito Pérez aparecía cuando sus padres no sabían que se les había caído un diente. Al parecer, cada vez que los padres tenían conocimiento de la situación, aparecía dinero debajo de la almohada a la mañana siguiente, pero si no lo sabían, el diente seguía ahí al amanecer. Dan dijo que el Ratoncito Pérez simplemente rechazaba participar en esos casos, y que no traería dinero si sabía que se le estaba poniendo a prueba. Harriet sacó del armario su Kit del Detective Junior y buscó huellas en el dinero que el Ratoncito Pérez dejaba a Dan, encontrando las huellas de sus padres. Dan dijo que eso no probaba nada, porque había muchas maneras en las que el Ratoncito Pérez podía hacerse con dinero que previamente hubiesen tocado sus padres. O podía poner ahí las huellas de forma mágica para confundir a la gente. Y, por supuesto, el Ratoncito Pérez nunca dejaría sus propias huellas porque es un ser mágico. La siguiente vez que a Dan se le cayó un diente, Harriet espolvoreó harina en el suelo, y a la mañana siguiente le enseñó a Dan las huellas de sus padres. Él dijo que eso no probaba nada probablemente sus padres simplemente se habían acercado a ver cómo estaba, y el Ratoncito Pérez había llegado más tarde. No había huellas del Ratoncito Pérez porque se puede meter por huecos entre las paredes y no tenía que pasar justamente por encima de la harina. La siguiente vez, Harriet colocó una cámara de vídeo en la habitación de Dan y pilló a sus padres en el acto (en el acto de coger el diente de debajo de la almohada y poner dinero en su lugar, claro está.) Dan dijo que eso tampoco probaba nada. Quizá el Ratoncito Pérez no aparecía si había una cámara grabando. Quizá tiene la capacidad de cambiar de forma y parecerse a sus padres en la grabación. Quizá le pidió a papá y a mamá el favor de hacer el cambio sólo esta vez. Harriet cogió a Dan y le llevó a la habitación de sus padres, abrió un armario y le enseñó una caja que contenía todos los dientes que se les habían ido cayendo, perfectamente etiquetados y fechados. Ella dijo que eso era prueba suficiente de que sus padres estaban cogiendo los dientes y dejando el dinero. Dan dijo que eso no era correcto; el Ratoncito Pérez probablemente les daba a sus padres los dientes como recuerdo, o quizá se los vendía para conseguir más dinero que poner debajo de la almohada la próxima vez. ¡Eh, eso explicaría las huellas en los billetes! Harriet y Dan hablaron con sus padres, que admitieron que eran ellos los que cogían los dientes y dejaban el dinero. Dan dijo que probablemente estaban mintiendo. ¿Por qué creerse lo que dice la gente? Él simplemente iba a ignorarlo todo excepto lo que sabía: que el mecanismo de dejar un diente debajo de la almohada funcionaba. Que el Ratoncito Pérez era real. Harriet gritó de frustración y se arrancó el pelo a tirones. Lo dejó bajo su almohada. A la mañana siguiente, aún seguía allí. Una fábula escéptica - Manel - 04-10-2006 Corresponde un chapó, tres plasplas y hacer la ola
Una fábula escéptica - torque - 04-10-2006 Muy bueno Larean. Yo no recuerdo cómo ni cuándo desenmascaré al ratoncito Pérez, pero sí me acuerdo de lo que me pasó con los Reyes Magos. Cuando unos compañeritos desaprensivos me lo contaron pasé por la etapa de negación y por la de justificar con nuevas teorías los hechos "inexplicables". Creo que el que me abrió los ojos fue la imposibilidad de que estuviesen en todas las casas de todo el mundo simultáneamente, en la misma noche. Aún así, me inventé un ejército de pajes, pero ya noté que aquello se venía abajo. Y la continuación de la historia la recuerdo muy bien. Una vez asumí que aquello no era verdad las consecuencias eran catastróficas: iba a desaparecer la montaña de regalos del día 6. Salvo que ... mis padres no supieran que yo lo sabía. Así que mantuve la fachada de inocencia mientras fue posible. Me pregunto si Dan en realidad ya es consciente del asunto pero no está dispuesto a prescindir de sus monedas, al menos mientras le quede algún diente de leche. Una fábula escéptica - Lior - 04-10-2006 Quote:al menos mientras le quede algún diente de leche.O el Ratoncito PJérez siga dejando dinero bajo la almohada. Una fábula escéptica - aticus - 04-10-2006 Lo que me recuerda un relato que surgió en un foro en el que entraron creacionistas de última generación: Lógicas aporías sobre la Evolución ----------------------------------------- GluGGK, desnudo, como todos, en ese tiempo, se acercó a PLoNK. -Mira lo que he descubierto- dijo, dejando caer unas manzanas que llevaba en sus brazos-. Tenemos tres manzanas, ¿ves? añadimos dos manzanas más y son cinco. -¿Y qué?- dijo PLoNK, relamiéndose para sus adentros y pensando que pronto tendría el estómago lleno de rica manzana. -Lo he comprobado con unas piedras y también pasa. Y he pensado: si dejamos de lado las "cosas" y nos quedamos sólo con los números, podría sernos muy útil. -¿Dejarlas de lado?¿no comernos las manzanas, quieres decir? -No, dejarlas de lado en nuestra cabeza: "Tres más dos son cinco", ¿entiendes? -¿Tres qué? -Tres "lo que sea" más dos "lo que sea" son cinco "lo que sea". Podemos "hacer números" sólo con los dedos o unas piedras, e imaginar que son cualquier cosa: peras, manzanas, antílopes... -¿Y cómo sabes tú qué con antílopes sale así?¿has hecho la prueba con antílopes? -No lo necesito, eso es lo bueno: imagina que cada un de mis dedos es un antílope... -Pero no lo es: no sé, pero creo que esto que haces no demuestra nada. Los antílopes no son dedos. -P-p-pero... "su número" es el mismo!! -No me sirve, no me sirve. No has demostrado nada, GluGGK. GluGGK, abatido, se alejó, olvidando las manzanas, con las que PLoNK sació finalmente su apetito. ****** Pasaron siete inviernos, y se asomaba, tímida y fría, una primavera. PLoNK, cubierto de pieles, se calentaba ante la pequeña fogata. Las cosas habían cambiado bastante: seducidos los demás por las ideas de GluGGK, hacían extraños tratos, cambiando frutos y animales y pieles que no tenían delante, y hacían cuentas con piedras o con los dedos sobre lo que habían de cazar en días siguientes. PLoNK odiaba todo aquello: él mismo se había visto obligado a vestir pieles para no ser menos que los demás, pero no por aquella nueva invención de GluGGK: un nuevo "lo que sea" llamado "Calor", que nadie había visto, pero que las pieles conservaban dentro de uno. Ya ni recordaba cómo había surgido aquello, pero poco antes o poco después había enseñado GluGGK a todos a hacer fuego frotando dos ramas de un árbol, diciendo que "la frotación" (otro "lo que sea" de los suyos) producía "Calor". Pero PLoNK sabía que se trataba simplemente de casualidades. Simplemente, GluGGK había dado con el árbol adecuado, y PloNK, previsor, siempre se procuraba la madera de aquel mismo árbol. Los demás no lo hacían así, y aunque habían tenido suerte hasta ahora, un día se acabarían encontrando con alguna madera que no tuviese fuego, y nadie se alegraría más que él, porque eso demostraría que las ideas de GluGGK eran estúpidas, y que sólo era un tonto con suerte. Entonces apareció GluGGK con su última manía: una "Carreta", decía, que se movía fácilmente gracias a un último "lo que sea", llamado "Rueda". Por lo visto, se había pasado el tiempo ensimismado dejando caer diversas piedras por una ladera hasta decidir que rodaban mejor las que tenían "forma redonda" (igual que años antes le había sacado "el número" a las manzanas, ahora le había sacado "la forma" a las piedras), y finalmente se había puesto a fabricar ruedas a partir de piedras y de madera. GluGGK le miró, como siempre, para saludarle: pero hacía tiempo que el rito de saludo entre ellos había tomado una forma peculiar. -¡No has demostrado nada! -gritaba PLoNK- Sólo porque en siete inviernos las cuentas han salido bien, y nadie de la tribu ha muerto por la helada, y la madera siempre ha ardido, no quiere decir que sea gracias a tus "lo que sea": no son cosas, no son nada de verdad. Sólo has tenido suerte, pero no puede durar siempre. Un día encontrarás una madera que no arde, o una rueda que no rueda, y todos verán que yo tenía razón. por kohell |