PPelanduska, no hay que rehacer ningún informe. Este caso del 11-M es excepcional en muchos sentidos, no siendo el aspecto menos penoso la politización de que ha sido objeto por parte de todos —derecha e izquierda—, y ha requerido un esfuerzo adicional que permita "comprender la barbarie". Por ello, desde muy temprano —pero atención: una vez descartada ETA—, se comenzó a hablar de "autoría intelectual", en vulgar traslación del anglosajón intellectual author (búscalo en Google, entre comillas), que a su vez es una forma pomposa de referirse al mastermind. Nadie habla de autoría intelectual ni en los atentados de ETA —como señalaba arriba Boris Dimitrovitch— ni en los atentados de los terroristas gallegos, o de Terra Lliure, o de los anarquistas italianizados, o de los Grapo..., ni, por supuesto, en los grandes o medianos delitos comunes: butrones, estafas, etc. Solo el 11-M, con 191+1 muertos de los buenos exige un esfuerzo adicional de comprensión.
El juez supongo que querría atar también ese cabo, y encargaría un informe al respecto. Pero tampoco es que el informe contenga ningún dato novedoso —todo eso ya era sabido y era comentado en la blogocosa hace dos años, algunas cosas incluso antes del 11-M—, pero satisface la peregrina idea de la "autoría intelectual".
Edito para añadir este párrafo del WaPo:
El juez supongo que querría atar también ese cabo, y encargaría un informe al respecto. Pero tampoco es que el informe contenga ningún dato novedoso —todo eso ya era sabido y era comentado en la blogocosa hace dos años, algunas cosas incluso antes del 11-M—, pero satisface la peregrina idea de la "autoría intelectual".
Edito para añadir este párrafo del WaPo:
Quote:LONDON, July 10 -- As British police searched for the bombers who killed at least 49 people in London last week, they faced the same problem that has stymied investigations into several other major al Qaeda-style strikes around the world: finding the masterminds in the background.Terror Probes Find 'the Hands, but Not the Brains'
A clear pattern has emerged from attacks in Europe, North Africa and the Middle East in recent years that strongly suggests an element of central planning or instruction, according to counterterrorism officials and analysts. But so far, the people at the top have managed to cover their tracks by using a sophisticated cell structure that keeps their identities secret, even from the foot soldiers and mid-level operatives in their networks.
In the aftermath of the London bombings and others in the past three years in Madrid, Casablanca, Istanbul, Mombasa, Kenya, and the Red Sea resort of Taba, Egypt, counterterrorism officials were able to determine who actually carried out the attacks and arrest most of the surviving perpetrators, usually homegrown cells of Islamic radicals who lived nearby. Authorities blamed al Qaeda for inspiring the plots in each case, but failed to find or even learn the names of the individuals who conceived and directed the attacks.
