26-04-2007, 08:10:06
peonarosa Wrote:Estoy de acuerdo en que esto es una opinión. Lo que está claro es que la mayoría se conocen y hablan entre ellos.Anda ¡qué gracia! dale ricuerdos de nuestra parte jeje
El otro día vi a la abogada de la AVT y a Endika Zulueta charlando en la AN. Pero eso es normal.
Por cierto, vi al abogado griego y estuve hablando con él un ratillo y es muy simpático
Hoy Ernesto Ekaizer, por cierto, en la misma línea:
Quote:La conspiración del urinarioNo es que me lo crea o me lo deje que creer. No es algo tan extraño. A nadie que siga un poco el juicio le podrá extrañar. Solo espero que la Conspi no nos persiga todo el juicio. Queda la pericia de los explosivos y poco más...
Érase una vez que en el baño de caballeros de la Audiencia Nacional de la Casa de Campo ocurrió un hecho de rutina, pero altamente revelador. El servicio está situado en la primera planta, sobre un vestíbulo, antes de dar a otra sala donde hay una máquina expendedora de bebidas. Allí, al menos el 27 de marzo pasado, durante el receso de 20 minutos de la mañana que comenzó a las 12.29 minutos, entró un abogado de la acusación y se encerró en el retrete sin pérdida de tiempo.
De pronto escuchó que entraban otras dos personas. Se colocaron frente a los urinarios. Identificó sin dificultad la voz que hablaba porque cuando estás ocho horas diarias durante tres días por semana en los estrados ya todo es familiar. Era el letrado de una de las acusaciones presuntamente víctimas del terrorismo.
-Mira a ver si puedes hacer unas preguntas, ya ves cómo está el presidente [del tribunal]...
Quería decir que Javier Gómez Bermúdez estaba manteniendo a raya las preguntas impertinentes.
A la voz replicó otra. Tiene el sonido y el cuerpo más fácil de reconocer de todos los abogados, fiscales y magistrados que participan en el juicio oral. No hay pérdida. Nuestro abogado acusador se sorprendió. Era un letrado de la defensa de los acusados. Juntos ante el urinario un acusador y un defensor.
-Sí, claro, dime... asintió la voz más conocida del juicio.
El abogado de las víctimas le sugirió, pues, que le acompañase, que le haría una copia de las preguntas. Salieron. La puerta del retrete se abrió. El abogado que allí había seguido el diálogo les siguió hasta la sala de togas. Otros letrados también les vieron. El abogado que representa a un grupo de víctimas le sacó una fotocopia y se la entregó.
Nuestro abogado del retrete puso en conocimiento de algunas partes de la acusación el hecho. La anécdota indica una cosa: la política ha enceguecido a los abogados que dicen representar a colectivos de víctimas y ya son incapaces de ver dónde está la raya moral que les separa de aquellos que defienden a acusados de cometer la masacre del 11-M. La conspiración del urinario, aseguran algunas fuentes, también se extiende a ciertos bufetes donde se intercambian preguntas y se realiza una división del trabajo.
El pasado martes, esos abogados que dicen representar a los afectados por el terrorismo contaron en la sala con la presencia de víctimas reales de la banda terrorista ETA. Tres etarras declaraban a petición de la defensa de Jamal Zougam. Muchas de las víctimas y familiares presentes lloraron. La verdad es que los miembros de ETA fueron una concesión, por así decir, del tribunal a las defensas. Porque no hay en el sumario nada que vincule a esos etarras con el atentado del 11-M. Uno de los magistrados del tribunal, Alfonso Guevara, fue presidente del tribunal y ponente de la sentencia que les condenó. Quizá sepa mejor que nadie que la presencia de dos etarras era procesalmente un hecho forzado. (...)

