03-10-2006, 23:22:29
La causa principal, en un plano mitológica, es el proceso de racionalización más que el odio a tal o cual posición ideológica.
Cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, posee unas creencias básicas que dan sentido a su experiencia. Estas pueden abarcar desde "el suelo está siempre abajo" hasta "el que no piense X no merece vivir". En el momento en el que esas creencias básicas se ven puestas en entredicho buscamos racionalizaciones que justifiquen el mantenerla en contra de la realidad. Como ejemplo, y si querer pecar de paternalismo: quien vive a base de su medio cartón de ducados diario y lee en prensa lo malo que es el tabaco tenderá a buscar razonamientos, por irracionales que parezcan, para excusar su hábito.
Esto puede llevar a forzar la realidad o puede levar a negarla directamente. El caso es retrasar, cuanto más mejor, el proceso de autocrítica que nos lleve a replantearnos la existencia tal y cómo la teníamos encaminada.
Si la idea básica es que los tuyos son más buenos que Papa Noel y los de enfrente son más malos que Belzebú, cuando los tuyos la cagan resulta menos traumático asumir que lo de los tuyos es un inocente error causado por la malicia de los de enfrente. Como pensar otra cosa llevaría a negar la idea inicial te agarrarás a cualquier razonamiento que la apoye. Asumir cosas que pasa un observador externo aparecen como absurdas resulta rentable, siempre y cuando no niegen y mantengan la cara idea original. Es decir: se racionaliza - se buscan razones , aún inválidas, que sostengan la idea primordial. Cualquiera medianamente crítico consigo mismo se dará cuenta, más temprano que tarde, de que las razones que sostienen la idea primera no se adecúan a la realidad y terminarán por corregirlas. Aquellos quienes consideran su idea como independiente de la cambiante realidad - por ejemplo principios- tardan más en corregirla y generan cada vez argumentos más complejos para sustentarla. A la larga uno siempre encuentra hechos que le reivindiquen.
Esta racionalización se genera a partir de varios mecanismos que bien podrían clasificarse mediante las falacias clásicas, pero como verdadero origen tienen el problema básico que vicia cualquier investigación metódica: la selección de fuentes. Desde el momento que se elige mediante un proceso arbitrario o interesado las fuentes que se van a usar crear una racionalización creíble es sencillo. Si eliminas toda la evidencia que apunta a la autoría islamista e incides en los "agujeros negros" crear la duda es lo más facil del mundo. Los sospechosos con cargos anteriores por contactos con el terrorismo islámico, con propaganda en su ordenador y con una batería de pruebas es su contra se convierten, mediante la eliminación de lo anterior y los prejuicios, en "moritos pelanas" incapaces de entender el horario de la RENFE.
Por esta razón, cualquier escandalo político futuro que diga mal del PSOE y deje bien al PP será el principio del fin de la conspiranoia, dado que la idea inicial ya no necesitará de racionalizaciones débiles para sostenerse, pudiendo hacerlo sobre una realidad.
Mientras tanto a algunos las incongruencias de la "investigación" les llevará a apartarles de todo este lío y optarán por el método más económico: ni racionalizarlo ni criticarlo, olvidarlo. Otros se darán cuenta y lo abandonarán. Otro seguirán en sus trece e irán añadiendo culpables y traidores a su película.
Cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, posee unas creencias básicas que dan sentido a su experiencia. Estas pueden abarcar desde "el suelo está siempre abajo" hasta "el que no piense X no merece vivir". En el momento en el que esas creencias básicas se ven puestas en entredicho buscamos racionalizaciones que justifiquen el mantenerla en contra de la realidad. Como ejemplo, y si querer pecar de paternalismo: quien vive a base de su medio cartón de ducados diario y lee en prensa lo malo que es el tabaco tenderá a buscar razonamientos, por irracionales que parezcan, para excusar su hábito.
Esto puede llevar a forzar la realidad o puede levar a negarla directamente. El caso es retrasar, cuanto más mejor, el proceso de autocrítica que nos lleve a replantearnos la existencia tal y cómo la teníamos encaminada.
Si la idea básica es que los tuyos son más buenos que Papa Noel y los de enfrente son más malos que Belzebú, cuando los tuyos la cagan resulta menos traumático asumir que lo de los tuyos es un inocente error causado por la malicia de los de enfrente. Como pensar otra cosa llevaría a negar la idea inicial te agarrarás a cualquier razonamiento que la apoye. Asumir cosas que pasa un observador externo aparecen como absurdas resulta rentable, siempre y cuando no niegen y mantengan la cara idea original. Es decir: se racionaliza - se buscan razones , aún inválidas, que sostengan la idea primordial. Cualquiera medianamente crítico consigo mismo se dará cuenta, más temprano que tarde, de que las razones que sostienen la idea primera no se adecúan a la realidad y terminarán por corregirlas. Aquellos quienes consideran su idea como independiente de la cambiante realidad - por ejemplo principios- tardan más en corregirla y generan cada vez argumentos más complejos para sustentarla. A la larga uno siempre encuentra hechos que le reivindiquen.
Esta racionalización se genera a partir de varios mecanismos que bien podrían clasificarse mediante las falacias clásicas, pero como verdadero origen tienen el problema básico que vicia cualquier investigación metódica: la selección de fuentes. Desde el momento que se elige mediante un proceso arbitrario o interesado las fuentes que se van a usar crear una racionalización creíble es sencillo. Si eliminas toda la evidencia que apunta a la autoría islamista e incides en los "agujeros negros" crear la duda es lo más facil del mundo. Los sospechosos con cargos anteriores por contactos con el terrorismo islámico, con propaganda en su ordenador y con una batería de pruebas es su contra se convierten, mediante la eliminación de lo anterior y los prejuicios, en "moritos pelanas" incapaces de entender el horario de la RENFE.
Por esta razón, cualquier escandalo político futuro que diga mal del PSOE y deje bien al PP será el principio del fin de la conspiranoia, dado que la idea inicial ya no necesitará de racionalizaciones débiles para sostenerse, pudiendo hacerlo sobre una realidad.
Mientras tanto a algunos las incongruencias de la "investigación" les llevará a apartarles de todo este lío y optarán por el método más económico: ni racionalizarlo ni criticarlo, olvidarlo. Otros se darán cuenta y lo abandonarán. Otro seguirán en sus trece e irán añadiendo culpables y traidores a su película.
