07-06-2007, 17:48:49
No, no es nada difícil de creer. Todo movimiento político genera ese tipo de personas de forma automática. Tanto más un movimiento al que muchos consideramos una verdadera secta.
Por lo demás, este hilo ha tenido siempre un marcado carácter lúdico, una especie de competencia a ver quién pilla la perla más gorda del blog de Luis del Pino. Es en ese contexto en el que hay que entender las alusiones a dolencias mentales.
Dicho esto, a mí me parece evidente que la negación de la realidad que muestra la enorme mayoría de los peones negros (y me va a perdonar, pero esto les incluye a ustedes) tiene raíces psicológicas. Hay una verdad simple, pero que por alguna razón (imagino que influida por afinidades ideológicas) les es a ustedes extraordinariamente incómoda. Tan incómoda que prefieren elaborar inmensos castillos de falacias, quemarse los ojos mirando fotos de Toyotas para descubrir sombras imposibles, analizar con lupa tiques de compra del Carrefour, inventar teorías descabelladas, creer a pie juntillas lo que publican ciertos medios (y descartar con la misma contundencia lo que publican otros) y un largo etcétera. Todo esto en vez de aceptar la verdad simple de que la tesis de la mal llamada versión oficial es, a la luz de la evidencia, el único relato coherente y razonable de los hechos, que todo otro relato es inverosímil y contradictorio.
Yo le invitaría a usted a hacer una introspección y preguntarse por un momento: ¿qué pasaría si la VO fuera verdad? ¿por qué soy tan renuente a considerar esa posibilidad? ¿por qué me he dejado convencer por alguien como Luis del Pino, cuyos escrúpulos sé bien que están en entredicho? ¿no estaré demasiado enamorado de las hipótesis que he manejado durante años? ¿no será que tengo demasiada inversión emocional en dichas hipótesis, al haberlas defendido vehementemente delante de amigos y conocidos, al haber invertido horas y horas en justificarlas para mí mismo y para otros? ¿de verdad estoy dispuesto a aceptar la verdad, sea ésta la que sea?
Además de estas preguntas, hágase otra, fundamental: ¿cómo sabré que he encontrado la verdad? La verdad no es la opción más satisfactoria emocionalmente, la que más nos consuela. La verdad, por el contrario, suele movernos el suelo, suele causarnos desasosiego. Cuidado entonces: necesitamos criterios objetivos, previamente acordados y formulados públicamente, para saber cuándo estamos en condiciones de proclamar cuál es la verdad.
Se lo dice alguien que ha tenido algunas crisis de ese estilo durante su vida: hay cosas muy difíciles de aceptar, porque van en contra de todo lo que hemos supuesto, querido, defendido... y si no de todo, sí de cosas muy íntimas. ¿Ese hombre en el que confiamos y al que admiramos era capaz de mentir, de cosas mucho peores que mentir? ¿Esa teoría sobre la naturaleza humana en la que basábamos nuestro ideario político es incongruente con los hallazgos de la psicología social? ¿Hice el ridículo cuando defendía con pasión a Erik von Däniken (conocido ufólogo), con dieciséis años, ante la incrédula mirada de mi padre? Una y otra vez nos desengañamos. Quien tiene el valor de admitir que se ha equivocado se convierte en todos los aspectos en una persona mucho mejor.
Por ello, y ya que ha tenido usted el gesto de venir a visitarnos en son de paz (lo cual le honra), le pido que considere lo que digo. No me responda, no es necesario. Sólo considérelo.
Un cordial saludo.
Por lo demás, este hilo ha tenido siempre un marcado carácter lúdico, una especie de competencia a ver quién pilla la perla más gorda del blog de Luis del Pino. Es en ese contexto en el que hay que entender las alusiones a dolencias mentales.
Dicho esto, a mí me parece evidente que la negación de la realidad que muestra la enorme mayoría de los peones negros (y me va a perdonar, pero esto les incluye a ustedes) tiene raíces psicológicas. Hay una verdad simple, pero que por alguna razón (imagino que influida por afinidades ideológicas) les es a ustedes extraordinariamente incómoda. Tan incómoda que prefieren elaborar inmensos castillos de falacias, quemarse los ojos mirando fotos de Toyotas para descubrir sombras imposibles, analizar con lupa tiques de compra del Carrefour, inventar teorías descabelladas, creer a pie juntillas lo que publican ciertos medios (y descartar con la misma contundencia lo que publican otros) y un largo etcétera. Todo esto en vez de aceptar la verdad simple de que la tesis de la mal llamada versión oficial es, a la luz de la evidencia, el único relato coherente y razonable de los hechos, que todo otro relato es inverosímil y contradictorio.
Yo le invitaría a usted a hacer una introspección y preguntarse por un momento: ¿qué pasaría si la VO fuera verdad? ¿por qué soy tan renuente a considerar esa posibilidad? ¿por qué me he dejado convencer por alguien como Luis del Pino, cuyos escrúpulos sé bien que están en entredicho? ¿no estaré demasiado enamorado de las hipótesis que he manejado durante años? ¿no será que tengo demasiada inversión emocional en dichas hipótesis, al haberlas defendido vehementemente delante de amigos y conocidos, al haber invertido horas y horas en justificarlas para mí mismo y para otros? ¿de verdad estoy dispuesto a aceptar la verdad, sea ésta la que sea?
Además de estas preguntas, hágase otra, fundamental: ¿cómo sabré que he encontrado la verdad? La verdad no es la opción más satisfactoria emocionalmente, la que más nos consuela. La verdad, por el contrario, suele movernos el suelo, suele causarnos desasosiego. Cuidado entonces: necesitamos criterios objetivos, previamente acordados y formulados públicamente, para saber cuándo estamos en condiciones de proclamar cuál es la verdad.
Se lo dice alguien que ha tenido algunas crisis de ese estilo durante su vida: hay cosas muy difíciles de aceptar, porque van en contra de todo lo que hemos supuesto, querido, defendido... y si no de todo, sí de cosas muy íntimas. ¿Ese hombre en el que confiamos y al que admiramos era capaz de mentir, de cosas mucho peores que mentir? ¿Esa teoría sobre la naturaleza humana en la que basábamos nuestro ideario político es incongruente con los hallazgos de la psicología social? ¿Hice el ridículo cuando defendía con pasión a Erik von Däniken (conocido ufólogo), con dieciséis años, ante la incrédula mirada de mi padre? Una y otra vez nos desengañamos. Quien tiene el valor de admitir que se ha equivocado se convierte en todos los aspectos en una persona mucho mejor.
Por ello, y ya que ha tenido usted el gesto de venir a visitarnos en son de paz (lo cual le honra), le pido que considere lo que digo. No me responda, no es necesario. Sólo considérelo.
Un cordial saludo.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
