Hace muchísimos años, un profesor de Historia me contó que lo del Maine había sido un autoatentado de E.E.U.U. para tener una excusa para declarar la guerra a España. La prueba: toda la oficialidad había abandonado el barco antes de la explosión, de manera que sólo murieron soldados del montón y personal subalterno. Yo me lo tragué.
Poco después, un compañero me intentó convencer de que el Lusitania había sido hundido por un submarino de E.E.U.U. para tener una excusa para entrar en la I Guerra Mundial. La prueba: ciertos pasajeros muy importantes habían anulado su reserva poco antes de que el barco partiera. Ya no me lo tragué.
Mucho después, vi un documental sobre el ataque de Pearl Harbor, en el que se decía que Roosvelt había tenido conocimiento del ataque, pero había decido consentirlo para tener una excusa con la que entrar en la II Guerra Mundial. La prueba: ningún oficial de alto rango resultó muerto. Empecé a bostezar.
Y ahora, nos visitan conspis que nos pretenden convencer de que el 11-S fue un atentado de la CIA, en connivencia con el Mossad, por supuesto, para tener una excusa con la que invadir Afganistán, Iraq y lo que se tercie. La prueba: ningún judío fue a trabajar ese día a las Torres Gemelas.
Ya lo único que tengo claro es que, efectivamente, el sentido común y la imaginación son dones mucho más escasos de lo que yo creía.
Poco después, un compañero me intentó convencer de que el Lusitania había sido hundido por un submarino de E.E.U.U. para tener una excusa para entrar en la I Guerra Mundial. La prueba: ciertos pasajeros muy importantes habían anulado su reserva poco antes de que el barco partiera. Ya no me lo tragué.
Mucho después, vi un documental sobre el ataque de Pearl Harbor, en el que se decía que Roosvelt había tenido conocimiento del ataque, pero había decido consentirlo para tener una excusa con la que entrar en la II Guerra Mundial. La prueba: ningún oficial de alto rango resultó muerto. Empecé a bostezar.
Y ahora, nos visitan conspis que nos pretenden convencer de que el 11-S fue un atentado de la CIA, en connivencia con el Mossad, por supuesto, para tener una excusa con la que invadir Afganistán, Iraq y lo que se tercie. La prueba: ningún judío fue a trabajar ese día a las Torres Gemelas.
Ya lo único que tengo claro es que, efectivamente, el sentido común y la imaginación son dones mucho más escasos de lo que yo creía.
