01-08-2007, 20:34:13
Opi Wrote:Precisamente planteaba el tema por la moda de los relativismos cultural y moral que parece que se han asentado como un nuevo paradigma, y no hablo de un sano escepticismo, sino de un relativismo fuerte. Quiero decir, que no distingue la diferencia entre decir que seguramente no hay certezas absolutas y el hecho de que la racionalidad y el conocimiento científico nos acercan a certezas mucho más que razonables (un amigo mío me recordaba esta mañana cuánto se parece esto al pensamiento conspiracionista, por cierto). Y hay evidencias, como las que nombra Lareán o el hecho de que nuestras modernas sociedades han logrado niveles de desarrollo tecnológico y de bienestar para sus ciudadanos (a todos los niveles: económico, cultural, desarrollo personal, etc.) como nunca antes se habían logrado en la historia de la humanidad, o el hecho de que están cimentadas sobre fundamentos racionales y el conocimiento verificable, amén de precisamente el fundamento de toda moralidad: el reconocimiento del otro. Y sin embargo, pese a todo ello, insisten en que es lo mismo, que no tenemos derecho a juzgar moralmente a un etarra porque desde su punto de vista ha actuado correctamente. Y lo mismo con Hitler o cualquier persona, que podemos limitarnos a actuar conforme a nuestra propia moral pero no podemos juzgarles.Yo también me declaro fervientemente en contra de los relativismos. Nada me pone de peor humor que la afirmación de que Einstein dijo "todo es relativo". Pues no, hombre, es exactamente al contrario. Einstein postula que las leyes de la física son siempre las mismas. Toma relativismo. Como dijo Ortega (que en este aspecto entendió bien a Einstein), no es relativismo, es absolutismo.
Acorrecto, a mí todo eso del iusnaturalismo la verdad es que me produce un cierto escalofrío... seguramente porque nunca he terminado de comprender su razonamiento.
Abrazos,
Er Opi.
En cuanto a la moda del relativismo posmoderno que acampa sobre todo en universidades estadounidenses, recomiendo ampliamente los trabajos de Alan Sokal, que desenmascaró magníficamente la pedantería y la vaciedad de dicho discurso.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
