larean Wrote:Bergman siempre tiene una nota de optimismo al final, un clavo ardiendo al que puede uno aferrarse. Por ejemplo, en el Séptimo Sello pasa justamente lo que usted dice: la familia humilde y sencilla se salva y sigue viviendo su "mediocre" realidad, su simpleza (yo he terminado siendo un epicúreo que piensa que esa mediocridad, a la que usted seguramente, como yo, le pone comillas, no tiene nada de malo). La vida en efecto puede ser sencilla, y en la sencillez (divino Mozart) están la felicidad y la belleza. Finalmente, Kavafis tiene razón: lo que importa es el camino.Efectivamente, Larean, uno termina siendo un epicúreo y adaptándose encantado a una "mediocridad" -ciertamente, entre comillas- que le parece muchas veces hasta maravillosa.
Se pasa por muchas fases en esta vida. Hace algunos años, cuando era apenas una adolescente, alguien me preguntó una cosa que entonces me sentó fatal y a la que contesté airada:
"¿Qué prefieres ser, un cerdo feliz o un Sócrates insatisfecho?".
Ya digo, por aquel entonces, la simple duda me ofendía, y respondí presto:
"¡Un Sócrates insatisfecho, por supuesto!"...
¡Qué cosas!. Hoy mi actitud y mi respues es muy dispar. Ante la pregunta sólo puedo sonreirme y, serenamente, contestar que siendo feliz, ¡qué más me dará ser un cerdo!... Hoy contesto, claramente, que un cerdo feliz, es más, añado. ¿Y dónde hay que firmar?
Buenas noches
