09-08-2007, 17:07:21
Lo siento, Manel, tengo las manos llenas con tu colega que no cree en la ciencia. Como al parecer tú si crees en ella, tendrás que esperar a la semana que viene, porque entre otras cosas salgo mañana y estaré incomunicado hasta el martes.
A vuelapluma: conocía las objeciones a las mediciones de Eddington, y podemos meternos a un siguiente nivel de discusión sobre los criterios de aceptación de las teorías científicas, aunque eso es abrir la caja de los truenos. Es evidente que la historia no es nunca tan sencilla como se cuenta, y ello ya lo vieron Kuhn et al. A veces la aceptación general de una teoría tiene que ver, además de con comprobaciones empíricas, con criterios al parecer tan extraños como su belleza (y la relatividad general es muy bella, es una extensión natural de la relatividad especial y da una respuesta muy elegante a la pregunta ancestral de qué es la gravitación).
Ahora mismo hay una tremenda discusión entre físicos positivistas que no aceptan la teoría de las cuerdas y los que siguen investigando en ella a pesar de no tener confirmación empírica.
Es todo esto, por cierto, lo que ha dado a los críticos foucaultianos de la ciencia carnaza para decir que la ciencia es un discurso más, ni más ni menos válido que la astrología, lo cual deja de lado, como de costumbre, la pregunta de por qué la ciencia es tan efectiva. ¿Por qué Eddington no se equivocaba, aunque maquillara sus datos? ¿O Mendel?
En todo caso nada de ello, me temo, refuta mi punto principal: las discusiones sobre hechos científicos, sean éstas las que sean, deben darse en el contexto de la comunidad científica, entre expertos. Si alguien quiere objetar lo que los expertos dicen, lo tiene muy fácil: tiene que convertirse en experto. Así ha sido siempre, y ha sido tremendamente efectivo. No veo por qué, en este contexto, en este momento, tienen que cambiar las cosas.
Lo demás es arrojarse mutuamente declaraciones que se entienden a medias para reforzar una postura previamente asumida. Repito lo que he dicho: no tengo el menor interés ideológico en que el calentamiento global sea cierto. El más mínimo. De hecho, me encantaría que fuera falso. No soy un ecologista radical. Pero vuestra oposición, reconócelo, es tan política y tan dogmática como la de los ecologistas radicales. No buscáis la verdad sobre este asunto, buscáis que se confirmen vuestros deseos, unos y otros.
Hasta que pueda retomar esto con más calma.
A vuelapluma: conocía las objeciones a las mediciones de Eddington, y podemos meternos a un siguiente nivel de discusión sobre los criterios de aceptación de las teorías científicas, aunque eso es abrir la caja de los truenos. Es evidente que la historia no es nunca tan sencilla como se cuenta, y ello ya lo vieron Kuhn et al. A veces la aceptación general de una teoría tiene que ver, además de con comprobaciones empíricas, con criterios al parecer tan extraños como su belleza (y la relatividad general es muy bella, es una extensión natural de la relatividad especial y da una respuesta muy elegante a la pregunta ancestral de qué es la gravitación).
Ahora mismo hay una tremenda discusión entre físicos positivistas que no aceptan la teoría de las cuerdas y los que siguen investigando en ella a pesar de no tener confirmación empírica.
Es todo esto, por cierto, lo que ha dado a los críticos foucaultianos de la ciencia carnaza para decir que la ciencia es un discurso más, ni más ni menos válido que la astrología, lo cual deja de lado, como de costumbre, la pregunta de por qué la ciencia es tan efectiva. ¿Por qué Eddington no se equivocaba, aunque maquillara sus datos? ¿O Mendel?
En todo caso nada de ello, me temo, refuta mi punto principal: las discusiones sobre hechos científicos, sean éstas las que sean, deben darse en el contexto de la comunidad científica, entre expertos. Si alguien quiere objetar lo que los expertos dicen, lo tiene muy fácil: tiene que convertirse en experto. Así ha sido siempre, y ha sido tremendamente efectivo. No veo por qué, en este contexto, en este momento, tienen que cambiar las cosas.
Lo demás es arrojarse mutuamente declaraciones que se entienden a medias para reforzar una postura previamente asumida. Repito lo que he dicho: no tengo el menor interés ideológico en que el calentamiento global sea cierto. El más mínimo. De hecho, me encantaría que fuera falso. No soy un ecologista radical. Pero vuestra oposición, reconócelo, es tan política y tan dogmática como la de los ecologistas radicales. No buscáis la verdad sobre este asunto, buscáis que se confirmen vuestros deseos, unos y otros.
Hasta que pueda retomar esto con más calma.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
