29-08-2007, 18:58:57
Me prometí no entrar hoy... no son Vds. tan importantes como para estar aquí todo el día... pero que le voy a hacer...
Ronindo, yo también te odio... Eso sí, no le llegas ni a los pies... A Rufino, claro.
Y para tí, ronindo, que lo disfrutes:
- Buenos días.
- Buenas tardes.
- ¿Cómo se encuentra, don Armando?
- Hace días que no me encuentro.
- Esto pasa, a veces yo no encuentro las cosas.
- ¡Oiga! ¡Yo soy el entrevistado y no una cosa!
- Pero a usted lo he encontrado.
- Si hubiese encontrado una cerilla ¿La entrevistaría acaso?
- Pues nunca me lo he planteado.
- A usted le recomiendo que tenga plantas.
- Ya tengo algunas. Mire, mire.
- ¿Que me enseña?
- Las plantas de los pies.
- Y por lo que veo también tiene champiñones. Póngase los calcetines, pedazo de sucio.
- ¿Desea que empecemos esta entrevista por el principio?
- Desearía finalizar por el inicio, pero ya que insiste.
- Es que si empezamos por el final la gente se marcha.
- Ha probado de atar a las personas para que no se marchen.
- ¿Pero que dice de atar las personas? ¿Esta usted loco de atar?
- Hay que estarlo para acudir a ciertas entrevistas.
- Vale, me ha colado un gol por la escuadra.
- Si quiere le cuelo un poco de café y nos lo tomamos.
- ¿Tiene café?
- Tengo sueño
- El sueño se cura con café.
- Y el insomnio con textos sosos como el suyo.
- ¿Sabe que yo crecí leyendo sus textos?
- ¿Y a que se dedica ahora que ya creció?
- A escribir textos como los suyos, artículos, algún cuento...
- ¿Si yo hubiera picado piedra, usted picaría ahora piedra?
- Pues no sé, yo a veces pico algo antes de cenar.
- Pues si que vamos bien... Y si le pica, rásquese.
- Es que no tengo nada que me pique.
- ¿Ni los mosquitos en verano?
- No, porque compré un buen insecticida que los mata bien muertos.
- Yo les leía el listín telefónico y se morían de aburrimiento.
- ¡Es que el listín es más bien tontín!
- Oiga, pero es muy necesario el listín.
- ¡Usted puso muy alto el listón en sus textos!
- Es que yo era más bien listín, pues aquí donde me ve, había estudiado varias carreras.
- Ayer estudié una carrera de fórmula uno, observaba con suma atención como un coche adelantaba a otro.
- Debía ser un fórmula cero, pues ya se sabe que siempre va antes que el uno.
- Ay señor Armando que usted me está mareando.
- ¿Le estoy armando un mareo?
- Voy a tomar una aspirina. Buenos días.
- Buenas tardes.
Ronindo, yo también te odio... Eso sí, no le llegas ni a los pies... A Rufino, claro.
Y para tí, ronindo, que lo disfrutes:
- Buenos días.
- Buenas tardes.
- ¿Cómo se encuentra, don Armando?
- Hace días que no me encuentro.
- Esto pasa, a veces yo no encuentro las cosas.
- ¡Oiga! ¡Yo soy el entrevistado y no una cosa!
- Pero a usted lo he encontrado.
- Si hubiese encontrado una cerilla ¿La entrevistaría acaso?
- Pues nunca me lo he planteado.
- A usted le recomiendo que tenga plantas.
- Ya tengo algunas. Mire, mire.
- ¿Que me enseña?
- Las plantas de los pies.
- Y por lo que veo también tiene champiñones. Póngase los calcetines, pedazo de sucio.
- ¿Desea que empecemos esta entrevista por el principio?
- Desearía finalizar por el inicio, pero ya que insiste.
- Es que si empezamos por el final la gente se marcha.
- Ha probado de atar a las personas para que no se marchen.
- ¿Pero que dice de atar las personas? ¿Esta usted loco de atar?
- Hay que estarlo para acudir a ciertas entrevistas.
- Vale, me ha colado un gol por la escuadra.
- Si quiere le cuelo un poco de café y nos lo tomamos.
- ¿Tiene café?
- Tengo sueño
- El sueño se cura con café.
- Y el insomnio con textos sosos como el suyo.
- ¿Sabe que yo crecí leyendo sus textos?
- ¿Y a que se dedica ahora que ya creció?
- A escribir textos como los suyos, artículos, algún cuento...
- ¿Si yo hubiera picado piedra, usted picaría ahora piedra?
- Pues no sé, yo a veces pico algo antes de cenar.
- Pues si que vamos bien... Y si le pica, rásquese.
- Es que no tengo nada que me pique.
- ¿Ni los mosquitos en verano?
- No, porque compré un buen insecticida que los mata bien muertos.
- Yo les leía el listín telefónico y se morían de aburrimiento.
- ¡Es que el listín es más bien tontín!
- Oiga, pero es muy necesario el listín.
- ¡Usted puso muy alto el listón en sus textos!
- Es que yo era más bien listín, pues aquí donde me ve, había estudiado varias carreras.
- Ayer estudié una carrera de fórmula uno, observaba con suma atención como un coche adelantaba a otro.
- Debía ser un fórmula cero, pues ya se sabe que siempre va antes que el uno.
- Ay señor Armando que usted me está mareando.
- ¿Le estoy armando un mareo?
- Voy a tomar una aspirina. Buenos días.
- Buenas tardes.
