Comparto el desconcierto de Isócrates y me permito insistir en mi pesimismo. Qué le voy a hacer, siempre he sido un cenizo, pero lo que estoy leyendo sobre las actuaciones de Gallego, que el perito Manrique tenga la última palabra (por orden de citación a declarar, quiero decir)...etc. En fin, ya sé que no debo pensar así, pero estoy escamado. El asunto está demasiado politizado. ¿Podría comprometer la juez su candidatura lanzado una bomba a los suyos? Me diréis que un juez está sometido a la ley, pero la ley admite interpretaciones diversas, y si no, sólo hay que leer en La Razón y en El Mundo las perlas que suelta ese otro vocal conservador del CGPJ que es José Luir Requero. No insistiré en estas reflexiones por coherencia con la filosofía del foro, pero, resumiendo, mi pronóstico es el siguiente:
a) versión "heavy": los peritos se van de rositas y a los superiores les cae un buen puro.
b) versión "light": los peritos se van de rositas y a los superiores se les imputa una falta menor, quizá sólo administrativa, una "chuminada" sin relevancia penal.
La versión light permitiría a los conspiranoicos salvar la cara (al fin y al cabo "hemos descubierto una irregularidad" y ya se sabe: lo importante no es el maldito ácido, sino la "mala fe que hay detrás", bla, bla, bla). Los "oficialistas" podrían seguir insistiendo en "mucho ruido y pocas nueces", "¿esto es lo máximo que habéis podido encontrar, etc. Y la juez no se pilla los dedos. Sería el tipo de salida ambigua que, a mi entender, practican algunos órganos jurisdiccionales ante situaciones complejas.
Mi apuesta, por tanto, es lo que denomino "versión light". Una vez leí la intervención de un diputado del PP, que citaba a Churchill, diciendo algo así: "Muchas veces he tenido que comerme mis palabras y he descubierto que es una dieta equilibrada".
Espero, quiero y deseo equivocarme, pero francamente no veo razón para el optimismo.
a) versión "heavy": los peritos se van de rositas y a los superiores les cae un buen puro.
b) versión "light": los peritos se van de rositas y a los superiores se les imputa una falta menor, quizá sólo administrativa, una "chuminada" sin relevancia penal.
La versión light permitiría a los conspiranoicos salvar la cara (al fin y al cabo "hemos descubierto una irregularidad" y ya se sabe: lo importante no es el maldito ácido, sino la "mala fe que hay detrás", bla, bla, bla). Los "oficialistas" podrían seguir insistiendo en "mucho ruido y pocas nueces", "¿esto es lo máximo que habéis podido encontrar, etc. Y la juez no se pilla los dedos. Sería el tipo de salida ambigua que, a mi entender, practican algunos órganos jurisdiccionales ante situaciones complejas.
Mi apuesta, por tanto, es lo que denomino "versión light". Una vez leí la intervención de un diputado del PP, que citaba a Churchill, diciendo algo así: "Muchas veces he tenido que comerme mis palabras y he descubierto que es una dieta equilibrada".
Espero, quiero y deseo equivocarme, pero francamente no veo razón para el optimismo.
