11-12-2007, 18:34:59
Morenohijazo: escribe una crítica del libro si te apetece. Hazlo por los churumbelej, que no hay pa comé.
Aquí va la mía (aunque quede feo):
Más de ocho mil ejemplares comprados por gente que quiere saber... Y no es Navidad.
Sin apoyos mediáticos de grandes grupos, nada de editoriales potentes ni distribuidoras poderosas; nada en publicidad, ni un euro; con el pacto de silencio para mantener el libro en el oscurantismo y que nadie hable de lo que cuenta, con fuego amigo y enemigo, pero también con la fuerza que da la razón y el alcance de la red o el programa A Fondo:
YA SON MÁS DE OCHO MIL EJEMPLARES COMPRADOS DE "CONSPIRANOIA".
Esta es mi propia visión del libro:
“CONSPIRANOIA”, sólo la verdad.
“Se indignaba fray Martín Lutero, con una indignación vehemente de hombre de pueblo, de hombretón sanguíneo, de hombre que ingenuamente cree ser sencillo y se enfurece cuando, al hacer la pregunta decisiva -¿Negro o blanco?- le contestan, con voz suave y una leve sonrisa:
.-Y gris, ¿qué le parece, querido doctor?”.
Prólogo al “Erasmo de Huizinga”, de Lucien Lefevre.
Lo primero que vino a mis manos como un imán tras este “Conspiranoia” que estás a punto de leer fue el “Elogio de la estulticia” de Erasmo. Como si una cosa llevara naturalmente a la otra. Me confesaba un día Enrique de Diego que la Moria erasmista era una de sus obras preferidas, un libro de cabecera si se quiere. No es extraño, al contrario: afortunadamente queda mucho de erasmismo entre nosotros ante los retos que representan los nuevos totalitarismos del siglo XXI, ante la sistemática expoliación e impostura a que están sometidas las clases medias.
El golpetazo de “Conspiranoia” a la dormida conciencia de una sociedad sometida alegremente al saqueo y engaño por su casta política consiste en una denuncia clara de los gurús mediáticos tan bien instalados en el sistema de prebendas. No son “el cuarto poder” crítico ante los amos, ni mucho menos “la voz del pueblo”... Son una parte del problema; un grupo de intereses en cola para repartirse el botín. Piratas con patente de corso.
Nadie puede llamarse a engaño:
“Este no es un libro sobre el 11m, sino a propósito del 11m... La historia de la degradación del periodismo a manos de la propaganda”.
Como cuando la Estulticia por mano erasmiana criticaba sin piedad a esa casta de teólogos que discutían en número de plumas en el bigote del Espíritu Santo, así, igualmente molesto para los modernos dogmáticos, desvela “Conspiranoia” la trastienda de una mentira masiva, de la mayor y más perversa manipulación acometida y mantenida con aires de secta, rendida a los pies de su dios EGM. Digo bien “su dios”, porque la derecha pagana necesita de dioses, y con vistas al negocio todo les parece lícito, hasta cambiar el Libro Rojo de Mao por las nuevas escrituras de su profeta a sueldo… Si no hay “profeta” ¿¡Qué más da!? ¡Se compran uno! Lo fabrican y siempre podrán dejarlo a los pies de los caballos llegado el caso.
Los “Días de infamia” entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 darán paso a una mentira igualmente inmoral, pero mantenida y retro-alimentada en el tiempo. Cualquier consideración ética o deontológica quedará soslayada por la ficticia consecución de un bien mayor... Un “bien” que se mide en antenas de radio, concesiones televisivas y tiradas de periódico. Todo vale mientras la masacre haga caja. “Días de infamia” y “Conspiranoia” cierran el círculo de intereses, la alianza del relativismo, el consenso pagano.
Verano de 2005: los conspiradores se reúnen entre mutuos halagos. Mallorca, Son Servera, Jornadas de Periodismo donde el director de El Mundo y un equipo de ateos formados en el marxismo okupando la emisora católica firmarán su pacto de infamia. Se adaptan técnicas estalinistas de propaganda, se fichan futuras cabezas de turco por si acaso, se implica a los políticos más “amigos” y sólo queda lanzar infamias. Lo preocupante no será tanto su actitud, sino el cambio sociológico que transformará una parte de la sociedad conservadora en fieles seguidores de la nueva secta: nadie se planteará dudas, y quien lo haga será anatema. Ateos anunciando canonizaciones, ex-terroristas dando lecciones de españolismo, protestantes con vocación de obispo, todo vale, porque “todo es bueno si es anti-zetapé”… Incluso sin serlo, todavía mejor si llena el bolsillo. Dudar de todo pero bien guiados, nunca se duda del gurú. ¿Quién gana más con esa situación? ¿A quién le conviene más que el actual gobierno siga en el poder? ¿Cómo mantener esa increíble patraña sobre “periodistas independientes”, los valientes luchadores?
“Conspiranoia” se lee de un tirón. Es muy difícil dejarlo una vez empezado. Parte de ello se debe a la apasionante trama real que supera con mucho las ficciones más absurdas, pero parte también es deudora del estilo narrativo que su autor, maestro de la novela histórica, utiliza para narrar los hechos. Nunca podrás hablar igual sobre el tedax Pedro cuando lo conozcas a través de las páginas; no despreciarás el trabajo del grupo GEO que enfrentó la muerte como tantas veces… No se te ocurrirá nombrar a Fco. Javier Torronteras si no es para homenajear a un héroe.
Esa es la España real, llena de héroes anónimos, de ciudadanos corrientes que en situaciones extraordinarias reaccionan de manera extraordinaria. La España donde nuestra policía y Guardia Civil se juega la vida y muchas veces la pierde, donde hay gente que se mete a solas con diez kilos de dinamita y, si sale vivo, todavía aguanta insultos. Un país y una gente a la que pillan muy lejos los negocios de mercachifles, pero que se ha visto indefensa ante tamaña avalancha de marketing. También eso es una España real, y el negocio estaba allí esperando… Sólo hacía falta despojarse de cualquier reparo moral.
Una buena base de mercado, deseosa de lo que sea para lamer sus heridas de las últimas elecciones; algunas trayectorias de mucho mérito contra los nacionalismos dilapidadas ante el flujo del poder; abducir asociaciones para dejar claro que “mis víctimas” no son “tus víctimas”, y mentir, muchas mentiras. Falacia tras falacia, cada vez más burdas, hasta el delirio total. Han perdido el juicio. Así nos encontramos hoy con dos grandes imperios mediáticos, cada uno pretendiendo apoderarse de sus apoyos políticos, cada uno con medio pastel. No son la voz de su amo, ellos son los amos.
Empresarios del ladrillo, con poceros y sin poceros, productoras, editoriales, digitales de Internet, miles de “ministros”, directores de infinitas televisiones, concesiones a manos llenas según donde gobiernen unos u otros… Porque otros y unos les necesitan para gobernar.
Hay además una transformación radical en parte de la derecha sociológica, una gran masa de la que apenas quedan grupúsculos que se sumó a los anti-sistema, negando legitimidad al Estado: batasunos y conspiranoicos, cada uno defendiendo a sus propios terroristas. Estos socializan la violencia y aquellos socializan la duda. Hoy, aplastados por una Sentencia ejemplar, los conspiradores se confunden con el paisaje, dicen diego donde dijeron digo, desaparecen misteriosamente. No todos: algunos creen que todavía se puede hacer caja mintiendo sobre la sangre y el dolor ajenos. San Martín puede tardar, pero llega siempre. Ya veremos.
Esa también es España, la que padecemos.
En este panorama de monopolio que se pretende bicéfalo, este “bipolio” del pensamiento donde todo discrepante es anatemizado como enemigo, este libro es en sí mismo una victoria, una batalla ganada, un último bastión libre frente a los mercaderes de blancas y negras. Pero el libro es ante todo un comienzo, lo mejor está por llegar… La bola de nieve rueda y sabiendo lo que “Conspiranoia” desvela será interesante ver quién y qué va cayendo a su paso.
Han matado la rebelión cívica, ¡Que viva entonces! Aunque ahora se llame Regeneración. Por fin la verdad no es sólo un fin, sino también el único medio.
Aquí va la mía (aunque quede feo):
Más de ocho mil ejemplares comprados por gente que quiere saber... Y no es Navidad.
Sin apoyos mediáticos de grandes grupos, nada de editoriales potentes ni distribuidoras poderosas; nada en publicidad, ni un euro; con el pacto de silencio para mantener el libro en el oscurantismo y que nadie hable de lo que cuenta, con fuego amigo y enemigo, pero también con la fuerza que da la razón y el alcance de la red o el programa A Fondo:
YA SON MÁS DE OCHO MIL EJEMPLARES COMPRADOS DE "CONSPIRANOIA".
Esta es mi propia visión del libro:
“CONSPIRANOIA”, sólo la verdad.
“Se indignaba fray Martín Lutero, con una indignación vehemente de hombre de pueblo, de hombretón sanguíneo, de hombre que ingenuamente cree ser sencillo y se enfurece cuando, al hacer la pregunta decisiva -¿Negro o blanco?- le contestan, con voz suave y una leve sonrisa:
.-Y gris, ¿qué le parece, querido doctor?”.
Prólogo al “Erasmo de Huizinga”, de Lucien Lefevre.
Lo primero que vino a mis manos como un imán tras este “Conspiranoia” que estás a punto de leer fue el “Elogio de la estulticia” de Erasmo. Como si una cosa llevara naturalmente a la otra. Me confesaba un día Enrique de Diego que la Moria erasmista era una de sus obras preferidas, un libro de cabecera si se quiere. No es extraño, al contrario: afortunadamente queda mucho de erasmismo entre nosotros ante los retos que representan los nuevos totalitarismos del siglo XXI, ante la sistemática expoliación e impostura a que están sometidas las clases medias.
El golpetazo de “Conspiranoia” a la dormida conciencia de una sociedad sometida alegremente al saqueo y engaño por su casta política consiste en una denuncia clara de los gurús mediáticos tan bien instalados en el sistema de prebendas. No son “el cuarto poder” crítico ante los amos, ni mucho menos “la voz del pueblo”... Son una parte del problema; un grupo de intereses en cola para repartirse el botín. Piratas con patente de corso.
Nadie puede llamarse a engaño:
“Este no es un libro sobre el 11m, sino a propósito del 11m... La historia de la degradación del periodismo a manos de la propaganda”.
Como cuando la Estulticia por mano erasmiana criticaba sin piedad a esa casta de teólogos que discutían en número de plumas en el bigote del Espíritu Santo, así, igualmente molesto para los modernos dogmáticos, desvela “Conspiranoia” la trastienda de una mentira masiva, de la mayor y más perversa manipulación acometida y mantenida con aires de secta, rendida a los pies de su dios EGM. Digo bien “su dios”, porque la derecha pagana necesita de dioses, y con vistas al negocio todo les parece lícito, hasta cambiar el Libro Rojo de Mao por las nuevas escrituras de su profeta a sueldo… Si no hay “profeta” ¿¡Qué más da!? ¡Se compran uno! Lo fabrican y siempre podrán dejarlo a los pies de los caballos llegado el caso.
Los “Días de infamia” entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 darán paso a una mentira igualmente inmoral, pero mantenida y retro-alimentada en el tiempo. Cualquier consideración ética o deontológica quedará soslayada por la ficticia consecución de un bien mayor... Un “bien” que se mide en antenas de radio, concesiones televisivas y tiradas de periódico. Todo vale mientras la masacre haga caja. “Días de infamia” y “Conspiranoia” cierran el círculo de intereses, la alianza del relativismo, el consenso pagano.
Verano de 2005: los conspiradores se reúnen entre mutuos halagos. Mallorca, Son Servera, Jornadas de Periodismo donde el director de El Mundo y un equipo de ateos formados en el marxismo okupando la emisora católica firmarán su pacto de infamia. Se adaptan técnicas estalinistas de propaganda, se fichan futuras cabezas de turco por si acaso, se implica a los políticos más “amigos” y sólo queda lanzar infamias. Lo preocupante no será tanto su actitud, sino el cambio sociológico que transformará una parte de la sociedad conservadora en fieles seguidores de la nueva secta: nadie se planteará dudas, y quien lo haga será anatema. Ateos anunciando canonizaciones, ex-terroristas dando lecciones de españolismo, protestantes con vocación de obispo, todo vale, porque “todo es bueno si es anti-zetapé”… Incluso sin serlo, todavía mejor si llena el bolsillo. Dudar de todo pero bien guiados, nunca se duda del gurú. ¿Quién gana más con esa situación? ¿A quién le conviene más que el actual gobierno siga en el poder? ¿Cómo mantener esa increíble patraña sobre “periodistas independientes”, los valientes luchadores?
“Conspiranoia” se lee de un tirón. Es muy difícil dejarlo una vez empezado. Parte de ello se debe a la apasionante trama real que supera con mucho las ficciones más absurdas, pero parte también es deudora del estilo narrativo que su autor, maestro de la novela histórica, utiliza para narrar los hechos. Nunca podrás hablar igual sobre el tedax Pedro cuando lo conozcas a través de las páginas; no despreciarás el trabajo del grupo GEO que enfrentó la muerte como tantas veces… No se te ocurrirá nombrar a Fco. Javier Torronteras si no es para homenajear a un héroe.
Esa es la España real, llena de héroes anónimos, de ciudadanos corrientes que en situaciones extraordinarias reaccionan de manera extraordinaria. La España donde nuestra policía y Guardia Civil se juega la vida y muchas veces la pierde, donde hay gente que se mete a solas con diez kilos de dinamita y, si sale vivo, todavía aguanta insultos. Un país y una gente a la que pillan muy lejos los negocios de mercachifles, pero que se ha visto indefensa ante tamaña avalancha de marketing. También eso es una España real, y el negocio estaba allí esperando… Sólo hacía falta despojarse de cualquier reparo moral.
Una buena base de mercado, deseosa de lo que sea para lamer sus heridas de las últimas elecciones; algunas trayectorias de mucho mérito contra los nacionalismos dilapidadas ante el flujo del poder; abducir asociaciones para dejar claro que “mis víctimas” no son “tus víctimas”, y mentir, muchas mentiras. Falacia tras falacia, cada vez más burdas, hasta el delirio total. Han perdido el juicio. Así nos encontramos hoy con dos grandes imperios mediáticos, cada uno pretendiendo apoderarse de sus apoyos políticos, cada uno con medio pastel. No son la voz de su amo, ellos son los amos.
Empresarios del ladrillo, con poceros y sin poceros, productoras, editoriales, digitales de Internet, miles de “ministros”, directores de infinitas televisiones, concesiones a manos llenas según donde gobiernen unos u otros… Porque otros y unos les necesitan para gobernar.
Hay además una transformación radical en parte de la derecha sociológica, una gran masa de la que apenas quedan grupúsculos que se sumó a los anti-sistema, negando legitimidad al Estado: batasunos y conspiranoicos, cada uno defendiendo a sus propios terroristas. Estos socializan la violencia y aquellos socializan la duda. Hoy, aplastados por una Sentencia ejemplar, los conspiradores se confunden con el paisaje, dicen diego donde dijeron digo, desaparecen misteriosamente. No todos: algunos creen que todavía se puede hacer caja mintiendo sobre la sangre y el dolor ajenos. San Martín puede tardar, pero llega siempre. Ya veremos.
Esa también es España, la que padecemos.
En este panorama de monopolio que se pretende bicéfalo, este “bipolio” del pensamiento donde todo discrepante es anatemizado como enemigo, este libro es en sí mismo una victoria, una batalla ganada, un último bastión libre frente a los mercaderes de blancas y negras. Pero el libro es ante todo un comienzo, lo mejor está por llegar… La bola de nieve rueda y sabiendo lo que “Conspiranoia” desvela será interesante ver quién y qué va cayendo a su paso.
Han matado la rebelión cívica, ¡Que viva entonces! Aunque ahora se llame Regeneración. Por fin la verdad no es sólo un fin, sino también el único medio.
