25-03-2008, 00:48:35
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El Mundo, 25 de marzo de 2008 Wrote:25 de marzo de 2008: segunda parte entrevista a la viuda de El Chino
LA VIUDA DE ‘EL CHINO’ EXPLICA PORQUÉ NO DIJO LA VERDAD AL TRIBUNAL
‘Un miembro de la acusación me dijo cómo declarar en el juicio del 11-M’
Según la testigo clave de la causa, antes de que comenzara su intervención ante la Sala, un miembro de la acusación le comentó: «No te preocupes, que no te van a machacar»
Cuando Olga Sánchez le preguntó si había hablado con su esposo el 3 de abril, ella contestó que no. La fiscal sabía que no decía la verdad, pero dio por finalizado su interrogatorio
Rosa afirma que Jamal estaba a punto de lograr los ‘papeles’ y hablaba de su futuro cuando se produjo el atentado del 11-M. Por ello duda de que «tuviera la intención de inmolarse en Leganés»
ANTONIO RUBIO
MADRID.– Rosa, la viuda de Jamal Ahmidan El Chino, fue y es testigo protegido, y el día que declaró en la vista oral del 11-M, ante magistrados, fiscales, abogados, público y cámaras de televisión, recibió el consejo de que, si tenía dudas, contestara con un «no me acuerdo». Cuando la fiscal Olga Sánchez le preguntó si el 3 de abril de 2004 había hablado con su marido cuando éste estaba en Leganés, antes de suicidarse con otros autores del 11-M, la testigo contestó: «No».
Rosa, la viuda de Jamal Ahmidan ‘El Chino’ asume, por primera vez, que un miembro de la acusación le aconsejó cómo tenía que ser su declaración ante el tribunal del 11-M. Rosa tenía que contestar con un «no me acuerdo» cuando tuviera dudas, pero el nerviosismo de aquel momento le indujo a decir un simple «no» en la pregunta más importante.
Hoy, la viuda de El Chino descubre quién le dio aquella instrucción: «Fue un miembro de la acusación. Me dijo cómo tenía que declarar y que no me preocupara, que no me iban a machacar. También me dijo que, si no recordaba algo o tenía dudas, que contestara con un ‘no me acuerdo’».
Sin embargo, el suicidio de siete miembros del comando terrorista islamista el 3 de abril de 2004, en Leganés, es fundamental para entender qué ocurrió el 11-M. Rosa afirmó ayer, en EL MUNDO, que «el 11-M lo hicieron ellos, pero seguro que alguien los ayudó». También nos contó que «Jamal le dijo a su madre desde Leganés que no sabía que el atentado iba a ser de esa forma, que se le había ido de las manos». La viuda de El Chino llegó más lejos: «Puede que Jamal nos quisiera decir que él estaba en un tema que no controlaba». Y concluyó: «Yo no dudo de que mi marido estuviera en la logística del atentado, pero estoy segura de que nunca llegó a montar en los trenes y de que no fue uno de los autores materiales».
Pregunta.- Usted declaró, como testigo, en la vista oral del 11-M el 10 de abril de 2007. ¿Quién le recomendó o insinuó que, cuando las partes le interrogaran, no hacía falta que contara todo o que dijera que no se acordaba?
Respuesta.- Antes de entrar a declarar, yo estaba muy nerviosa y, entonces, se me acercó un miembro de la acusación y me dio instrucciones. Me dijo: «Las cosas están muy claras. Si ves que, en algún momento, tienes dudas o no te acuerdas de algo, contestas con un ‘no me acuerdo’».
La acusación pública en la vista oral del 11-M estaba representada por los fiscales Javier Zaragoza, Olga Sánchez y Carlos Bautista. La acusación popular, por la Asociación de Víctimas del Terrorismo; y las particulares, por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M y la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, entre otras.
P.- La primera persona o miembro del Tribunal que le pregunta si usted mantuvo una conversación con Jamal Ahmidan el 3 de abril de 2004 fue la fiscal Olga Sánchez. Su respuesta fue: «No».
R.- Sí, me bloqueé y dije que no había hablado con él.
P.- Entonces, ¿fue la fiscal Olga Sánchez quién le dio instrucciones?
Antes de que Rosa responda a esta pregunta se produce un largo silencio. La todavía testigo protegida recurre a la botella de agua que tiene a su lado y da un largo trago. Después responde.
R.- No lo sé.
P.- ¿Seguro?
R.- No me acuerdo. Sólo tengo que decir que la fiscal Olga Sánchez se ha portado muy bien conmigo, me ha cuidado mucho, me ha ayudado con la documentación de mi hijo para guardar su identidad, se ha preocupado de que nadie me viera en la Audiencia Nacional cuando declaraba y ha procurado que ningún medio de comunicación llegara hasta mí.
P.- ¿También la cuidó antes de declarar en la vista oral del juicio del 11-M?
R.- Sí, claro. Ella me dijo: «Rosa, yo te lo voy a hacer lo más sencillo posible. No voy a profundizar porque ya has declarado mucho. Por mí, no te haría declarar».
P.- Y, entonces, ¿qué declaró cuando la fiscal le preguntó por su conversación con su marido?
R.- Que no, que no había hablado con él.
P.- Ante su respuesta negativa, ¿repreguntó la fiscal?
R.- No. Yo esperaba que lo hiciera, pero se produjo un silencio y a continuación dijo que no había más preguntas.
P.- Sin embargo, usted sí habló.
R.- Sí, hablé. Pero hay que tener en cuenta que nadie me puede demostrar que yo hablé porque la Policía no grabó las conversaciones que aquel día mantuve con Jamal. Es decir, yo primero conté al juez (se refiere al instructor del caso Juan del Olmo), a la fiscal (Olga Sánchez) y a la Policía cómo fueron aquellas conversaciones con Jamal y las que después mantuvo con su madre (ver EL MUNDO de ayer) porque quería colaborar con la investigación y quería que se supiera la verdad. Nadie transcribió aquellas llamadas. Tampoco están trascritas mis conversaciones o llamadas con el juez Del Olmo.
P.- Vale. Pero alguien le dio instrucciones sobre cómo tenía que declarar en la vista oral.
R.- Sí. Fue un miembro de la acusación. Me dijo que no me preocupara, que no me iban a machacar, que procurara estar tranquila y que, si no recordaba algo o tenía dudas, que dijera o contestara que no me acuerdo. Esas fueron las recomendaciones que me dieron antes de declarar.
R.- ¿Tal cual?
P.- Sí. Me dijeron que las cosas estaban muy claras y que si veía que en alguna pregunta tenía que decir que no me acuerdo, pues que dijera que no me acuerdo. Además, toda la verdad la sabía el juez (Juan del Olmo) y la fiscal (Olga Sánchez).
P.- ¿Quién más le preguntó por sus conversaciones con Jamal Ahmidan aquel 3 de abril?
R.- El abogado defensor de Hamid Ahmidan, el primo de Jamal.
P.- ¿Cuál fue su respuesta?
R.- Que no.
P.- Y no le sorprendió que nadie de las partes (magistrados, fiscales, abogado del Estado, abogados de la acusación y de las defensas) insistiera en aquella pregunta tan trascendental para el esclarecimiento de los sucesos.
R.- Sí. Claro que me sorprendí. Es más, yo me quedé flipada porque me imaginé que me iba a tirar allí ocho horas declarando y no tardé ni una hora. Cuando entré en la sala, imaginé que el abogado que representaba a la Asociación de Víctimas que lideraba la señora Pilar Manjón me iba a machacar, pero no me hizo ninguna pregunta.
P.- Entonces, ¿en qué insistieron las partes?
R.- Insistieron y se pusieron pesados cuando me preguntaron que por qué sabía yo que uno de los que aparecía en el vídeo reivindicando los atentados del 11-M era Jamal. Les expliqué que era muy fácil. Entre otras cosas por sus manos. Porque Jamal no había dado un palo al agua en su vida. No lo entendían y entonces el juez Bermúdez explicó lo que significaba eso en Andalucía, vamos que no había trabajado nunca. Mientras tanto, el juez Guevara me miraba y me hacía señales de que estuviera tranquila. [Los tres magistrados que componían parte del tribunal del 11-M eran Javier Gómez Bermúdez (presidente y ponente), Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás.]
P.- ¿Qué otras recomendaciones recibió durante la investigación judicial y policial del 11-M?
R.- Tras mi detención, el 25 de marzo de 2004, la Policía me dice que tenga mi teléfono móvil abierto por si me llama Jamal. Después, me dicen que, si se pone en contacto conmigo, que intente montar una cita. Y yo respondo: «Pero vosotros creéis que Jamal es tonto». Pretendían que le montara una cita en plena calle. Y, precisamente, fue Jamal el primero que se dio cuenta de que había controles de la Policía alrededor de la casa.
P.- ¿Cuándo se dio cuenta?
R.- Fue antes de que me detuvieran a mí. Él estaba en casa, navegando por internet, y me hizo la observación de que la poli estaba dando vueltas. Otro día, cuando se dirigía a casa en su coche, observó que junto al portal había un vehículo sospechoso y me llamó por teléfono para decirme que había vigilancia policial y ya nunca más regresó a casa y nunca más lo vi. La última vez que hablé con él fue el 3 de abril de 2004, cuando murió en el piso de Leganés.
Nueve meses antes, el 30 de julio de 2003, Jamal Ahmidan había regresado de Marruecos, donde se había pasado tres años en la cárcel por la muerte de un marroquí en un enfrentamiento en una noche de alcohol. Al llegar a Madrid prometió a Rosa y a la madre de ésta que ya estaba regenerado y que «quería conseguir su documentación, vivir tranquilo, que iba a ser un hombre de bien, que iba a dejar la vida anterior y que se iba a dedicar a su familia».
Jamal Ahmidan El Chino también le explicó a Rosa cuáles eran sus proyectos de futuro: «Estar unos años aquí, en España, y después regresar a su casa, a Marruecos, porque su padre estaba mayor y enfermo».
Tras pasar juntos el verano de 2003, Rosa estaba convencida de que El Chino, su marido, había cambiado. Rosa también recuerda que fueron momentos alegres: «Salíamos, estábamos unidos y los dos vestíamos como los europeos. Incluso él llevaba camisetas con tirantes y en septiembre llevamos a nuestro hijo, los dos, al colegio. Era un colegio de monjas y Jamal asistió a alguna reunión con la tutora del niño».
P.- ¿Cuándo y cómo se produjo el cambio en Jamal Ahmidan?
R.- Hoy, todavía, sigo sin entenderlo. Estaban a punto de darle sus papeles cuando ocurrió el 11-M. Me pregunto para qué seguía con el tema de los papeles y de su regularización si estaba metido en aquello, en el 11-M. O sea, hablaba de futuro y estaba a punto de morir. Es indudable que es una gran contradicción y que Jamal no tenía intención de inmolarse en Leganés (ver EL MUNDO de ayer).
P.- Pero ¿cuándo se produjo el cambio?
R.- Fue a partir de finales de octubre, principios de noviembre de 2003 cuando yo noté un cambio en Jamal [en aquellas fechas ya había tenido su primera reunión con Emilio Suárez Trashorras para adquirir los explosivos que, según la sentencia, fueron utilizados después en los atentados].
Comenzó a llevar al niño a la mezquita de la M-30 de Madrid. Allí, según me ha contado mi hijo, Jamal se reunía con un grupo de personas, haciendo una especie de círculo y hablaba de cosas. Las reuniones siempre eran fuera de la mezquita, en el césped que hay al lado.
P.- Su hijo también fue la única persona que estuvo en la finca de Morata de Tajuña cuando los amigos y compañeros de Jamal Ahmidan estuvieron trabajando allí.
R.- Sí. Mi hijo iba con su padre todos los fines de semana a la finca. El anterior al 11-M, el 6 y 7 de marzo, Jamal ya no vino por su hijo. Recuerdo que lo llamé el sábado porque mi hijo se rompió un dedo jugando al fútbol y quería que su padre lo llevara al hospital. Me contestó que estaba muy liado y que lo llevara yo. Al día siguiente, domingo, también justificó que estaba muy liado y no vino por el niño.
P.- ¿Qué hizo Jamal Ahmidan, antes, durante y después del 11-M?
R.- Viajó mucho y se dedicó a cobrar una serie de deudas que tenía pendientes. También detecté que hablaba con cierta frecuencia con Sherhane El Tunecino [Sherhane ben Abdelmajid El Tunecino, según la sentencia judicial, era el líder espiritual de la célula terrorista islamista]. Ése era el que le comía el coco. Le decía que yo era una cristiana y que me tenía que obligar a ponerme el pañuelo y todas esas cosas.
P.- ¿Dónde estaba su marido el 11-M?
R.- Ese día Jamal vino a casa sobre las 22.30 o 23.00 horas. Por la noche. Cenamos y, cuando el niño se fue a la cama, le comenté lo sucedido. Que había estado en el lugar de los atentados ayudando. Él me regañó. Me dijo que por qué había ido, que parecía tonta y que me tenía que haber quedado en casa.
P.- ¿Qué dijo sobre los atentados?
R.- Nada. No hizo ningún comentario. Estaba frío. Parecía como si la historia no fuera con él.
P.- ¿Dónde durmió Jamal la noche del 10-M?
R.- No lo sé. En casa, no. La última vez que durmió en casa fue la noche del día 9.
P.- ¿Qué hizo el 12-M, un día después de los atentados?
R.- Me dijo que se iba a Francia, que tenía cosas que hacer. Le comenté que estábamos en elecciones, que habían ocurrido los atentados y que en la frontera habría muchos controles [hay que recordar que El Chino se dedicaba al tráfico de hachís, entre otras cosas]. Insistió en que tenía temas pendientes de deudas y de cobros, y que se iba.
P.- ¿Cuándo regresó?
R.- Regresó dos días antes del Día del Padre. Creo que era el 17. Pero durante todo ese tiempo tuvo el móvil apagado [Rosa reveló ayer en este periódico que, cuando Jamal Ahmidan hacía alguna operación importante, desaparecía de la escena durante unos días]. Le eché la bronca porque había desaparecido y no sabía nada de él.
P.- ¿Qué le contestó?
R.- Lo único que me dijo es que seguro que ahora le iban a encasquetar los muertos de los atentados a los moros. También me dijo que tenía ganas de estar tranquilo y que no quería hablar con nadie.
P.- Sin embargo, a su hijo le comentó algo totalmente distinto.
R.- Sí, fue por la noche y le dijo que los de ETA se habían pasado con el atentado.
P.- Y después, ¿cuándo desaparece Jamal Ahmidan?
R.- Desapareció después de que celebráramos el Día del Padre en la finca de Morata de Tajuña [donde supuestamente habían montado las mochilas bomba que colocaron en los trenes de la muerte]. Aquel día nos acercamos hasta el puesto de la Guardia Civil para denunciar que habían desaparecido las ovejas que Jamal tenía allí y, cuando regresamos a casa, a Madrid, me dijo que iba a pasarse por la casa de los chicos.
P.- ¿Quiénes eran los chicos?
R.- Después supe que se refería al piso de Leganés [allí se suicidaron siete miembros del comando terrorista, incluido El Chino].
Días después, el 25 de marzo, Rosa fue detenida y conducida a la sede de la Comisaría General de Información. Allí tuvo que aguantar varios interrogatorios y todos querían saber dónde estaba El Chino. Al día siguiente, Rosa declaró ante el juez Del Olmo y la fiscal Olga Sánchez, y quedó claro que ella no sabía nada de la trama del 11-M. La mujer de El Chino quedó en libertad y se convirtió en testigo protegido.
Los viajes que realizó Jamal Ahmidan antes y después del 11-M, según Rosa, fueron a Ibiza, Asturias, San Sebastián, Bilbao, Málaga, Granada, Pamplona y Francia. En todos ellos su objetivo fundamental fue recaudar fondos. EL MUNDO ha hecho un cálculo de lo que El Chino tenía pendiente por cobrar y la cantidad asciende a unos 340.000 euros.
Hay que recordar que la Policía, tras la explosión del piso de Leganés, encontró entre los restos 33 billetes de 500 euros (16.500 euros) y que algunos de ellos estaban en el bolsillo del pantalón de El Chino.
Rosa recuerda que, antes del 11-M, llegó a su casa, desde Holanda, una pareja formada por un chico de unos 30 años y una señora algo mayor. Los dos traían tres maletas y, al día siguiente, dos de las maletas desaparecieron misteriosamente. El hombre, según Rosa, se llamaba Younan y había estado en la cárcel de Marruecos con Jamal Ahmidan.
Otro de los hechos curiosos que Rosa rememora de aquellos días es que «cuando volví a mi casa, tras el 3 de abril, me encontré con una factura de teléfono que ascendía a unos 1.000 euros».
P.- Y ¿de qué era aquella factura?
R.- Pues correspondía a una serie de llamadas que, al parecer, había hecho Jamal desde el teléfono fijo de casa y desde un móvil mío de Amena.
P.- ¿Adónde?
R.- Pues fueron a Afganistán, Londres, Holanda y otros sitios.
Rosa está cansada. Han sido varios días recordando aquellos trágicos y dolorosos momentos. Ahora falta lo más duro. La viuda quiere visitar, por primera vez, la tumba de su marido. El cementerio musulmán donde están enterrados los restos de Jamal Ahmidan está fuera de Madrid y el viaje es largo.
La tumba de El Chino no tiene ninguna identificación especial: ni fecha, ni nombre, ni símbolos. Nada. Un simple ladrillo rojo sobre un montón de tierra llena de hierbajos señala, para unos pocos, que allí están los restos de Jamal Ahmidan, uno de los jefes de los terroristas del 11-M. Rosa se queda sola delante de ella y con sus pensamientos.
