23-04-2008, 12:52:25
morenohijazo Wrote:Pues a mi me encanta leer a Rasmo.gracias, Moreno, pero creo que te has equivocado de hilo...
Explica mucho mejor que yo la faceta filosófica del problema de la Verdad y la Mentira.
Sólo quiero añadir una cosa:
Científicamente, sólo con el trabajo forense, en un 99 % de los casos, no se puede distinguir un homicidio de una muerte suicida. Eso es tan evidente, los forenses lo tienen tan claro, que en sus manuales ni siquiera registran literalmente "es imprescindible la labor de investigación policial acompañando a la autopsia forense". Simplemente, refieren que la labor investigadora consta de varias partes, y no estará completa si no se presta atención a una de ellas.
Varios libros de Medicina Legal o Forense ilustrarían esto. Por el momento voy a poner una imagen de uno de ellos, el llamado “manual de Patología Forense” de Di Maio, Vincent (2003)
http://img401.imageshack.us/img401/5429/...bisvd5.jpg
http://img401.imageshack.us/img401/8387/...jpglz7.jpg
Tengo más manuales, de los que si hace falta pondría algo, pero lo cierto es que si bien, como dije, una búsqueda exhaustiva nos ofrecerá miles de artículos en los que habla sobre la importancia del valor añadido de la investigación en la escena del crimen, pocos dicen que sea imprescindible, porque de tan sabido no hace falta ponerlo.
A la información de Carmen Baladía de que no se han encontrado pruebas de suicidas le hace falta, en primer lugar, una advertencia de que tal hallazgo no se ha producido “por el momento”. Y en segundo lugar, hace falta un reconocimiento expreso de que las pruebas forenses no son suficientes para afirmar lo que se dedujo, falsamente, de eso.
Dicho así, y utilizado políticamente, el informe de Carmen Baladía es una verdad a medias, que se transforma en una mentira.
Vuelvo a citar un ejemplo que ya di el otro día, y que comprenderá, el que quiera, mejor. Si usted va a su médico de Familia, o a un especialista de digestivo, respiratorio, etc. relatándole un síntoma, o una molestia, existe una asimetría de información entre paciente y profesional.
El paciente sabe más de los síntomas que padece, las características, frecuencia, etc.
El médico sabe más de lo que significan esos síntomas, los signos de la exploración que realice, y la trascendencia o banalidad de su significado.
Ahora imaginen que el síntoma referido es: tos de más de un mes de tiempo, en un paciente fumador que lleva dos años sin fumar, cansancio y adelgazamiento injustificado. El diagnóstico final podrá ser un cáncer, una tuberculosis, una infección vírica, etc. O no ser nada.
Si el médico se limita a auscultarle, tomarle el pulso o la tensión, puede que no halle nada patológico. Le dice al paciente: “No he encontrado datos suficientes como para pensar que tiene usted ninguna enfermedad” ¿Les parece este diagnóstico adecuado? ¡Por supuesto que no! Independientemente de que luego tenga algo o no, este médico está actuando peligrosamente para con sus pacientes.
Esa frase, por cierta que sea (el médico no encontró nada extraño en la auscultación) es inadmisible desde el punto de vista científico. No nos explica que el caso, el experimento, no sólo no ha terminado, sino que precisamente faltan las pruebas más comprometidas: en el caso de nuestro paciente una prueba de imagen, brosncoscopia, etc, en el caso de los muertos de los trenes la identificación y búsqueda da datos sobre los cadáveres más próximos a los explosivos.
Y es más: si ese paciente demanda al médico, éste será condenado aunque no exista un cáncer: será condenado por imprudencia o negligencia. Ha habido ya miles de condenas por cosas así; y en el caso de un caso así, vamos, no le salva ni el Tato
Fíjense... si al menos el médico dijese al paciente que por el momento no encuentra nada, pero que va a pedir unas pruebas, habrá una comprensión tácita de que el caso no está cerrado, y puede librarse el médico. En el caso de Baladía, la advertencia de que no se ha cerrado la investigación me obligaría a seguir confiando en ella. Pero no sólo no advirtió de eso, sino que sigue persistiendo en afirmaciones inexactas...
Señores, creo que ya se dio margen suficiente a Baladía para considerar que pudo cometer un despiste o que se aprovecharon de su buena fe. Carmen Baladía es forense, y forense de reconocido prestigio. No puede haberse equivocado así. Lo que yo expongo arriba ( y lo que sigo abajo) es fruto del sentido común, porque yo no soy experto en Medicina Legal. Para Carmen Baladía, informar, e insistir, en que sin identificar los cadáveres y sin labor policial podía afirmarse que había suicidas es el equivalente al médico que no realiza exploraciones complementarias al paciente anterior. Es muchísimo más grave porque ella sabe mucho más que nosotros de todo esto
Quizás crean ustedes que soy muy duro… Les aseguro que no. Los médicos tienen un trabajo con mucha responsabilidad. A veces necesitan un poco de comprensión porque son humanos, y no pueden acertar siempre. Pero hay errores de parvulario. Y en el caso de Baladía, no es un error. Con su experiencia, con su prestigio, no puede serlo. Es una manipulación intencionada. Volviendo a nuetro enfermo, es como si luego descubrimos que el médico es amante de la mujer del paciente… ¿Cómo pensar en un error involuntario? En ese caso, la condena oscilaría peligorosamente hacia el homicidio...
Y, para que vean que Baladía no se equivoca por desconocimiento, no puede estar equivocándose por ignorancia, en este mismo libro, hablando de las muertes por deflagración o conflagración, dice:
En los casos de deflagraciones o conflagraciones en los cuales la victima es reducida a cenizas rápidamente, no existirá hollín en las vías aéreas y el nivel de CO postmortem será mínimo o inexistente
Y no vale decir que en este caso las víctimas no fueron reducidas a cenizas. Todo el mundo, salvo que tenga mala intención al leer, entiende que el hollín no aparecerá por no haber tiempo para ser respirado. De hecho, la muerte por despedazamiento es aún más rápida que por combustión. En ella es aún menos probable hallar hollín o carboxihemoglobina
Carmen Baladía, en cambo, en su entrevista con del Pino, habló de la determinación de CO en sangre (carboxihemoglobina) como prueba que Prieto debería hacer en Leganés y no hizo. Recuerdo para no iniciados que los gases lacrimógenos no tienen nada que ver con este asunto. La deliberada confusión buscada entre CO y lacrimógenos puede despistar a un peón, pero es imposible que despiste a Carmen Baladía. Pero, tanto si los “pelanas” estaban ya muertos (hipótesis peonil) como si murieron por despedazamiento (versión oficial), no se encontrará CO postmortem. La determinación de CO no servía PARA NADA. Decirlo en Libertad Digital sí es una acusación malévola e infundada contra el trabajo de un compañero, actitud aún más bochornosa si recordamos que Baladía se había ido de finde y Prieto se quedó currando.
Pasemos, pues, de corporativismo y de exceso de comprensibilidad hacia quien no lo merece. Prieto es inocente, y se chupó cuatro años de insultos. Y no pocos de ellos le han venido por culpa de Carmen Baladía.
Ahora, hay que decirlo claro. Baladía miente. Y no puede ser ni un error, ni un despiste
