20-05-2008, 18:32:32
Es que a mí todo ese lenguaje de clase dominante y obreros oprimidos me parece muy trasnochado y simplista. La policía no viene a proteger sólo al rico cuyos obreretes se le rebelan para socializar y colectivizar la fábrica. El panadero de la esquina o el mismo obrero que conduce un ford fiesta también tienen alguna propiedad que proteger, ¿o no?
En eso de la socialización de la riqueza no encuentro diferencia con el comunismo y, más allá de las bonitas palabras, pues el papel lo aguanta todo, especialmente cuando se comparan realidades contrastadas, feas y "sucias" (el pérfido capitalismo) con ideas utópicas y no mancilladas por su puesta en práctica (sociedad libertaria en un mundo donde las piedras se pueden comer y la, la, la...), lo cierto es que la experiencia histórica de quienes han querido acabar con las clases y socializar la propiedad es un poquito... ejem... deprimente, ¿no?
Colateralmente, recuerdo un excelente momento de "enemy at the gates". Uno de los protagonistas, en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, enfrentado a otro por el amor de una mujer (por lo cual emplea malas artes), viene a confesar algo así, cuando finalmente se rinde ante el otro: "siempre habrá pobres y ricos. Pobres en amor, ricos en amor".
En resumen, pienso que cuando se parte de premisas falsas se llega a conclusiones erróneas. Y, aunque la constitución social pueda generar por sí misma o sustentar desigualdades, me parece una evidencia que la propia naturaleza es la principal generadora de desigualdades o, al menos, lo es en un grado no desdeñable. Aunque se supriman el dinero, la propiedad privada y las "clases", signifique eso lo que signifique hoy día, siempre habrá ricos y pobres, se mida de una u otra forma: en influencia, en derecho de apareamiento, en resistencia o fortaleza física, en capacidad de expresión y convencimiento... No se trata de abolir por decreto la desigualdad acudiendo a máximas de dudoso fundamento, sino más bien en gestionar dicha desigualdad según criterios de justicia ampliamente aceptados por quienes están sometidos a ellos. Por supuesto, decidir el contenido exacto de esos términos tan indefinidos es la sustancia misma de la política y no puedo siquiera pretender esbozar nada parecido a una solución tecleando casualmente en un blog, dadas mis propias limitaciones.
Quisiera decir, no obstante, que, aunque no estoy seguro de compartir la mayoría de las formulaciones de Hayek, me pareció muy oportuna su reflexión sobre el hecho de que el socialismo cae en la "fatal arrogancia" de considerar que todo problema organizativo puede resolverse de manera "racional" y centralizada, olvidando que las instituciones sociales son el producto de un proceso que se halla entre el instinto y la razón.
Un mínimo de prudencia "conservadora" me parece adecuado cuando se abogan cambios radicales y "revolucionarios" de estructuras que han surgido aparentemente por su capacidad funcional y adaptativa, sin saber muy claramente hacia dónde nos abocan tales alteraciones. Yo entiendo que cabe imponer restricciones a la propiedad privada, por ejemplo, sobre las que cabe un amplio abanico de alternativas y discusiones. Pero su abolición me parece no sólo irrealizable, sino también indeseable.
Y ya dejo el tostón...
En eso de la socialización de la riqueza no encuentro diferencia con el comunismo y, más allá de las bonitas palabras, pues el papel lo aguanta todo, especialmente cuando se comparan realidades contrastadas, feas y "sucias" (el pérfido capitalismo) con ideas utópicas y no mancilladas por su puesta en práctica (sociedad libertaria en un mundo donde las piedras se pueden comer y la, la, la...), lo cierto es que la experiencia histórica de quienes han querido acabar con las clases y socializar la propiedad es un poquito... ejem... deprimente, ¿no?
Colateralmente, recuerdo un excelente momento de "enemy at the gates". Uno de los protagonistas, en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, enfrentado a otro por el amor de una mujer (por lo cual emplea malas artes), viene a confesar algo así, cuando finalmente se rinde ante el otro: "siempre habrá pobres y ricos. Pobres en amor, ricos en amor".
En resumen, pienso que cuando se parte de premisas falsas se llega a conclusiones erróneas. Y, aunque la constitución social pueda generar por sí misma o sustentar desigualdades, me parece una evidencia que la propia naturaleza es la principal generadora de desigualdades o, al menos, lo es en un grado no desdeñable. Aunque se supriman el dinero, la propiedad privada y las "clases", signifique eso lo que signifique hoy día, siempre habrá ricos y pobres, se mida de una u otra forma: en influencia, en derecho de apareamiento, en resistencia o fortaleza física, en capacidad de expresión y convencimiento... No se trata de abolir por decreto la desigualdad acudiendo a máximas de dudoso fundamento, sino más bien en gestionar dicha desigualdad según criterios de justicia ampliamente aceptados por quienes están sometidos a ellos. Por supuesto, decidir el contenido exacto de esos términos tan indefinidos es la sustancia misma de la política y no puedo siquiera pretender esbozar nada parecido a una solución tecleando casualmente en un blog, dadas mis propias limitaciones.
Quisiera decir, no obstante, que, aunque no estoy seguro de compartir la mayoría de las formulaciones de Hayek, me pareció muy oportuna su reflexión sobre el hecho de que el socialismo cae en la "fatal arrogancia" de considerar que todo problema organizativo puede resolverse de manera "racional" y centralizada, olvidando que las instituciones sociales son el producto de un proceso que se halla entre el instinto y la razón.
Un mínimo de prudencia "conservadora" me parece adecuado cuando se abogan cambios radicales y "revolucionarios" de estructuras que han surgido aparentemente por su capacidad funcional y adaptativa, sin saber muy claramente hacia dónde nos abocan tales alteraciones. Yo entiendo que cabe imponer restricciones a la propiedad privada, por ejemplo, sobre las que cabe un amplio abanico de alternativas y discusiones. Pero su abolición me parece no sólo irrealizable, sino también indeseable.
Y ya dejo el tostón...
