11-06-2008, 14:40:14
Mi conmovida solidaridad con Ángeles Pedraza. Y mi rabia.
Mi rabia porque una parte no despreciable de ese sufrimiento tan terrible que siente se lo han infligido personas en quienes ha confiado.
Señora Pedraza: no es la justicia quien la ha traicionado. Tampoco el pueblo español. Quienes la han traicionado son las personas que por mezquinos intereses comerciales y políticos la llevaron a creer la patraña de que no se ha hecho justicia, de que eran ellos, y no el sistema judicial, quienes tenían la verdad. Quienes la llevaron a la atroz sospecha de que policías, guardias civiles, jueces de instrucción, fiscales y magistrados de la AN y el Supremo se han compinchado para robarle la justicia. Es durísimo lo que voy a decirle, pero es la verdad: quienes la han traicionado son las personas en las que usted confió para representarla y ayudarla en el juicio.
Me duelo por su dolor y me atrevo a sugerirle un camino, ya que usted misma dice que no sabe qué hacer. Ese camino es abrir la mente a la posibilidad de que la mal llamada versión oficial sea la verdad. Que quienes la han engañado no son los jueces, poco proclives al engaño, sino los periodistas y políticos que precisamente hacen del engaño su pan nuestro de cada día.
Le ruego, le imploro una cosa, señora: piense en las incongruencias de la teoría de la conspiración. Piense la cantidad enorme de españoles que tendrían que compincharse para negarle a usted la justicia, y piense lo improbable que ello resulta. Piense que ni siquiera el Departamento de Estado de EEUU desconfía de la investigación de las autoridades españolas, que ha calificado de modélica. Pregúntese: ¿y si los que me han hecho creer en las incongruencias de la versión oficial son realmente los que me han engañado, a sabiendas o no?
Señora: si se atreve a intentar otro camino, aquí nos tiene para ayudarla, para resolver sus dudas, para demostrarle que las teorías de la conspiración no son más que una tremenda manipulación, un enorme y cruel invento. Cruel, crudelísimo, porque, repito, lo que menos interesaba a los creadores de ese invento es el sufrimiento que le han causado a usted y a otras víctimas. Sólo pensaban en el partido que podían sacar del invento: aumentar audiencia, darse a conocer, vender libros, obtener ventajas políticas. Y claro, se olvidaron del invento cuando ya no cumplía su cometido. Usted lo sabe bien: ningún político habla ya del 11-M, y sólo algunos medios se atreven a seguir impulsando la versión conspiracionista.
Aquí nos tiene. Sé que no podremos consolarla, pero tal vez podamos convencerla de que la Justicia no la ha traicionado a usted. Y ello puede ser el inicio de un consuelo: pensar que se ha hecho justicia, que sabe usted, al menos de forma sustancial, quiénes cometieron la masacre. Y si es demasiado nuestro atrevimiento, piense que hay otros muchos recursos: están, sin ir más lejos, las otras acusaciones particulares que se presentaron en el juicio. Hable usted, por ejemplo, con el distinguido abogado José María García-Fuster. Hable con él sinceramente y pregúntele que piensa de todo esto. Con él, o con cualquier otro abogado que no haya defendido tesis conspiracionistas. Intente entender qué era lo que ellos defendían. Piense que defendían también a víctimas. ¿No tendrán algo de razón? Hágales preguntas, resuelva sus dudas.
Reciba un cordial y sentido saludo.
Luis Fernando Areán y, estoy seguro, el colectivo completo de Desiertos Lejanos.
Mi rabia porque una parte no despreciable de ese sufrimiento tan terrible que siente se lo han infligido personas en quienes ha confiado.
Señora Pedraza: no es la justicia quien la ha traicionado. Tampoco el pueblo español. Quienes la han traicionado son las personas que por mezquinos intereses comerciales y políticos la llevaron a creer la patraña de que no se ha hecho justicia, de que eran ellos, y no el sistema judicial, quienes tenían la verdad. Quienes la llevaron a la atroz sospecha de que policías, guardias civiles, jueces de instrucción, fiscales y magistrados de la AN y el Supremo se han compinchado para robarle la justicia. Es durísimo lo que voy a decirle, pero es la verdad: quienes la han traicionado son las personas en las que usted confió para representarla y ayudarla en el juicio.
Me duelo por su dolor y me atrevo a sugerirle un camino, ya que usted misma dice que no sabe qué hacer. Ese camino es abrir la mente a la posibilidad de que la mal llamada versión oficial sea la verdad. Que quienes la han engañado no son los jueces, poco proclives al engaño, sino los periodistas y políticos que precisamente hacen del engaño su pan nuestro de cada día.
Le ruego, le imploro una cosa, señora: piense en las incongruencias de la teoría de la conspiración. Piense la cantidad enorme de españoles que tendrían que compincharse para negarle a usted la justicia, y piense lo improbable que ello resulta. Piense que ni siquiera el Departamento de Estado de EEUU desconfía de la investigación de las autoridades españolas, que ha calificado de modélica. Pregúntese: ¿y si los que me han hecho creer en las incongruencias de la versión oficial son realmente los que me han engañado, a sabiendas o no?
Señora: si se atreve a intentar otro camino, aquí nos tiene para ayudarla, para resolver sus dudas, para demostrarle que las teorías de la conspiración no son más que una tremenda manipulación, un enorme y cruel invento. Cruel, crudelísimo, porque, repito, lo que menos interesaba a los creadores de ese invento es el sufrimiento que le han causado a usted y a otras víctimas. Sólo pensaban en el partido que podían sacar del invento: aumentar audiencia, darse a conocer, vender libros, obtener ventajas políticas. Y claro, se olvidaron del invento cuando ya no cumplía su cometido. Usted lo sabe bien: ningún político habla ya del 11-M, y sólo algunos medios se atreven a seguir impulsando la versión conspiracionista.
Aquí nos tiene. Sé que no podremos consolarla, pero tal vez podamos convencerla de que la Justicia no la ha traicionado a usted. Y ello puede ser el inicio de un consuelo: pensar que se ha hecho justicia, que sabe usted, al menos de forma sustancial, quiénes cometieron la masacre. Y si es demasiado nuestro atrevimiento, piense que hay otros muchos recursos: están, sin ir más lejos, las otras acusaciones particulares que se presentaron en el juicio. Hable usted, por ejemplo, con el distinguido abogado José María García-Fuster. Hable con él sinceramente y pregúntele que piensa de todo esto. Con él, o con cualquier otro abogado que no haya defendido tesis conspiracionistas. Intente entender qué era lo que ellos defendían. Piense que defendían también a víctimas. ¿No tendrán algo de razón? Hágales preguntas, resuelva sus dudas.
Reciba un cordial y sentido saludo.
Luis Fernando Areán y, estoy seguro, el colectivo completo de Desiertos Lejanos.
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
