Una carta, también pública, que ha escrito hace 15 días un excoordinador nacional de Peones Negros al programa A Fondo. Su autor es persona muy preparada, de probada sensatez y de la que, además, puedo certificar que pensaba casi lo mismo mientras coordinaba la asociación. No encontró el camino para, partiendo de lo que abajo expone, terminar con las consignas y el fanatismo de los elementos que destruyeron esa iniciativa... Quizás era imposible porque estaban marcados por un "pecado original" que se comía cuanto de positivo pudiera haber.
No hay porqué estar de acuerdo con lo que dice, ni propone debate ni nada. La pongo aquí por si de algo pudiera servir a las señoras Pedraza, Domínguez y tantas víctimas por partida doble: del terrorismo y de quiénes las usan para sus fines.
No hay porqué estar de acuerdo con lo que dice, ni propone debate ni nada. La pongo aquí por si de algo pudiera servir a las señoras Pedraza, Domínguez y tantas víctimas por partida doble: del terrorismo y de quiénes las usan para sus fines.
Quote:"Considero que ya ha llegado el momento de aportar mi punto de vista sobre aquello que usted llama en sus programas la conspiranoia sobre el 11M. Como usted sabe, me considero conocedor del fenómeno por mi cercanía durante un tiempo a ese mundo dado que fui, en su tiempo, coordinador nacional de Peones Negros.
En mi opinión, esta teoría de la conspiración sobre el 11M se ha basado en tres elementos que no se pueden obviar o separar: el estado emocional de una parte de la sociedad española ante el terrible atentado (agravada por la manipulación informativa por parte de la izquierda y sus medios afines ante el atentado), la existencia de irregularidades, negligencias y responsabilidades no depuradas en relación al atentado (cosa bastante común en un país como el nuestro) y la habilidad de algunos medios de comunicación para aprovechar estas irregularidades y el caldo de cultivo que representaba esta emotividad a flor de piel para obtener repercusión y aumentar sus ventas e influencia construyendo una teoría, según la cual, el atentado fue planeado y cometido por una mano negra, una conspiración que maniobró en la oscuridad para ocultar la gigantesca trama a la vista de todos y consiguió la complicidad de centenares, o millares, de personas con poder e influencia, imbricadas en todos los aparatos del Estado, culpando a otros de lo que ellos cometieron. Una ridícula teoría que no se habría mantenido nunca de no mediar el intenso estado emocional, manipulado por algunos, y las irregularidades que, probablemente, son moneda de cambio común en esta España nuestra, aunque sean negadas con ahínco en este caso por otros.
Lo que es peor, la teoría de la conspiración no sólo ha contribuido a que muchas personas, en otros aspectos de la vida críticas y racionales, se enquisten en una visceralidad rayana en el más terrible fanatismo: ha contribuido también a que las responsabilidades e irregularidades detectadas no hayan sido depuradas pues la presión de la conspiranoia ha desviado la atención de los verdaderos problemas, dirigiendo a sus huestes a la persecución de fantasmas, mientras empujaba a sus críticos a negar, o a obviar, estas irregularidades en su intento de enfrentar y combatir la teoría de la conspiración.
Esta teoría de la conspiración fue insinuada por un diario de tirada nacional aunque, en mi opinión, nadie en ese periódico le dio una forma del todo concreta. Creo que el director de este periódico nunca creyó en ella pero fue consciente del filón que suponía informar periódicamente, y con cierto sensacionalismo, de rarezas o irregularidades alrededor del 11M, permitiendo al lector imaginar que detrás de todo ello había mucho más de lo que en realidad se decía (o insinuaba) y dejando que fuesen otros los que formulasen la teoría de la conspiración. De hecho, los detalles de esta teoría fueron desarrollados por una persona antes desconocida, un ingeniero, cuyos escritos acerca del 11M permitieron su lanzamiento al estrellato mediático, apoyado por otro grupo radiofónico y editorial, también beneficiado por estos postulados.
El susodicho ingeniero abrió un blog al que se acercaron todo tipo de personas, las más generosas y de buena fe aunque otras interesadas y con deseos de sacar alguna tajada (tal como corresponde al género humano). Poco a poco estas personas se fueron organizando con el altruista objetivo de conocer una verdad que consideraban negada, u ocultada, pero con un principio fundamental: se investigaría pero, de ningún modo, se formularía una versión alternativa mientras no hubiese pruebas que fehacientemente lo demostrasen. Este principio, siempre esgrimido, era constantemente atropellado por el autoproclamado líder, que aprovechaba la credulidad y buena fe generales para construir absurdas teorías sobre como se había desarrollado el atentado del 11M, no reparando en que esos planteamientos acababan acusando de graves delitos, sin pruebas, a personas que no estaban imputadas. De igual manera, aunque formalmente animaba a todos a ser críticos, el líder intentaba imponer un espíritu de secta, planteando el 11M como una partida de ajedrez entre el bien y el mal en la que sólo existían dos opciones: o se está de acuerdo conmigo o se está a favor del enemigo.
Y estas últimas personas, las que discutían sus planteamientos, eran vilipendiadas por algunos acólitos como cómplices de los criminales.
Creo que usted, don Enrique, lo ha experimentado alguna vez en sus carnes. Este planteamiento tenía como objetivo conferir un poder omnímodo al líder para hacer y deshacer a su antojo y para vender sus teorías alternativas sin discusión ni competencia del resto. Como quiera que este tipo de actitud está en contra del espíritu critico y de la sociedad abierta, una buena parte de nosotros abandonamos a tan carismático líder y nos alejamos de ese mundo.
El método de investigación (por llamarlo de alguna manera) de la aludida persona, y de algunos de sus seguidores, carece absolutamente de cualquier metodología mínimamente rigurosa. Directamente pone el carro antes de los caballos, la conclusión antes que la evidencia.
Como hay una conspiración, cualquier irregularidad, error, errata, declaración de un testigo poco clara o un detalle que pueda resultar llamativo en el sumario, se convierte en una prueba de lo que ya se da por indiscutible desde un principio. Así, el simple hecho de que uno de los muertos en Leganés tuviese puestos unos pantalones de chándal al revés se convierte en una supuesta prueba fehaciente de que los musulmanes no se suicidaron o el hecho de que la caravana que transportaba el explosivo lo hiciese en un fin de semana de grandes nevadas, o que tomase carreteras secundarias, se esgrime como una prueba de que en realidad ese transporte no tuvo lugar. Si un personaje como Jamal Ahmidan (el chino) no encaja en la supuesta trama, se afirma, sin rubor, que lo más probable es que ese personaje nunca existió.
Pero, tras más de dos años de pretendidas investigaciones, cada supuesta irregularidad ha quedado en nada. Y esto es así porque se ha pretendido siempre sacar algo más que lo que hay. Lo que ocurre es que, tras una irregularidad detectada no suele haber más que una irregularidad. Los errores, trampas o irregularidades no están enlazadas entre sí y probablemente existen en muchos otros procesos judiciales. Decía Napoleón que «nunca debe atribuirse a la conspiración lo que bien podría explicar la incompetencia», aunque hay que reconocer que siempre hay otros elementos en juego: no siempre acertamos ni actuamos correctamente y, con frecuencia, tendemos a no reconocerlo. Si, por ejemplo, alguien ha tenido un comportamiento negligente en el caso, es humano esperar que luego en sus declaraciones intente maquillar algunos aspectos de su comportamiento o, incluso, mentir para ocultarlos. Por ello, cuando se ha tirado de un hilo nunca ha salido el ovillo que se pretendía sino tan solo un corto hilo. Pero todo esto ha llevado a pasar por alto las irregularidades y a desviar la atención ¿para qué investigar la sospechosa trama de trafico de explosivos de Avilés si, según la teoría de la conspiración, no fue este el explosivo que se utilizó en el atentado?
La conspiración constituye una explicación para mentes simples: una idea sencilla lo explica todo. Pero el mundo (y no me refiero al periódico) suele ser mucho más complejo. Y es muy probable que las rarezas e irregularidades detectadas sean comunes en muchos otros procesos penales que han tenido lugar en España.
Son muchos lo que opinan, aunque no todos lo reconozcan, que el Skoda Fabia no estaba el 11M en Alcalá y, por tanto, es algo que alguien intentó colar como prueba falsa. Pero esto no tiene que apuntar necesariamente a una conspiración. Los hechos constatados de pruebas falsas en otros países muestran que, en la inmensa mayoría de los casos, este tipo de pruebas suelen constituir un atajo, una forma de incriminar a los verdaderos culpables permitiendo al que la pone atribuirse unos méritos que en realidad no tiene.
En resumen, una investigación del 11M, seria y sin prejuicios ni intereses de personas y grupos debería haber contribuido a detectar los fallos y problemas que tiene nuestro sistema, proponiendo así las reformas necesarias y el establecimiento de los oportunos mecanismos de control, a exigir responsabilidades políticas o explicaciones por negligencias, chapuzas e incluso mala fe. Lejos de ello, ha desviado la atención de los verdaderos problemas, no sabría decir si de manera involuntaria o deliberada, hacia la construcción de una teoría absurda mientras se obvian los verdaderos fallos. Pero, don Enrique, le recomiendo que no intente convencer con argumentos racionales a los que todavía permanecen en ese mundo: la conspiranoia es un estado de ánimo, algo más cercano a las vísceras que a la razón".
