16-06-2008, 21:32:43
Lareán Wrote:Creo que en este hilo escriben personas con mayor autoridad moral que usted, Atalanta. Y es que claro, usar a víctimas engañadas es tan cómodo como argumento falaz... Un ad misericordiam de libro.Usar a víctimas es repugnante, querido Lareán. Tú lo sabes perfectamente, y lo has manifestado cientos de veces. Las víctimas merecen todo el respeto y la consideración (todas, incluso las que no nos gustan o no son de nuestra cuerda, pues el hecho lesivo es el mismo y las circunstancias semejantes), y, ciertamente, ser víctima no da otra razón que la de la necesidad mayor de buscar justicia.
La víctimas no queremos compasión, ni engañadas ni sin engañar. Queremos justicia y dignidad. Puedo entender perfectamente que Angeles Pedraza o Gabriel Moris, en su intento de despejar cualquier duda sobre la autoría del atentado que costó la vida de un ser tan querido como un hijo, sean carne de cañón para el engaño, desgraciadamente. Y que caigan en él más facilmente (lo cual, por cierto, hace más deleznable que se les engañe)
Lo malo de esto es que se nos pasea como bandera si decimos lo que algunos quieren oír. Somos un ejemplo, entonces. Pero si decimos otra cosa, ya no somos dignos del respeto, ni dignos de consideración -no hay cosa peor que una víctima desidente y denostada, para algunas iras- y, según parece, buscamos compasión. Pues esa compasión, por mí, y por cientos de víctimas, que se la metan donde les quepa. No queremos compasión, para nada, esa opinión aberrante parece querer marcar a las víctimas que no son de su cuerda. NO queremos compasión, repito, pero menos queremos ser utilizadas para intereses partidistas o personales. Y mucho menos, queremos falsedades, engaños, o golpes supuestamente amigos en la espalda.
Y en cualquier caso, yo sigo queriendo la verdad, como creo que quieren todas las víctimas. Y lo he dicho muchas veces, aunque esa verdad no sea la que yo esperaba. Ahora entiendo que creemos lo que necesitamos creer, y que es muy difícil abrir los ojos y ver lo que hay -guste o no guste-, no lo que queríamos que hubiera.
