17-06-2008, 17:35:59
La valoración que hace El Mundo, en su editorial de hoy, de la sentencia que condena a Jiménez Losantos:
OPINION
Editorial
UN FALLO MAL FUNDAMENTADO QUE ATACA LA LIBERTAD DE EXPRESION
La sentencia dictada ayer por el juzgado de lo Penal nº 6 de Madrid en la que condena por injurias graves a pagar 36.000 euros a Fedérico Jiménez Losantos vulnera principios constitucionales, supone un peligroso ataque a la libertad de expresión y establece un precedente disuasorio para los periodistas que se atrevan a criticar al poder político.
La falaz argumentación jurídica de la juez Inmaculada Iglesias convierte en injuriosas las expresiones de Jiménez Losantos -no muy distintas de las que forman parte del lenguaje habitual de las tertulias y de las polémicas entre periodistas y políticos- al despojarlas de la cobertura de la veracidad.
El fundamento de esta sentencia es que Jiménez Losantos realizó una serie de juicios de valor injuriosos en base a una interpretación no veraz de las declaraciones en las que el alcalde Ruiz-Gallardón dijo que «hablar de lo ocurrido del 11 al 14-M podría hacer pensar que no tenemos argumentos del 14 hacia aquí»
La misma juez subraya que la veracidad es el intento diligente de conocer la verdad. Pero considera que Jiménez Losantos no actuó de forma diligente al interpretar esas palabras de la misma forma que lo hizo el periódico donde aparecieron y que ese día tituló: «Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización».
Erigiéndose en una experta en semántica y en filosofía del lenguaje, la juez contradice la intepretación de Losantos, del propio diario ABC, que entonces estaba en perfecta sintonía con Gallardón, y de los testimonios de otras personas como el director de EL MUNDO o el presidente de la AVT, y entiende que no es posible deducir de esas palabras que el alcalde de Madrid estuviera traicionando la línea del PP y propugnando que no se investigara el 11-M. Y ello lo hace recurriendo como argumento de autoridad a las ambiguas declaraciones de Ignacio González, Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana y Angel Acebes, que sostuvieron durante la vista, en contra de lo que afirmaban una y otra vez en privado, que lo que dijo Gallardón no contradecía la línea del partido.
La sentencia indica expresamente que estos cuatro testimonios «desvirtúan las alegaciones de la defensa» y, por tanto, establece que los reproches de Jiménez Losantos a Gallardón no eran veraces, lo cual resulta absolutamente subjetivo y discutible. Primero, porque la declaración de los dirigentes del PP fue un ejercicio de disimulo, fruto de la inercia que habitualmente les lleva a camuflar sus pensamientos. Segundo, porque esa disidencia de Gallardón hay que interpretarla dentro de la intrahistoria de su autoproclamada trayectoria como «verso suelto». Y tercero porque Gallardón jamás desmintió la interpretación del ABC y de Losantos, lo que podía haber hecho ejerciendo su derecho de rectificación.
La sentencia da un salto en el vacío al sin tan siquiera motivar por qué concede más credibilidad a unos testigos que a otros. También lo hace cuando considera que la reiteración de epítetos corrobora la injuria como si ésta fuera cuestión del número de veces. Y, por último, cuando señala que Losantos siguió criticando a Gallardón pese a que éste había presentado una querella, como si el inicio de una acción judicial comportara asumir la autocensura.
Nos parece evidente que estamos ante una sentencia basada en un derecho penal de autor y en una interpretación acomodaticia de la ley. Si las mismas palabras las hubiera pronunciado otro periodista de distinta etiqueta sobre otro político de distinta actitud no habría habido querella ni juicio ni condena.
Estamos convencidos de que la Audiencia de Madrid, el Tribunal Constitucional o el Tribunal de Estrasburgo invalidarán este fallo, que debería quedar como un simple nota a pie de página en la larga historia de los errores judiciales.
*******************
Algunas barbaridades:
1) Dice que La misma juez (...) considera que Jiménez Losantos no actuó de forma diligente al interpretar esas palabras de la misma forma que lo hizo el periódico donde aparecieron y que ese día tituló: «Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización».
(...) la juez (...) entiende que no es posible deducir de esas palabras que el alcalde de Madrid estuviera traicionando la línea del PP y propugnando que no se investigara el 11-M.
Gallardón invita a su partido a obviar el 11M. ¿Gallardón propugna que no se investigue el 11M? Ah, es que el 11M lo tenía que investigar el PP.
Ah.
2) Dice que los testigos de la defensa (Ignacio González, Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana y Ángel Acebes) mintieron a la jueza en un juicio penal. Esto es lo del falso testimonio aquel de Díaz de Mera, ¿no, Areán?
Dos veces lo dice. Para que quede claro.
3) Dice que Gallardón jamás desmintió la interpretación del ABC y de Losantos, lo que podía haber hecho ejerciendo su derecho de rectificación. Pero en cambio la sentencia, ese documento sin importancia, dice esto:
«En cuanto a las alegaciones de la defensa de que resulta incomprensible que el querellante no ejercitara acción de rectificación frente a los medios de comunicación nacional que interpretaron al unísono y coincidentemente que la significación de sus palabras era sólo una (…) debe señalarse que en la publicación de EL MUNDO el 9 de junio de 2006 (documento nº 4 aportado por la defensa
en el Juzgado de Instrucción) cuyo titular era “ Aguirre replica a Ruiz Gallardón que en el PP se habla con moderación”. El Vicepresidente de Madrid contradice también al alcalde en su deseo de “Obviar” el 11-M”; se decía también “ Las palabras del periodista de la COPE provocaron una declaración explícita del propio Alcalde, quién aprovechó la rueda de prensa posterior a la reunión de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid para asegurar que “decir que me da igual que haya 200 muertos y 1500 heridos con tal de llegar yo al poder es el mayor insulto que he recibido en mis 23 años de ejercicio de la política. “Mas”, dijo, que los calificativos de “traidor, siniestro, bandido, lacayo de la oposición y caradura”.»
Adivinen quién miente.
(¡Aportado por la propia defensa! ¿Qué abogado defensor llevaría este pobre Jiménez: Abascal? :lol: )
OPINION
Editorial
UN FALLO MAL FUNDAMENTADO QUE ATACA LA LIBERTAD DE EXPRESION
La sentencia dictada ayer por el juzgado de lo Penal nº 6 de Madrid en la que condena por injurias graves a pagar 36.000 euros a Fedérico Jiménez Losantos vulnera principios constitucionales, supone un peligroso ataque a la libertad de expresión y establece un precedente disuasorio para los periodistas que se atrevan a criticar al poder político.
La falaz argumentación jurídica de la juez Inmaculada Iglesias convierte en injuriosas las expresiones de Jiménez Losantos -no muy distintas de las que forman parte del lenguaje habitual de las tertulias y de las polémicas entre periodistas y políticos- al despojarlas de la cobertura de la veracidad.
El fundamento de esta sentencia es que Jiménez Losantos realizó una serie de juicios de valor injuriosos en base a una interpretación no veraz de las declaraciones en las que el alcalde Ruiz-Gallardón dijo que «hablar de lo ocurrido del 11 al 14-M podría hacer pensar que no tenemos argumentos del 14 hacia aquí»
La misma juez subraya que la veracidad es el intento diligente de conocer la verdad. Pero considera que Jiménez Losantos no actuó de forma diligente al interpretar esas palabras de la misma forma que lo hizo el periódico donde aparecieron y que ese día tituló: «Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización».
Erigiéndose en una experta en semántica y en filosofía del lenguaje, la juez contradice la intepretación de Losantos, del propio diario ABC, que entonces estaba en perfecta sintonía con Gallardón, y de los testimonios de otras personas como el director de EL MUNDO o el presidente de la AVT, y entiende que no es posible deducir de esas palabras que el alcalde de Madrid estuviera traicionando la línea del PP y propugnando que no se investigara el 11-M. Y ello lo hace recurriendo como argumento de autoridad a las ambiguas declaraciones de Ignacio González, Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana y Angel Acebes, que sostuvieron durante la vista, en contra de lo que afirmaban una y otra vez en privado, que lo que dijo Gallardón no contradecía la línea del partido.
La sentencia indica expresamente que estos cuatro testimonios «desvirtúan las alegaciones de la defensa» y, por tanto, establece que los reproches de Jiménez Losantos a Gallardón no eran veraces, lo cual resulta absolutamente subjetivo y discutible. Primero, porque la declaración de los dirigentes del PP fue un ejercicio de disimulo, fruto de la inercia que habitualmente les lleva a camuflar sus pensamientos. Segundo, porque esa disidencia de Gallardón hay que interpretarla dentro de la intrahistoria de su autoproclamada trayectoria como «verso suelto». Y tercero porque Gallardón jamás desmintió la interpretación del ABC y de Losantos, lo que podía haber hecho ejerciendo su derecho de rectificación.
La sentencia da un salto en el vacío al sin tan siquiera motivar por qué concede más credibilidad a unos testigos que a otros. También lo hace cuando considera que la reiteración de epítetos corrobora la injuria como si ésta fuera cuestión del número de veces. Y, por último, cuando señala que Losantos siguió criticando a Gallardón pese a que éste había presentado una querella, como si el inicio de una acción judicial comportara asumir la autocensura.
Nos parece evidente que estamos ante una sentencia basada en un derecho penal de autor y en una interpretación acomodaticia de la ley. Si las mismas palabras las hubiera pronunciado otro periodista de distinta etiqueta sobre otro político de distinta actitud no habría habido querella ni juicio ni condena.
Estamos convencidos de que la Audiencia de Madrid, el Tribunal Constitucional o el Tribunal de Estrasburgo invalidarán este fallo, que debería quedar como un simple nota a pie de página en la larga historia de los errores judiciales.
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Algunas barbaridades:
1) Dice que La misma juez (...) considera que Jiménez Losantos no actuó de forma diligente al interpretar esas palabras de la misma forma que lo hizo el periódico donde aparecieron y que ese día tituló: «Gallardón invita a su partido a obviar el 11-M y huir de la radicalización».
(...) la juez (...) entiende que no es posible deducir de esas palabras que el alcalde de Madrid estuviera traicionando la línea del PP y propugnando que no se investigara el 11-M.
Gallardón invita a su partido a obviar el 11M. ¿Gallardón propugna que no se investigue el 11M? Ah, es que el 11M lo tenía que investigar el PP.
Ah.
2) Dice que los testigos de la defensa (Ignacio González, Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana y Ángel Acebes) mintieron a la jueza en un juicio penal. Esto es lo del falso testimonio aquel de Díaz de Mera, ¿no, Areán?

Dos veces lo dice. Para que quede claro.
3) Dice que Gallardón jamás desmintió la interpretación del ABC y de Losantos, lo que podía haber hecho ejerciendo su derecho de rectificación. Pero en cambio la sentencia, ese documento sin importancia, dice esto:
«En cuanto a las alegaciones de la defensa de que resulta incomprensible que el querellante no ejercitara acción de rectificación frente a los medios de comunicación nacional que interpretaron al unísono y coincidentemente que la significación de sus palabras era sólo una (…) debe señalarse que en la publicación de EL MUNDO el 9 de junio de 2006 (documento nº 4 aportado por la defensa
en el Juzgado de Instrucción) cuyo titular era “ Aguirre replica a Ruiz Gallardón que en el PP se habla con moderación”. El Vicepresidente de Madrid contradice también al alcalde en su deseo de “Obviar” el 11-M”; se decía también “ Las palabras del periodista de la COPE provocaron una declaración explícita del propio Alcalde, quién aprovechó la rueda de prensa posterior a la reunión de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid para asegurar que “decir que me da igual que haya 200 muertos y 1500 heridos con tal de llegar yo al poder es el mayor insulto que he recibido en mis 23 años de ejercicio de la política. “Mas”, dijo, que los calificativos de “traidor, siniestro, bandido, lacayo de la oposición y caradura”.» Adivinen quién miente.
(¡Aportado por la propia defensa! ¿Qué abogado defensor llevaría este pobre Jiménez: Abascal? :lol: )
