18-06-2008, 15:59:49
¿Por qué Ángeles Pedraza cambió de opinión sobre Jamal Zougham? Esto es lo que decía en una entrevista cuando se cumplió el segundo aniversario del asesinato de su hija:
http://www.nortecastilla.es/pg060311/pre...P-163.html
Quote:ESPAÑA*Las negritas son mías.
ÁNGELES PEDRAZA, MADRE DE MIRIAM, DE 25 AÑOS, ASESINADA EN EL TREN DE LA ESTACIÓN DE TÉLLEZ
«Los etarras brindaron con cava cuando asesinaron a mi hija»
Asegura que lo importante es superar la división que existe entre las víctimas porque «es lo peor que nos podría suceder»
P. MUÑOZ/MADRID
A las siete menos veinte de la mañana del jueves 11 de marzo del 2004 a Ángeles Pedraza se le acabó su «ilusión por el futuro» y comenzó a ser una «muerta en vida»: unas mochilas asesinas estallaban en el tren de mercancías en el que viajaba su hija Miriam, de 25 años, junto a cientos de personas. El convoy estaba en la estación de Téllez y allí la joven, al igual que decenas de personas, encontró la muerte.
Ángeles Pedraza tuvo que peregrinar esa mañana por los hospitales de Madrid en busca de su hija que no respondía a sus llamadas al móvil. Creyó localizarla en el Gregorio Marañón, donde una joven con el rostro completamente vendado, con dos vías cogidas, una en la nariz y otra en la oreja, luchaba contra la muerte: «Es mejor que no sea su hija, porque si sale de ésta su vida va a ser infierno», escuchó de un médico. No, no era ella: «Lo noté cuando la cogí la mano». Ya de madrugada, en los pabellones del Ifema el 'hombre del megáfono' pronunciaba el nombre de su hija como una de las víctimas mortales. Tres días después, en la tarde de la jornada electoral, se dirigió a la estación de tren de Téllez con un ramo de flores: «Quería estar, necesitaba estar donde había muerto», cuenta ahora con una entereza que impresiona.
Ángeles Pedraza nos recibe en su casa solo unos días antes del segundo aniversario de la matanza, que pasará fuera de Madrid «por motivos laborales». Con una media sonrisa que transmite tristeza y ternura, y una mirada firme que sale de unos ojos pequeños, dice que no le importa volver a ver las imágenes de lo ocurrido. «Es más, tengo guardados todos los periódicos de ese día y también grabadas las imágenes de televisión. Esto forma también parte de la vida de mi familia y si algún día tengo nietos -tiene otro hijo-, me gustará explicarles lo que nos sucedió».
Dentro de las víctimas del 11-M, el de Ángeles Pedraza es un caso muy particular, ya que está afiliada a la AVT, pero también a las otras dos asociaciones: «Creía y creo que debía pertenecer a todas ellas, y todas entendieron mi postura. Creo que hay que superar la división entre nosotros. Es lo peor que nos podría suceder».
A la sociedad civil le está eternamente agradecida, pero no así al Gobierno ni a la oposición: «Debían ponerse de acuerdo en una cosa como ésta. Están más preocupados de sacar ventaja política que de solucionar nuestros problemas. La Comisión de Investigación fue penosa, un circo. Estaban más ocupados de insultarse que de saber la verdad». Admite que cuando oye hablar de Alianza de Civilizaciones o de diálogo con los terroristas «se me revuelven las tripas». Irá al juicio a ver a los asesinos «porque no me voy a quedar en casa llorando. Se lo debo a mi hija». Ya vio a Jamal Zougam en un juicio «y me entraron ganas de matarlo». «A los terroristas no hay que darles derechos, solo juzgarlos», sostiene. Y recuerda que cuando mataron a su hija «los etarras brindaron con cava». No perdona. Ni ahora ni nunca.
En silencio
Junto a los familiares de los fallecidos, la imagen de la tragedia se mantiene también viva a través de algunos de los heridos que aún permanecen con secuelas. Es el caso de Laura que lleva dos años sumida en el silencio de «su orilla», en un coma irreversible que, a los pocos días de ingresar en el hospital 12 de octubre tras los ataques a los trenes ya se reveló como «de muy mal pronóstico». La asepsia de la jerga médica apenas vela el dolor cotidiano de sus padres, en la residencia a la que fue trasladada tres meses después de la matanza, en vista de que no había posibilidad de tratamiento ni atisbo de mejoría. Aquella mañana viajaba, como todos los días, al centro, a su trabajo, desde su casa en Parla. Tiene poco más de 20 años, suspendidos en el vacío.
http://www.nortecastilla.es/pg060311/pre...P-163.html
