19-07-2008, 21:51:47
(This post was last modified: 19-07-2008, 21:52:38 by morenohijazo.)
La sospechosa conducta del Perito Escribano (II)
Según la declaración oral de Escribano, que figura en uno de los escritos de acusación,
"¿¡Caracoles!?" ¿Cómo es posible que Escribano no se imaginase que su jefe, que le había encargado que rectificase las observaciones; que le había pedido un diskette con el documento en cuestión; al que (según el Auto de Garzón, extremo no confirmado) el propio Escribano increpó airado, indicándole que se buscase otro perito, no había hecho precisamente eso, buscar otro perito?
Recordemos que, fuese cierto, o no, que Escribano le dijese tales palabras a su jefe, es imposible que un facultativo de la experiencia de Escribano no supiese que se podía hacer la tarea de reasignación, incluso asumiendo el propio jefe el trabajo.
Pero es más: si alguien puede tener alguna duda sobre que Escribano, cándido él, no cayese en la posibilidad de que el jefe se buscase otros peritos, este extremo resulta casi imposible si vemos cómo el escrito de la acusación sigue...
Si es difícil pensar que Escribano no supiera, con su experiencia, que Ramírez, sólo, podía firmar el informe, más increíble aún resulta que no pensase en la posibilidad de que, al final, algún otro perito hubiera cedido y firmado con Ramírez. ¡Anda que no ha pasado veces eso!
Lo cierto es que hemos visto durante el juicio que Escribano goza de muy pocas simpatías entre sus compañeros. Fue abucheado por el público asistente, lo que fue interpretado por los gurús de la conspiranoia como otra nota de la campaña contra su protegido, pero la verdad es que muy mal debes caer a tus compañeros para que prefieran a un jefe a ti, por mucha campaña que se prepare. Máxime cuando, según los Escribanistas, se habían enfrentado a Ramírez negándose a firmar el informe ¿cómo ahora le aplauden y abuchean a Escribano?
No ha trascendido la versión de Ramírez sobre su búsqueda desesperada de un segundo perito, pero es muy posible que, pudiendo firmarlo él sólo, y conociendo el mal genio de su subordinado, (recuerden el episodio del juzgado nº 5, con Escribano intentando cambiar su declaración a hurtadillas y demás) decidiese ahorrar a los demás el mal trago de enfrentarse a su compañero.
Otro punto jugoso es el hecho de que Ramírez rellenase de puño y letra el sobre de la petición. Según "El Mundo",tal hecho no puede deberse a otra cosa que al intento de Ramírez por esconder el hecho de la sustitución del Primer Informe por el Informe Definitivo. Y por ende, la malévola intención de Ramírez de cometer una falsificación.
Bien, a mi me parece que puedo dar otra posibilidad tan creíble o más (seguramente más) que la anterior, como es que Ramírez, enfadado tras la tensa entrevista, se haya encargado de ir el personalmente a buscar el sobre y rellenarlo como una manera de descargar la ira.
Según la acusación, Ramírez negó primero este extremo y luego dijo que no se acordaba, lo que carga aún más (según la acusación) la apariencia de maldad de todo el asunto. Reconozcamos que es posible que Ramírez, asustado, negase este extremo, pero también es posible que, dado que normalmente los sobres no los rellenaba él, realmente no se acordase de lo quie había hecho. Lo cual es más posible si estaba enfadado.
Pero si es cierto lo que dice la acusación, si es verdad que Ramírez rellenó un sobre a escondidas para que nadie se enterase de la sustitución, habrá que convenir en que es el sustituidor más tonto del mundo, y sólo por eso merecía que le juzgasen. Va y, tras esconderse de todos para redactar un informe, robar un sobre y meterlo, le dice al encargado del Libro que modifique la asignación de peritos. Vago él. Podría haber esperado a un descuido del agente encargado del Registro. Pero no. Sin contar con que unas horas antes ha ido dando voces por el laboratorio pidiendo un perito que firme con él una sustitución.
Lo que pasa es que en la acusación y en el gran urdidor de todo ésto, en "El Mundo", han sacado a relucir los puntos fuertes para sugerir que Escribano no sabía de la sustitución, callando el resto, pero hay alguno que es evidente que no podían esconder (la declaración de Cidad del revuelo armado en laboratorio, que ya no podían cambiar, o la existencia del funcionario encargado del Registro) así que lo silencian. ¡Ele con la honestidad profesional y la ética periodística!
Muy ingenuo tendría que ser Escribano para no sospechar que su informe-borrador iba a ser modificado. ¿Por qué, entonces, insistir en que Escribano no se enteró durante 15 meses de la reasignación?
Hombre, porque para desempeñar su papel de víctima injuriada en su honor de perito, mártir de los peritajes inmaculados nunca rectificados ("¡Cáspita!, ¿qué ha pasado con mi informe?") no puedes ir quince meses después. O vas en el acto, o ya no vas.
En mi opinión, Escribano supo que el informe-borrador iba a ser modificado. Y su amor propio sufrió por ello, pero se aguantó ¿qué iba a hacer? Sin duda era consciente de que las observaciones eran una tontería sin fundamento, y protestar no le serviría de nada.
Según la declaración oral de Escribano, que figura en uno de los escritos de acusación,
Quote:el día 11 de julio de 2006, D. José Andradas (...) le pide al declarante de forma verbal que le dé la relación de todos los informes periciales relacionados con el 11-M en los que hubiera participado el declarante, pero sólo en lo relativo al resultado analítico de las muestras; no quería saber más que estos resultados. Entendiendo el declarante de la conversación (...) que lo había pedido el Ministro del Interior; entonces manda al técnico 155 al archivo para que le recoja todos los informes periciales que le han pedido. Son seis asuntos, y comprueba que todos menos uno conservan el sobre donde aparecen las menciones a las que se ha referido anteriormente, y resulta que se trata del informe 48-Q3-05, y que ese sobre no es el mismo, y tiene ya el nombre de su jefe Ramírez; también observa que la procedencia que se recoge no es la misma que tenía el asunto cuando llegó a sus manos en el 2005, el nº de referencia seguía siendo el mismo, y al abrir el contenido observó que no era el que ellos habían hechoNo puedo por menos que imaginar al buen Escribano recibiendo de manos del técnico Manrique los informes que le ha encargado que fuese a buscar, abrirlos para cerciorarse de que no se ha cometido ningún error, y exclamar: "¡Caracoles!"
"¿¡Caracoles!?" ¿Cómo es posible que Escribano no se imaginase que su jefe, que le había encargado que rectificase las observaciones; que le había pedido un diskette con el documento en cuestión; al que (según el Auto de Garzón, extremo no confirmado) el propio Escribano increpó airado, indicándole que se buscase otro perito, no había hecho precisamente eso, buscar otro perito?
Recordemos que, fuese cierto, o no, que Escribano le dijese tales palabras a su jefe, es imposible que un facultativo de la experiencia de Escribano no supiese que se podía hacer la tarea de reasignación, incluso asumiendo el propio jefe el trabajo.
Pero es más: si alguien puede tener alguna duda sobre que Escribano, cándido él, no cayese en la posibilidad de que el jefe se buscase otros peritos, este extremo resulta casi imposible si vemos cómo el escrito de la acusación sigue...
Quote:Una vez redactado el informe falso que acabamos de describir, el acusado FRANCISCO RAMÍREZ comenzó a buscar desesperadamente por todo el laboratorio un segundo perito que se prestara a firmar con él este nuevo informe.Este relato de los hechos no está confirmado. No aparece en la Sentencia, no se ha confirmado con los testigos del caso (dada su nula relevancia con vistas al fallo) y la exactitud y fiabilidad del relato ("oía voces" "le dijo algo así como que había oído" dejan mucho que desear. pero, si lo creemos, resulta que Ramírez buscó "desesperadamente" "un segundo perito que se prestara a firmar con él este nuevo informe".
Como es natural, todo el personal del laboratorio se negó a firmar un informe que contenía tal cantidad de falsedades. ISABEL LÓPEZ CIDAD recuerda que “ese día hubo revuelo en el laboratorio (...) oía voces (...) Ramírez estaba buscando a alguien que le firmara el informe ya modificado (...) Escribano le dijo algo así como que había oído a otro compañero que ya no está y que se llama Talegón, también facultativo, decirle a Ramírez que si era imbécil, y que si iba a firmar eso”.
Si es difícil pensar que Escribano no supiera, con su experiencia, que Ramírez, sólo, podía firmar el informe, más increíble aún resulta que no pensase en la posibilidad de que, al final, algún otro perito hubiera cedido y firmado con Ramírez. ¡Anda que no ha pasado veces eso!
Lo cierto es que hemos visto durante el juicio que Escribano goza de muy pocas simpatías entre sus compañeros. Fue abucheado por el público asistente, lo que fue interpretado por los gurús de la conspiranoia como otra nota de la campaña contra su protegido, pero la verdad es que muy mal debes caer a tus compañeros para que prefieran a un jefe a ti, por mucha campaña que se prepare. Máxime cuando, según los Escribanistas, se habían enfrentado a Ramírez negándose a firmar el informe ¿cómo ahora le aplauden y abuchean a Escribano?
No ha trascendido la versión de Ramírez sobre su búsqueda desesperada de un segundo perito, pero es muy posible que, pudiendo firmarlo él sólo, y conociendo el mal genio de su subordinado, (recuerden el episodio del juzgado nº 5, con Escribano intentando cambiar su declaración a hurtadillas y demás) decidiese ahorrar a los demás el mal trago de enfrentarse a su compañero.
Otro punto jugoso es el hecho de que Ramírez rellenase de puño y letra el sobre de la petición. Según "El Mundo",tal hecho no puede deberse a otra cosa que al intento de Ramírez por esconder el hecho de la sustitución del Primer Informe por el Informe Definitivo. Y por ende, la malévola intención de Ramírez de cometer una falsificación.
Bien, a mi me parece que puedo dar otra posibilidad tan creíble o más (seguramente más) que la anterior, como es que Ramírez, enfadado tras la tensa entrevista, se haya encargado de ir el personalmente a buscar el sobre y rellenarlo como una manera de descargar la ira.
Según la acusación, Ramírez negó primero este extremo y luego dijo que no se acordaba, lo que carga aún más (según la acusación) la apariencia de maldad de todo el asunto. Reconozcamos que es posible que Ramírez, asustado, negase este extremo, pero también es posible que, dado que normalmente los sobres no los rellenaba él, realmente no se acordase de lo quie había hecho. Lo cual es más posible si estaba enfadado.
Pero si es cierto lo que dice la acusación, si es verdad que Ramírez rellenó un sobre a escondidas para que nadie se enterase de la sustitución, habrá que convenir en que es el sustituidor más tonto del mundo, y sólo por eso merecía que le juzgasen. Va y, tras esconderse de todos para redactar un informe, robar un sobre y meterlo, le dice al encargado del Libro que modifique la asignación de peritos. Vago él. Podría haber esperado a un descuido del agente encargado del Registro. Pero no. Sin contar con que unas horas antes ha ido dando voces por el laboratorio pidiendo un perito que firme con él una sustitución.
Lo que pasa es que en la acusación y en el gran urdidor de todo ésto, en "El Mundo", han sacado a relucir los puntos fuertes para sugerir que Escribano no sabía de la sustitución, callando el resto, pero hay alguno que es evidente que no podían esconder (la declaración de Cidad del revuelo armado en laboratorio, que ya no podían cambiar, o la existencia del funcionario encargado del Registro) así que lo silencian. ¡Ele con la honestidad profesional y la ética periodística!
Muy ingenuo tendría que ser Escribano para no sospechar que su informe-borrador iba a ser modificado. ¿Por qué, entonces, insistir en que Escribano no se enteró durante 15 meses de la reasignación?
Hombre, porque para desempeñar su papel de víctima injuriada en su honor de perito, mártir de los peritajes inmaculados nunca rectificados ("¡Cáspita!, ¿qué ha pasado con mi informe?") no puedes ir quince meses después. O vas en el acto, o ya no vas.
En mi opinión, Escribano supo que el informe-borrador iba a ser modificado. Y su amor propio sufrió por ello, pero se aguantó ¿qué iba a hacer? Sin duda era consciente de que las observaciones eran una tontería sin fundamento, y protestar no le serviría de nada.
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
