31-07-2008, 07:49:08
En estrella digital, Pablo Sebastián escribe un buen atículo sintetizando los aspectos políticos y mediaticos del las terias de la conspiración del 11-M.
Perfila -en mi opinión-, adecuadamente: autores, estrategias, objetivos.
Deja claro como FJL fue un instrumento en manos de Esperanza Agurre, PJ, Rouco, acebes, zaplana y otros.
Todos lo demás, fueron simples muñecos y serán los que paguen el pato. Una pena.
Los "palmeros" ya tienen bastantes con las querellas.
Los auténticos responsables (a los que no se les puede pedir responsabilidad penal) no deben irse de rositas.
Perfila -en mi opinión-, adecuadamente: autores, estrategias, objetivos.
Deja claro como FJL fue un instrumento en manos de Esperanza Agurre, PJ, Rouco, acebes, zaplana y otros.
Todos lo demás, fueron simples muñecos y serán los que paguen el pato. Una pena.
Quote:El desistimiento y la conspiraciónEsta es la línea que hay que seguir ahora, socabar la credibilidad de aquellos que idearon, planificaron y apoyaron con sus medios las teorias de la conspiración.
Pablo Sebastián
La condena del director del programa La Mañana de la COPE, Federico Jiménez Losantos, por intromisión en el honor del ex director de ABC José Antonio Zarzalejos, a causa de la insidiosa campaña denigratoria que este oscuro personaje lanzó contra el citado periodista, precisamente por ser el director de ABC, no es un hecho aislado, ni tampoco responde a un mal momento o calentón de una polémica periodística, o de una confrontación entre un comentarista y un personaje público. La sentencia condenatoria y todos los hechos y precedentes que adornan semejante actuación responden a una deliberada estrategia —de ahí los ataques continuados e injustificados— de acoso, derribo y denigración de un periodista, un diario y de su empresa editora, por lo que a todas luces se presentaba como una operación de corte intimidatorio y competencia desleal. A la que no eran ajenas ambiciones de tipo personal e intrigas políticas del primer nivel, como las que la COPE, El Mundo y Telemadrid, y, por supuesto, el locutor condenado por difamador, jaleaban a favor de la fantasmal teoría de la conspiración del 11-M —a la que no se sumaron ABC y otros medios—, y que fue definitivamente desactivada por la reciente sentencia del Tribunal Supremo. Pero que sirvió de punta de lanza de una intriga para cazar la presidencia del PP en favor de Esperanza Aguirre, y en menoscabo de Mariano Rajoy y Alberto Ruiz-Gallardón.
De lo que se desprenden cuestiones de importancia como son: la muy alta responsabilidad de la Conferencia Episcopal en este caso y otros similares, como los que marcaron la condena del insultador Jiménez Losantos por su agresión, continuada, al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón; y el que ha sido innoble comportamiento de los más altos responsables de ABC y el grupo Vocento, al no amparar como debieron al director, personándose en la causa de Zarzalejos y al paralizar la demanda de Vocento en contra de Jiménez Losantos, por las continuas agresiones a la empresa y directivos, y por la flagrante competencia desleal de la COPE y el ingente daño causado a la compañía (entre otras cosas, animando a todos los suscriptores de ABC a darse de baja, lo que ocurrió, por miles). Por ello, Vocento solicitaba en su demanda 27 millones de euros de indemnización —que algún accionista puede reclamar a los gestores de la compañía si desisten—, acción legal que ha sido admitida a trámite y que podría estar a punto de caducar, según se jactaba de ello con gran descaro el propio Jiménez Losantos en la vista de la demanda de Zarzalejos, como lo ha recordado en estas páginas digitales el propio ex director de ABC.
Allá Vocento y allá ABC con el daño económico y moral que ellos mismos se hacen tirando por la borda la que era una trayectoria editorial del antiguo Grupo Correo, hoy Vocento, y la dignidad de ABC, al acatar ambos —bajo la presidencia de Alcázar y la dirección de Vargas— el chantaje, y someterse al látigo del locutor, enseñando a otros el modelo a seguir para doblegar al grupo editorial.
Grupo y diario que no sólo paralizaron su demanda contra la competencia desleal de la COPE —que deberían activar, ahora reforzada por las últimas condenas del insultador—, sino que además entregaron, de la peor manera posible, al agresor la cabeza del director Zarzalejos. Al tiempo que, luego, inundaban el organigrama y las páginas de opinión del diario ABC con los más estrechos colaboradores y cómplices de Jiménez Losantos, fichados en una rocambolesca operación contra La Razón, que poco tiene que envidiar a las citadas prácticas de la competencia desleal. E incluyendo, entre los opinadores contratados, a un íntimo colaborador del condenado que, pocos días después, se permitió la desvergüenza de pedir, en los micrófonos de la COPE, perdón a Federico Jiménez Losantos en el falso nombre de ¡la Redacción de ABC! porque el diario cometió el “crimen” de publicar una crónica veraz sobre la otra demanda de Gallardón contra el famoso locutor. Lo que fue motivo de la rebelión epistolar de gran parte de la Redacción de ABC, que escondió el nuevo director, Ángel Expósito, al tiempo que prohibía (sic) a los columnistas de ABC escribir sobre los líos y agresiones de Jiménez Losantos.
Para entender todo esto y las motivaciones que subyacen en ello habría que recomponer, a la luz de los hechos acaecidos, el puzzle de esta situación. La que, sin lugar a dudas, marcará la historia y el futuro de Vocento y ABC, a no ser que algunos dirigentes de la compañía fuercen la que debería de ser una rectificación urgente, en el seno consejo de administración del Grupo Editorial, y empiecen a rodar las cabezas de los responsables de semejante desaguisado.
Para explicar los ataques brutales de la COPE al ABC y a Gallardón —entre otros muchos dirigidos a hombres e instituciones, entre los que figura el propio Rey Juan Carlos, o el nuncio del Papa, al que llamaron ¡masón!, todo ello con la complacencia cristiana de la Conferencia Episcopal, con Rouco al frente— bastaba seguir el guión que se desprendía de las actuaciones de la COPE y El Mundo en la conspiración del 11-M, con ayuda de Telemadrid.
La teoría de la conspiración daba audiencia a la COPE y vendía ejemplares del diario El Mundo —que quiso jugar con ello a otro Watergate, como con los GAL pero esta vez sin fundamento— entre los sectores más reaccionarios de la sociedad. Y, de paso, justificaba todas las mentiras y todos los errores de los responsables de la derrota del PP en el 2004 por causa de las falsedades de la guerra de Iraq y la mala gestión aliados de los atentados del 11-M. Los Aznar, Acebes y Zaplana, a los que pronto se sumó Aguirre convencida de que ésa era su gran oportunidad. Estos tres últimos, precisamente, fueron citados como los testigos de Jiménez Losantos en el procedimiento penal planteado por Gallardón. Y todos ellos quedaron políticamente retratados, y alejados de la dirección política del PP, durante el congreso valenciano del partido, donde Aznar hizo su particular canto del ganso.
Un congreso donde los conspiradores de El Mundo y la COPE pretendían entronizar a Esperanza Aguirre como la presidenta del Partido Popular, tras haber llevado al PP de Rajoy a la derrota electoral con la gran traca de la crispación conspirativa del 11-M que El Mundo, la COPE y Telemadrid habían desplegado en sus medios y en la calle, con la ayuda de la AVT y de la Conferencia Episcopal y llevando en su estandarte la falsa conspiración. La que luego estalló en las manos de la Audiencia Nacional poco antes de las elecciones y en el único beneficio de Zapatero.
Se trataba de una carambola a tres bandas en la que se daba de antemano por muerto a Rajoy y en la que necesitaban fulminar a Gallardón, el otro posible competidor de Aguirre. Intentando, de paso, alinear a los otros dos diarios nacionales de la derecha, ABC y La Razón, con el golpe de mano en el seno PP, para lo que hacía falta cortar —antes de las elecciones, como así ocurrió— la cabeza de Zarzalejos y debilitar, de la misma tacada, a La Razón. Y así entran, en este siniestro juego, las campañas de descrédito y los golpes bajos y de mano.
El plan venía a ser el siguiente: se acusa a Gallardón y al ABC de traidores a la víctimas del terrorismo del 11-M, y a los principios y los valores de la derecha tradicional y confesional; el ABC pierde lectores en el favor del diario El Mundo, lo que provoca una crisis en la empresa que conlleva el cese del director y el alineamiento del diario con Aguirre, como la cabeza política —la “elefanta blanca”, del golpe contra Rajoy— de la conspiración; y la COPE y El Mundo se quedan con el control ideológico y estratégico del PP —como lo pretendieron con Aznar— y con sus ventajas de todo orden, en concesiones y ayudas económicas de los gobiernos locales y autonómicos del PP, donde ya tenían la vara muy alta con la ayuda de Acebes, Zaplana y Aguirre (véanse los repartos de la publicidad y las licencias de radio y de televisión digital).
La operación política que se desprende de todo ello parecía amparada bajo el paraguas ideológico de un Aznar cada vez más enloquecido, y apoyada con repugnantes maniobras, como el disparate de María San Gil, para que al final todos pudieran cabalgar juntos por el borde del precipicio o subidos en el pescante del loco carro de fuego del melenudo Aznar. El que siguió con su ciega galopada en el congreso valenciano del partido, sin percatarse, tras la espantada de Aguirre (descubierta y derrotada), que nadie le seguía por detrás. Entre otras cosas, porque los barones periféricos del PP y Rajoy consiguieron desactivar y cerrar el paso a la conspiración interna del PP.
La maniobra resultó fracasada y los autores e inductores fueron derrotados, y ahora se parapetan en el castillo famoso de la Puerta del Sol de Madrid, en la espera del congreso a la rumana de Esperanza Aguirre (con registros a los consejeros cesados por lealtad a Rajoy) en el PP de Madrid, sin primarias ni votaciones con garantías democráticas, ni liberalismo, ni nada de nada. Todos los rebotados en pos de un contracongreso de Valencia, otro sapo —como el del discurso de Aznar— que se deberá tragar Rajoy, en aras de la falsa unidad del partido, que no llegará mientras este cáncer siga anidado en la Comunidad de Madrid, con metástasis en los medios conspiradores y la larga mano puesta en Vocento y ABC, a pesar de todos los pesares y de la sentencia que se acaba de conocer, que debería provocar el fin del desistimiento de su demanda por competencia desleal, recuperando con ello el camino de la dignidad y de la sensatez.
http://www.estrelladigital.es/diario/art...=manantial
Los "palmeros" ya tienen bastantes con las querellas.
Los auténticos responsables (a los que no se les puede pedir responsabilidad penal) no deben irse de rositas.
