03-08-2008, 21:17:26
En referencia a estas "pistas" como la pintura, la estrufa, los carritos, etc...
Hace unos años asistí (por placer) a una conferencia que daba un ripperologyst (ya saben uno de esos que investigan, aún, el misterio que envolvió los asesinatos de Jack el Destripador. Cuando desgranaba los sospechosos, uno de los asistentes preguntó cómo cuadraba que algunos de los sospechosos fueran gente de baja extracción y mínimos recursos económicos, con alguna de las pistas encontradas , que apuntaban a un asesino de clase acomodada. Concretamente hizo referencia a las uvas que se encontraron al lado de una de las víctimas, fruta que por entonces era carísima.
El conferenciante se desvió un poco del tema para hacer una pequeña digresión y nos contó que las pistas pueden ser de tres clases:
-Pistas relacionadas con seguridad con el caso y que han aparecido o sido modificadas en el transcurso del delito, y que son una prioridad para ser explicadas por cualquier teoría que elaboremos. Pueden ser producidas por el criminal, por la víctima, y a veces pueden ser falsas para intentar engañar a los investigadores. A veces nuestra teoría no cubrirá en este primer momento una explicación para todas estas pistas, decía, pero son una prioridad principal. Ponía como ejemplo una pista que apareció, el delantal de una de las prostitutas, encontrado varias calles más allá de su cuerpo, o la famosa inscripción de los “Juwes”
- Pistas que pueden estar relacionadas o no con el caso, pero que en principio no presentan una clara relación con el criminal o la víctima, y no son producto directo del delito. Aquí ponía el ejemplo de las uvas, que podían ser del criminal, pero también de un paseante anterior, por ejemplo, que se las hubiera regalado por lástima, o incluso de alguien, diferente al criminal, que frecuentase los callejones (para burlarse, por preferir prostitutas muy deterioradas, etc)
-Pistas que pertenecen al escenario, a la ropa de la víctima, etc, que no han sido modificadas por el delito, y que pueden considerarse normales. Aún así, decía, hay que estudiarlas. A veces no son pistas materiales, sino sucesos o hechos. Él puso el ejemplo del hecho de que uno de los crímenes se cometiera cerca de una fiesta judía (puede tener que ver, pero casi con toda seguridad no), En Leganés, por ejemplo, el hecho de que hubiese una estufa, o el hecho de que se pinte un piso al cambiar de inquinlinos
Pues decía el buen señor que había que atender a todas todas todas las pruebas, que a veces hasta la prueba más insulsa podía tener la clave de la resolución, pero que como es lógico hay que intentar descubrir las condiciones de la primera categoría de pruebas, y no había que encasquillarse y enpantanarse con las del segundo y tercer grupo, que pueden llegar a cegarnos la vista, no permitiendo ver el conjunto.
Parece una perogrullada esto que he contado, pero la verdad es que ahí se ve la diferencia entre los profesionales, que saben cómo llevar una investigación, y los detectives de pacotilla, que creemos que todo se resuelve en el último minuto, como en las películas, con el descubrimiento de un pegote de arcilla, cuando el criminal va a apiolar a otra persona o el Tribunal está por condenar a un inocente.
Y, por supuesto, me acordaba yo estos días de aquel experto viendo a los peones centrándose en cosas como un carrito de supermercado, y tratando de darle una explicación que, por supuesto, no puede ser la de que los vecinos han subido la compra, o que hubiera un vecino policía, que tiene, para ellos que tener una relación íntima y directa con el caso, no puede ser simplemente un agente que lleva ocho años viviendo allí y viendo la movida, decide ofrecerse.
Curiosamente, uno de los peones ha contado hoy que tiene un familiar profesional de la salud que vive allí y se ofreció a atender a los vecinos… ¿Por qué vamos a sospechar algo raro? ¿Tan raro es que viva allí un médico o enfermera?
En este caso, como el médico o enfermera ha dicho más o menos lo que querían oír (nada del otro mundo, sólo que la esposa del policía estaba embarazada, lo que ha servido para que los peones pongan en duda que hubiera explosivos por allí), los peones no lo han incluido en la conspiración … por el momento. Que ya es señal de su alienación, que incluyan a la gente en buenos o malos, santos o demonios, patriotas o conspiradores, según sus palabras, y mañana sea mentiroso quien hoy es digno de crédito
Hace unos años asistí (por placer) a una conferencia que daba un ripperologyst (ya saben uno de esos que investigan, aún, el misterio que envolvió los asesinatos de Jack el Destripador. Cuando desgranaba los sospechosos, uno de los asistentes preguntó cómo cuadraba que algunos de los sospechosos fueran gente de baja extracción y mínimos recursos económicos, con alguna de las pistas encontradas , que apuntaban a un asesino de clase acomodada. Concretamente hizo referencia a las uvas que se encontraron al lado de una de las víctimas, fruta que por entonces era carísima.
El conferenciante se desvió un poco del tema para hacer una pequeña digresión y nos contó que las pistas pueden ser de tres clases:
-Pistas relacionadas con seguridad con el caso y que han aparecido o sido modificadas en el transcurso del delito, y que son una prioridad para ser explicadas por cualquier teoría que elaboremos. Pueden ser producidas por el criminal, por la víctima, y a veces pueden ser falsas para intentar engañar a los investigadores. A veces nuestra teoría no cubrirá en este primer momento una explicación para todas estas pistas, decía, pero son una prioridad principal. Ponía como ejemplo una pista que apareció, el delantal de una de las prostitutas, encontrado varias calles más allá de su cuerpo, o la famosa inscripción de los “Juwes”
- Pistas que pueden estar relacionadas o no con el caso, pero que en principio no presentan una clara relación con el criminal o la víctima, y no son producto directo del delito. Aquí ponía el ejemplo de las uvas, que podían ser del criminal, pero también de un paseante anterior, por ejemplo, que se las hubiera regalado por lástima, o incluso de alguien, diferente al criminal, que frecuentase los callejones (para burlarse, por preferir prostitutas muy deterioradas, etc)
-Pistas que pertenecen al escenario, a la ropa de la víctima, etc, que no han sido modificadas por el delito, y que pueden considerarse normales. Aún así, decía, hay que estudiarlas. A veces no son pistas materiales, sino sucesos o hechos. Él puso el ejemplo del hecho de que uno de los crímenes se cometiera cerca de una fiesta judía (puede tener que ver, pero casi con toda seguridad no), En Leganés, por ejemplo, el hecho de que hubiese una estufa, o el hecho de que se pinte un piso al cambiar de inquinlinos
Pues decía el buen señor que había que atender a todas todas todas las pruebas, que a veces hasta la prueba más insulsa podía tener la clave de la resolución, pero que como es lógico hay que intentar descubrir las condiciones de la primera categoría de pruebas, y no había que encasquillarse y enpantanarse con las del segundo y tercer grupo, que pueden llegar a cegarnos la vista, no permitiendo ver el conjunto.
Parece una perogrullada esto que he contado, pero la verdad es que ahí se ve la diferencia entre los profesionales, que saben cómo llevar una investigación, y los detectives de pacotilla, que creemos que todo se resuelve en el último minuto, como en las películas, con el descubrimiento de un pegote de arcilla, cuando el criminal va a apiolar a otra persona o el Tribunal está por condenar a un inocente.
Y, por supuesto, me acordaba yo estos días de aquel experto viendo a los peones centrándose en cosas como un carrito de supermercado, y tratando de darle una explicación que, por supuesto, no puede ser la de que los vecinos han subido la compra, o que hubiera un vecino policía, que tiene, para ellos que tener una relación íntima y directa con el caso, no puede ser simplemente un agente que lleva ocho años viviendo allí y viendo la movida, decide ofrecerse.
Curiosamente, uno de los peones ha contado hoy que tiene un familiar profesional de la salud que vive allí y se ofreció a atender a los vecinos… ¿Por qué vamos a sospechar algo raro? ¿Tan raro es que viva allí un médico o enfermera?
En este caso, como el médico o enfermera ha dicho más o menos lo que querían oír (nada del otro mundo, sólo que la esposa del policía estaba embarazada, lo que ha servido para que los peones pongan en duda que hubiera explosivos por allí), los peones no lo han incluido en la conspiración … por el momento. Que ya es señal de su alienación, que incluyan a la gente en buenos o malos, santos o demonios, patriotas o conspiradores, según sus palabras, y mañana sea mentiroso quien hoy es digno de crédito
La mentira tiene las patas cortas, pero calza zancos al lado de las exclusivas conspiracionistas
