15-08-2008, 13:58:26
Aquí tenéis la respuesta. Criticad lo que sea necesario antes de enviarla. Esto es un esfuerzo colectivo. 
Dado que el señor Allica ha respondido extensamente a mi breve misiva, me permito abusar de su hospitalidad para, a mi vez, responderle. Dice el señor Allica que él no ha planteado ninguna teoría. No es verdad. Afirmar que “es absurda la versión oficial” plantea una teoría, que es precisamente la que yo describí en mi mensaje anterior: que existe una gran conspiración para tapar la verdad del 11-M. Es innegable que esto es una teoría, y es innegable que, si uno duda de la “versión oficial”, la única alternativa es postular dicha conspiración que el señor Allica no ve por ninguna parte en este diario. Porque, ¿qué otra posible explicación habría a que jueces y miembros de las fuerzas de seguridad mientan y sostengan hipótesis absurdas? ¿Qué otra posible explicación habría a que se “plantaran” pruebas falsas? No hay vuelta de hoja: o la “versión oficial” es sustancialmente cierta o ha habido una conspiración para ocultar la verdad (cuando menos). Así que en el remoto caso de que el señor Allica tuviera la razón, la conclusión de que estamos ante una gran conspiración es inescapable.
Y dado que postula una conspiración, la tesis de Allica es una teoría conspirativa, similar a las que nos dicen que hay un extraterrestre disecado en Roswell cuya existencia ocultan las autoridades, o que el 11-S es obra de la CIA.
Todas estas teorías tienen una serie de características comunes. La total ausencia de pruebas de lo que afirman no es la menor de ellas. Porque, como podrá constatarse fácilmente, el señor Allica no presenta ninguna prueba de lo que afirma, ninguna prueba que ponga en evidencia la conspiración que postula.
Su método es atacar las pruebas que sustentan la “versión oficial”, e intentar demostrar dialécticamente que dicha versión es absurda e imposible. Es, nuevamente, el mismo método que usan los ufólogos con Rockwell y los conspiracionistas del 11-S con las Torres Gemelas.
Los lectores estarán de acuerdo en que dicha conspiración sería, de existir, un suceso extraordinario, totalmente fuera de lo común. El gran divulgador de la ciencia Carl Sagan solía repetir una frase que se le ha atribuido apócrifamente: “las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”. Pues bien, estamos ante una afirmación extraordinaria que no tiene ninguna evidencia. Ni la más mínima. Nada apunta a la existencia de conspiradores ocultos que, en un esfuerzo jamás visto en la Historia de la Humanidad, falsificaron cientos o miles de pruebas, y lo hicieron de forma razonablemente consistente.
Porque el truco de invertir el argumento y tildar de conspiracionistas a quienes sostienen la “versión oficial” no es más que una trampa. Por supuesto que hubo una conspiración para cometer un atentado; la hay siempre que hay más de un implicado en el crimen. Pero cuando yo me refiero a una conspiración o a teorías conspirativas estoy hablando de conspiraciones ocultas. Porque eso es otra característica de las teorías conspirativas: postular la existencia de un poder tan grande que puede llevar a cabo una acción de esta magnitud al tiempo que permanece oculto y logra que la opinión pública se trague una mentira sobre dicha acción, fabricando pruebas falsas y comprando voluntades.
No, los jueces y miembros de las fuerzas de seguridad no son conspiracionistas. Ninguno de ellos plantea la existencia de ese poder oculto. Ninguno de ellos acusa sin pruebas. Ninguno de ellos duda de la capacidad del Estado de Derecho español para dilucidar la verdad.
Como rápido apunte, es interesante que Allica mezcle a jueces y policías con políticos. La opinión de los políticos, en este contexto, es irrelevante. En un Estado de Derecho, la verdad judicial la establecen los jueces.
Curiosamente, Allica me da implícitamente la razón cuando empieza a enumerar la cantidad de personas que debería estar involucrada en la conspiración que postula: los médicos forenses que, a pesar de lo que afirma Allica, sí realizaron las autopsias (hay ya tres sentencias judiciales que lo avalan), la perito de los Tedax, los peritos químicos de la Policía y la Guardia Civil, a quienes también acusa de mentir, los que hicieron las relaciones de llamadas telefónicas que considera falsificadas, los que alteran declaraciones para “homogeneizarlas”. Sólo con la relación de peritos que testificaron en el juicio a favor de la “versión oficial” ya llevaríamos decenas de policías y guardias civiles deshonestos, pertenecientes a las más variopintas unidades (es decir, sin más mando único que los propios directores generales de la Policía y la Guardia Civil) que han arriesgado su carrera y su libertad mintiendo bajo juramento. Pero el señor Allica no ha agotado la relación, ni mucho menos. También tuvieron que mentir los policías que encontraron la mochila de Vallecas, los que participaron en el cerco del piso de Leganés (incluyendo a varios de los GEO heridos en la operación, uno decuyos compañeros murió dunrante la misma) los Tedax que recogieron muestras en dicho piso, los policías que hallaron la Kangoo en Alcalá, el jefe de la Policía Científica de esa localidad, los que recibieron e inspeccionaron la furgoneta en Canillas, posiblemente quien la escoltó, la Guardia Civil de Tráfico que detuvo a El Chino en su viaje desde Asturias. Con esto ya llevamos cientos de policías, que además estaban en el lugar correcto en el momento correcto. Cientos de involucrados que no han dicho esta boca es mía en cuatro años. Además de cuando menos dos jueces de instrucción, la fiscalía de la Audiencia Nacional, la fiscalía del Tribunal Supremo, tres magistrados de la Audiencia Nacional (incluyendo el presidente de su sala penal) y el Tribunal Supremo (en dos ocasiones). Todo ello con el silencio y la complicidad del Consejo General del Poder Judicial y de la totalidad de la Policía y la Guardia Civil ninguno de cuyos elementos, insisto, ha dicho “esta boca es mía”. Porque el señor Allica confunde una discrepancia sobre un tema de protocolos (si deben enviarse o no ciertas muestras a la Policía Científica) con una declaración de que la versión oficial es falsa. Mal que le pese a Allica, ningún miembro de las las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (FCSE) ha confesado ante un juez su convicción de que la mochila de Vallecas es falsa, que se rompió su cadena de custodia, que se plantaron las pruebas de la Kangoo, que los “pelanas” de Leganés estaban muertos, etcétera. Nadie. No hay ni una sola investigación abierta. Las denuncias que se han presentado (todas ellas, por cierto, por particulares) han sido archivadas. Lo cual, por cierto, nos dice que esos jueces que han archivado las denuncias también tienen algún grado de complicidad.
Y esto es muy sorprendente. Porque si un aficionado como el señor Allica está totalmente persuadido de tales cosas, es un insulto a la inteligencia pensar que un policía o un juez profesional, de ser ciertas, no las vería. Y si las ve y no las denuncia, entonces es cómplice por encubrimiento del mayor crimen ataque terrorista de la historia moderna de España. Eso es, en resumen, lo que nos está diciendo el señor Allica: que las decenas de miles de miembros de las FCSE y los cientos de jueces españoles son cómplices de este atentado.
El señor Allica considera que esto, que, repito, no se ha visto jamás en la Historia, es verosímil. Lo que le parece inverosímil es que “un confidente de la Guardia Civil puso en contacto a unos marroquíes con un confidente del Cuerpo Nacional de Policía que fue quien les vendió los explosivos para que luego montaran las bombas con unos teléfonos móviles liberados en la tienda de un expolicía nacional”
Yo, francamente, no entiendo que hay de inverosímil en lo anterior. Uno puede tener prejuicios muy asentados sobre las cosas que pueden ocurrir y las que no pueden ocurrir, pero la fuerza de las pruebas empíricas es siempre superior a dichos prejuicios. En otras palabras, si cientos o miles de pruebas dicen que esto que le parece inverosímil a Allica ocurrió, entonces no queda más remedio que concluir que no era tan inverosímil, que ocurrió realmente. En este sentido, el citado Carl Sagan hablaba de un científico ruso que le dijo: "¿qué probabilidad asignaría usted a que la primera bomba alemana sobre Leningrado matara al único elefante del zoo de dicha ciudad? Pues así ocurrió, doctor Sagan." Ante la fuerza de los hechos, cualquier cálculo, deducción o planteamiento teórico tiene que rendirse.
Contrastemos esto con la absoluta seguridad con la que Allica postula la corrupción de los jueces y policías españoles, sin, como hemos dicho, tener pruebas tangibles de ello.
Esto, en psicología, se llama sesgo cognitivo: rechazar toda la evidencia que esté en desacuerdo con nuestra idea preconcebida y, en cambio, darle una importancia desorbitada a la que parece confirmar dicha idea. Así, una discrepancia sobre un protocolo policial se convierte en un asunto de vida o muerte, mientras que los testimonios de decenas de peritos se descartan sin más. Esto por no mencionar que el señor perito al que cita tan admirativamente Allica ha sido recientemente criticado por un tribunal (otro más, éste de la Audiencia de Madrid), en el famoso caso del bórico: “Manuel Escribano Escudero genera no pocas suspicacias…”, “se trata de una mera especulación sin una base científica”.
Pero a todo esto, ¿qué autoridad tiene el señor Allica para poner en solfa las opiniones de peritos expertos? ¿Es acaso médico forense? ¿Sabe cómo se hace una autopsia con valor judicial? ¿Cuántas autopsias judiciales ha llevado a cabo? ¿Es experto en explosivos? ¿Es químico analítico? ¿Cuántos análisis ha realizado?
No conozco las credenciales profesionales del señor Allica, pero sus manifestaciones me llevan a pensar que no es un experto. Los verdaderos expertos dejaron claro que, cuando se produjo la explosión de Leganés, las personas que estaban en el piso estaban vivas. Esto lo puede saber un forense examinando si las heridas producidas por la explosión sangran o no. Por tanto, datar la muerte es absurdo; se sabe perfectamente cuándo ocurrió. Lo vimos todos. En cuanto a que no se hicieron autopsias, tenemos ya tres resoluciones judiciales (dos del Supremo y la sentencia de la Audiencia Nacional) que desmienten tal extremo. El conspiracionismo ha llegado a los extremos absurdos de exigir que se abriera el tórax a un individuo del que lo único que quedaba era un pedazo de cabeza. Allica no nos explica por qué le parece absurdo que la sangre se volatilice durante una explosión, que es, recordemos, una combustión violenta que llega a alcanzar temperaturas considerables. Lo de la sangre en las paredes es uno de los mayores despropósitos del conspiracionismo. Buscan sangre en paredes y se preguntan por qué no la encuentran. Se olvidan de que la explosión fue tan potente que, esencialmente, dejó al piso sin paredes. Así que yo les recomendaría que para buscar sangre en las paredes, primero encontraran éstas.
Pasemos al tema de los explosivos. Dice el señor Allica que la contaminación es imposible. Otro dogma de fe, y otra muestra de su falta de conocimiento. Cualquier químico analítico le dirá que las contaminaciones de las muestras son el pan nuestro de cada día. Esos guantes que usa la Policía Científica tienen su razón de ser. Que hubo contaminación es un hecho. Lo sabemos porque una muestra indubitada de Goma 2 ECO presentaba compuestos que, en principio, no forman parte de la Goma 2 ECO. Por tanto, es imposible negar la contaminación. Ésta ocurrió. Nuevamente, la fuerza de los hechos tiene que triunfar sobre los prejuicios. Ahora bien, ¿cómo ocurrió dicha contaminación? No lo sabemos. Como, me asegura un químico, no se sabe casi nunca, una vez que la contaminación es detectada. Hay cientos de fuentes potenciales de contaminación: el proceso de fabricación, los distintos almacenamientos, incluso los instrumentos y recipientes del laboratorio. Allica hace burla de una teoría específica sobre la contaminación, pero lo cierto es que no pasa de ser una teoría. ¿Quiere esto decir, como pretenden los conspiracionistas, que la contaminación fue intencional? Gómez Bermúdez preguntó a los ocho peritos si pensaban que tal contaminación podría haber ocurrido por acción humana. La respuesta fue unánime (como dice Allica, clara y contundente): No. Esto es lo importante: la contaminación ocurrió y no fue intencional.
Como esto podemos seguir hablando de las “alteraciones” (atribuibles perfectamente a errores) de los registros telefónicos, y de la “homogeneización” de declaraciones, que es directamente inexistente, pues cualquiera que lea el Auto de Procesamiento se dará cuenta de que existen las discrepancias naturales, atribuibles a fallos de memoria. Recordemos, además, que varios de los declarantes comparecieron en la vista oral y ratificaron sus declaraciones, con lo que cualquier intento de “homogeneizar” dichas declaraciones en el auto de procesamiento sería absurdo. Doblemente absurdo porque en la vista oral el documento de referencia no es el auto, sino el sumario. Todo ello, al parecer, lo ignora el señor Allica.
Y como esto, podemos refutar todas y cada una de las afirmaciones conspiracionistas. Lo hemos hecho en la Web de Desiertos Lejanos (www.desiertoslejanos.com), con la inapreciable ayuda de expertos en Derecho, Química Analítica, Explosivos, Medicina, Telefonía y otras disciplinas, además del sentido común de una gran comunidad de personas racionales.
Cierro esta larga respuesta con un interrogante: si es tan obvio que la “versión oficial” es falsa, ¿por qué ningún medio occidental de prestigio se ha hecho eco de ello? ¿Por qué el Departamento de Estado de EEUU (reitero el argumento, ya que Allica lo “olvida”) piensa que el atentado fue islamista y que el juicio fue ejemplar? ¿Hasta esos extremos llega la larga mano de los omnipotentes conspiradores? Algo difícil de creer.
Y es que, señor Allica, como dicen que dijo aquella madre orgullosa: “qué no es listo ni nada mi Manolito, que todos en el desfile llevaban el paso cambiado menos él”

Dado que el señor Allica ha respondido extensamente a mi breve misiva, me permito abusar de su hospitalidad para, a mi vez, responderle. Dice el señor Allica que él no ha planteado ninguna teoría. No es verdad. Afirmar que “es absurda la versión oficial” plantea una teoría, que es precisamente la que yo describí en mi mensaje anterior: que existe una gran conspiración para tapar la verdad del 11-M. Es innegable que esto es una teoría, y es innegable que, si uno duda de la “versión oficial”, la única alternativa es postular dicha conspiración que el señor Allica no ve por ninguna parte en este diario. Porque, ¿qué otra posible explicación habría a que jueces y miembros de las fuerzas de seguridad mientan y sostengan hipótesis absurdas? ¿Qué otra posible explicación habría a que se “plantaran” pruebas falsas? No hay vuelta de hoja: o la “versión oficial” es sustancialmente cierta o ha habido una conspiración para ocultar la verdad (cuando menos). Así que en el remoto caso de que el señor Allica tuviera la razón, la conclusión de que estamos ante una gran conspiración es inescapable.
Y dado que postula una conspiración, la tesis de Allica es una teoría conspirativa, similar a las que nos dicen que hay un extraterrestre disecado en Roswell cuya existencia ocultan las autoridades, o que el 11-S es obra de la CIA.
Todas estas teorías tienen una serie de características comunes. La total ausencia de pruebas de lo que afirman no es la menor de ellas. Porque, como podrá constatarse fácilmente, el señor Allica no presenta ninguna prueba de lo que afirma, ninguna prueba que ponga en evidencia la conspiración que postula.
Su método es atacar las pruebas que sustentan la “versión oficial”, e intentar demostrar dialécticamente que dicha versión es absurda e imposible. Es, nuevamente, el mismo método que usan los ufólogos con Rockwell y los conspiracionistas del 11-S con las Torres Gemelas.
Los lectores estarán de acuerdo en que dicha conspiración sería, de existir, un suceso extraordinario, totalmente fuera de lo común. El gran divulgador de la ciencia Carl Sagan solía repetir una frase que se le ha atribuido apócrifamente: “las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”. Pues bien, estamos ante una afirmación extraordinaria que no tiene ninguna evidencia. Ni la más mínima. Nada apunta a la existencia de conspiradores ocultos que, en un esfuerzo jamás visto en la Historia de la Humanidad, falsificaron cientos o miles de pruebas, y lo hicieron de forma razonablemente consistente.
Porque el truco de invertir el argumento y tildar de conspiracionistas a quienes sostienen la “versión oficial” no es más que una trampa. Por supuesto que hubo una conspiración para cometer un atentado; la hay siempre que hay más de un implicado en el crimen. Pero cuando yo me refiero a una conspiración o a teorías conspirativas estoy hablando de conspiraciones ocultas. Porque eso es otra característica de las teorías conspirativas: postular la existencia de un poder tan grande que puede llevar a cabo una acción de esta magnitud al tiempo que permanece oculto y logra que la opinión pública se trague una mentira sobre dicha acción, fabricando pruebas falsas y comprando voluntades.
No, los jueces y miembros de las fuerzas de seguridad no son conspiracionistas. Ninguno de ellos plantea la existencia de ese poder oculto. Ninguno de ellos acusa sin pruebas. Ninguno de ellos duda de la capacidad del Estado de Derecho español para dilucidar la verdad.
Como rápido apunte, es interesante que Allica mezcle a jueces y policías con políticos. La opinión de los políticos, en este contexto, es irrelevante. En un Estado de Derecho, la verdad judicial la establecen los jueces.
Curiosamente, Allica me da implícitamente la razón cuando empieza a enumerar la cantidad de personas que debería estar involucrada en la conspiración que postula: los médicos forenses que, a pesar de lo que afirma Allica, sí realizaron las autopsias (hay ya tres sentencias judiciales que lo avalan), la perito de los Tedax, los peritos químicos de la Policía y la Guardia Civil, a quienes también acusa de mentir, los que hicieron las relaciones de llamadas telefónicas que considera falsificadas, los que alteran declaraciones para “homogeneizarlas”. Sólo con la relación de peritos que testificaron en el juicio a favor de la “versión oficial” ya llevaríamos decenas de policías y guardias civiles deshonestos, pertenecientes a las más variopintas unidades (es decir, sin más mando único que los propios directores generales de la Policía y la Guardia Civil) que han arriesgado su carrera y su libertad mintiendo bajo juramento. Pero el señor Allica no ha agotado la relación, ni mucho menos. También tuvieron que mentir los policías que encontraron la mochila de Vallecas, los que participaron en el cerco del piso de Leganés (incluyendo a varios de los GEO heridos en la operación, uno decuyos compañeros murió dunrante la misma) los Tedax que recogieron muestras en dicho piso, los policías que hallaron la Kangoo en Alcalá, el jefe de la Policía Científica de esa localidad, los que recibieron e inspeccionaron la furgoneta en Canillas, posiblemente quien la escoltó, la Guardia Civil de Tráfico que detuvo a El Chino en su viaje desde Asturias. Con esto ya llevamos cientos de policías, que además estaban en el lugar correcto en el momento correcto. Cientos de involucrados que no han dicho esta boca es mía en cuatro años. Además de cuando menos dos jueces de instrucción, la fiscalía de la Audiencia Nacional, la fiscalía del Tribunal Supremo, tres magistrados de la Audiencia Nacional (incluyendo el presidente de su sala penal) y el Tribunal Supremo (en dos ocasiones). Todo ello con el silencio y la complicidad del Consejo General del Poder Judicial y de la totalidad de la Policía y la Guardia Civil ninguno de cuyos elementos, insisto, ha dicho “esta boca es mía”. Porque el señor Allica confunde una discrepancia sobre un tema de protocolos (si deben enviarse o no ciertas muestras a la Policía Científica) con una declaración de que la versión oficial es falsa. Mal que le pese a Allica, ningún miembro de las las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (FCSE) ha confesado ante un juez su convicción de que la mochila de Vallecas es falsa, que se rompió su cadena de custodia, que se plantaron las pruebas de la Kangoo, que los “pelanas” de Leganés estaban muertos, etcétera. Nadie. No hay ni una sola investigación abierta. Las denuncias que se han presentado (todas ellas, por cierto, por particulares) han sido archivadas. Lo cual, por cierto, nos dice que esos jueces que han archivado las denuncias también tienen algún grado de complicidad.
Y esto es muy sorprendente. Porque si un aficionado como el señor Allica está totalmente persuadido de tales cosas, es un insulto a la inteligencia pensar que un policía o un juez profesional, de ser ciertas, no las vería. Y si las ve y no las denuncia, entonces es cómplice por encubrimiento del mayor crimen ataque terrorista de la historia moderna de España. Eso es, en resumen, lo que nos está diciendo el señor Allica: que las decenas de miles de miembros de las FCSE y los cientos de jueces españoles son cómplices de este atentado.
El señor Allica considera que esto, que, repito, no se ha visto jamás en la Historia, es verosímil. Lo que le parece inverosímil es que “un confidente de la Guardia Civil puso en contacto a unos marroquíes con un confidente del Cuerpo Nacional de Policía que fue quien les vendió los explosivos para que luego montaran las bombas con unos teléfonos móviles liberados en la tienda de un expolicía nacional”
Yo, francamente, no entiendo que hay de inverosímil en lo anterior. Uno puede tener prejuicios muy asentados sobre las cosas que pueden ocurrir y las que no pueden ocurrir, pero la fuerza de las pruebas empíricas es siempre superior a dichos prejuicios. En otras palabras, si cientos o miles de pruebas dicen que esto que le parece inverosímil a Allica ocurrió, entonces no queda más remedio que concluir que no era tan inverosímil, que ocurrió realmente. En este sentido, el citado Carl Sagan hablaba de un científico ruso que le dijo: "¿qué probabilidad asignaría usted a que la primera bomba alemana sobre Leningrado matara al único elefante del zoo de dicha ciudad? Pues así ocurrió, doctor Sagan." Ante la fuerza de los hechos, cualquier cálculo, deducción o planteamiento teórico tiene que rendirse.
Contrastemos esto con la absoluta seguridad con la que Allica postula la corrupción de los jueces y policías españoles, sin, como hemos dicho, tener pruebas tangibles de ello.
Esto, en psicología, se llama sesgo cognitivo: rechazar toda la evidencia que esté en desacuerdo con nuestra idea preconcebida y, en cambio, darle una importancia desorbitada a la que parece confirmar dicha idea. Así, una discrepancia sobre un protocolo policial se convierte en un asunto de vida o muerte, mientras que los testimonios de decenas de peritos se descartan sin más. Esto por no mencionar que el señor perito al que cita tan admirativamente Allica ha sido recientemente criticado por un tribunal (otro más, éste de la Audiencia de Madrid), en el famoso caso del bórico: “Manuel Escribano Escudero genera no pocas suspicacias…”, “se trata de una mera especulación sin una base científica”.
Pero a todo esto, ¿qué autoridad tiene el señor Allica para poner en solfa las opiniones de peritos expertos? ¿Es acaso médico forense? ¿Sabe cómo se hace una autopsia con valor judicial? ¿Cuántas autopsias judiciales ha llevado a cabo? ¿Es experto en explosivos? ¿Es químico analítico? ¿Cuántos análisis ha realizado?
No conozco las credenciales profesionales del señor Allica, pero sus manifestaciones me llevan a pensar que no es un experto. Los verdaderos expertos dejaron claro que, cuando se produjo la explosión de Leganés, las personas que estaban en el piso estaban vivas. Esto lo puede saber un forense examinando si las heridas producidas por la explosión sangran o no. Por tanto, datar la muerte es absurdo; se sabe perfectamente cuándo ocurrió. Lo vimos todos. En cuanto a que no se hicieron autopsias, tenemos ya tres resoluciones judiciales (dos del Supremo y la sentencia de la Audiencia Nacional) que desmienten tal extremo. El conspiracionismo ha llegado a los extremos absurdos de exigir que se abriera el tórax a un individuo del que lo único que quedaba era un pedazo de cabeza. Allica no nos explica por qué le parece absurdo que la sangre se volatilice durante una explosión, que es, recordemos, una combustión violenta que llega a alcanzar temperaturas considerables. Lo de la sangre en las paredes es uno de los mayores despropósitos del conspiracionismo. Buscan sangre en paredes y se preguntan por qué no la encuentran. Se olvidan de que la explosión fue tan potente que, esencialmente, dejó al piso sin paredes. Así que yo les recomendaría que para buscar sangre en las paredes, primero encontraran éstas.
Pasemos al tema de los explosivos. Dice el señor Allica que la contaminación es imposible. Otro dogma de fe, y otra muestra de su falta de conocimiento. Cualquier químico analítico le dirá que las contaminaciones de las muestras son el pan nuestro de cada día. Esos guantes que usa la Policía Científica tienen su razón de ser. Que hubo contaminación es un hecho. Lo sabemos porque una muestra indubitada de Goma 2 ECO presentaba compuestos que, en principio, no forman parte de la Goma 2 ECO. Por tanto, es imposible negar la contaminación. Ésta ocurrió. Nuevamente, la fuerza de los hechos tiene que triunfar sobre los prejuicios. Ahora bien, ¿cómo ocurrió dicha contaminación? No lo sabemos. Como, me asegura un químico, no se sabe casi nunca, una vez que la contaminación es detectada. Hay cientos de fuentes potenciales de contaminación: el proceso de fabricación, los distintos almacenamientos, incluso los instrumentos y recipientes del laboratorio. Allica hace burla de una teoría específica sobre la contaminación, pero lo cierto es que no pasa de ser una teoría. ¿Quiere esto decir, como pretenden los conspiracionistas, que la contaminación fue intencional? Gómez Bermúdez preguntó a los ocho peritos si pensaban que tal contaminación podría haber ocurrido por acción humana. La respuesta fue unánime (como dice Allica, clara y contundente): No. Esto es lo importante: la contaminación ocurrió y no fue intencional.
Como esto podemos seguir hablando de las “alteraciones” (atribuibles perfectamente a errores) de los registros telefónicos, y de la “homogeneización” de declaraciones, que es directamente inexistente, pues cualquiera que lea el Auto de Procesamiento se dará cuenta de que existen las discrepancias naturales, atribuibles a fallos de memoria. Recordemos, además, que varios de los declarantes comparecieron en la vista oral y ratificaron sus declaraciones, con lo que cualquier intento de “homogeneizar” dichas declaraciones en el auto de procesamiento sería absurdo. Doblemente absurdo porque en la vista oral el documento de referencia no es el auto, sino el sumario. Todo ello, al parecer, lo ignora el señor Allica.
Y como esto, podemos refutar todas y cada una de las afirmaciones conspiracionistas. Lo hemos hecho en la Web de Desiertos Lejanos (www.desiertoslejanos.com), con la inapreciable ayuda de expertos en Derecho, Química Analítica, Explosivos, Medicina, Telefonía y otras disciplinas, además del sentido común de una gran comunidad de personas racionales.
Cierro esta larga respuesta con un interrogante: si es tan obvio que la “versión oficial” es falsa, ¿por qué ningún medio occidental de prestigio se ha hecho eco de ello? ¿Por qué el Departamento de Estado de EEUU (reitero el argumento, ya que Allica lo “olvida”) piensa que el atentado fue islamista y que el juicio fue ejemplar? ¿Hasta esos extremos llega la larga mano de los omnipotentes conspiradores? Algo difícil de creer.
Y es que, señor Allica, como dicen que dijo aquella madre orgullosa: “qué no es listo ni nada mi Manolito, que todos en el desfile llevaban el paso cambiado menos él”
[A los creyentes] les competerá difundir lo que otros han acuñado; ya que ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree.
